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4 de septiembre de 2026

"Así escuché"-Segunda parte

(The Aryan Path, marzo 1930).

En un chela teosófico, el registro de vida es testimonio de su salud. Lo lleva en la mente y se refleja con el cuerpo; por ende, la buena condición física es requisito ineludible del discipulado.

Poco se dice o escribe sobre el tema, y abundan las ficciones. Son populares los "remedios milagrosos" o "estrategias" de curas contra dolencias, mas la verdad y los hechos suelen permanecer ocultos para optimistas y pesimistas.

¿Cuál es el origen inmaterial de la salud física? Es la percepción del Alma de que el Universo es un todo rítmico. Cuando la mente vislumbra el concierto que subyace en la Naturaleza, le refleja y aparecen el orden y método, los factores imprescindibles del ritmo. Así, la salud corpórea se manifiesta cadenciosa en sus hábitos sistemáticos y trabajo ordenado.

La visión de Unidad en la Naturaleza no surge por casualidad ni "regalo de Dios", sino constituye el resultado de tu trabajo, y nadie puede arrebatártelo. El esfuerzo consiste en preparar nuestra mente para recibir la gracia que surge del interior, el Alma o Dios creativo, superior a devas o ángeles, y dicho empeño se convierte en tarea sagrada cuando comprendemos que los Gurus-Gnyanis se interesan por él. De este modo, Alma y Conocimiento siempre fracasan si no hay unísono entre ellos, pero sí triunfa el Conocimiento del Alma, proveniente de verdaderos Sabios o Mentes Iluminadas.

En muchas partes oímos que "la humanidad sufre el pecado de separación", aludiendo a su cariz negativo, pero escuchemos ahora su contrario: el Macrocosmos y Microcosmos son uno y lo mismo, como enseña el Advaita.

La Naturaleza y el ser humano se conciben y analizan cuales entidades separadas, al modo dualista o dvaita. Algunos, que llamamos científicos, se preocupan de lo externo y tratan de resolver el enigma del Universo observando sus fenómenos materiales. Otros, de temperamento introspectivo o ascetas que descuidan lo físico, se centran en sí mismos y dicen lograr el conocimiento del Todo mediante contemplación del propio Espíritu. No obstante, el método real consiste en la integración de ambos, y ello determina al verdadero filósofo.

Los criterios de analogía y correspondencia son claves que permiten al pensador encarar el Gran Misterio. Ambos derivan de la Unidad Natural, explicando su orden y funcionamiento. Las palabras eternas del Oráculo en Delfos "Hombre, conócete a ti mismo" resuenan en la inmensidad del Espacio, y se nos imprimen cuando estamos dispuestos a escuchar la Voz de la Gran Naturaleza o Daiviprakriti. Toda persona debiera estudiarse a sí misma, pero sin jamás separarse de la Vida Única, pues el Atman surge de Jiva-Atman y retoza en él.

El Macrocosmos y Microcosmos están unidos indisolublemente, a manera del océano y sus olas. Aquél se refleja en un ser humano, y el otro replica al Universo omnipresente e ilimitado. En cada individuo se focalizan todos los poderes que existen en el Gran Cosmos, donde a su vez residen todas las facultades del Absoluto Incognoscible.

La entidad humana es una con el Parabrahman Absoluto, siempre desconocido, y también con la Vida manifestada, el Verbum o Logos. Los perfectamente sanos son quienes autoconocen esta verdad y ejemplifican la frase "Aham eva Parabrahman" ("Yo soy verdaderamente el Brahman Supremo"). A nosotros, que no somos perfectos, nos dicen "Tat Tvam Asi" ("Tú eres Aquéllo"), y al oírlo, intentamos comprender su significado.

En la escuela pitagórica, el protocolo de bienvenida era decir "salud", que incluía todas las bendiciones humanas, y la misma idea estaba circunscrita en el pentagrama que utilizaron como contraseña. Algunos estudiantes daban al Cuaternión, su juramento más solemne, el nombre "Comienzo de Salud" porque eran teósofos, preparándose para recibir y cultivar salud perfecta, albor de la paz íntegra.

Escucha: ''El Uno es Padre del Cuerpo, Alma y Espíritu; los tres no provienen de Aquél, sino están en el Uno. En ellos el Uno está siempre oculto; por lo tanto, presta atención al cuádruple ऑ".

Çravaka


"La filosofía hermética sostenía que el hombre es una copia del Universo mayor; somos pequeños universos regidos por las mismas leyes superiores, y en proporciones reducidas develamos todas esas normas en acción, aunque limitadas en el tiempo o su alcance. Esta es la regla a que adhiere H.P. Blavatsky y se encuentra presente en todos los antiguos Misterios e iniciaciones" (W.Q. Judge).
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El habla descontrolada

(The Aryan Path, julio 1930).

[B.M. es un asiático que vive en nuestra era según los métodos de su tierra originaria, y nos sentimos afortunados de obtener algunos informes sobre sus conversaciones con amigos íntimos. El Bhagavad-Gita es la obra que ha dominado a través de largos años de estudio y meditación, pero además sus escritos exhalan una fragancia curiosa, habiendo vivido de acuerdo con sus pautas y de modo más exitoso de lo que es posible normalmente. Los documentos fueron traducidos del idioma vernáculo, y debe entenderse que no son traducciones literales, por cuanto el transcriptor se adhiere más a ideas y principios que palabras. Aunque B.M. conoce el inglés, su inspiración se ve obstaculizada al emplear ese medio, por lo que prefiere no usarlo, e igualmente creemos que nuestros lectores encontrarán verdadero aflato en esta serie.-Editores].

"Entre los sabios del conocimiento secreto, yo soy su silencio" (Bhagavad-Gita, X, 38).

En el décimo capítulo del Gita, Krishna describe sus poderes y excelencias, o vibhutis. El parsi encontrará una descripción similar en su Ahuramazda Yasht, comprobando que este dios e Ishwara son nombres de la misma fuerza o Poder Omnipresente que llamamos Deidad.

Entre esos rasgos sublimes, los Mahatmas nombran al silencio. Los sabios se mantienen callados sobre muchos aspectos, y el discurso necesario es provisto únicamente por Grandes Almas. El habla es un poder creativo cuya influencia se extiende más de lo que pensamos, y quienes principian a recorrer el Sendero de la Santidad deben controlar la lengua purificando sus alocuciones. No sólo descartan palabras groseras y rabiosas, sino también aquellas innecesarias (1). El joven chela es conocido como shravaka u oyente, e incluso Pitágoras -instruido por gurúes arios- introdujo la misma categoría en su escuela de Crotona. La sociedad moderna opera principalmente con el habla, pero el arte conversacional ha degenerado mucho y el diálogo inútil está a la orden del día. Como es de esperar, un intercambio tan ocioso pronto se convierte en chisme, y la barbarie trastorna a hombres y mujeres amables. El hecho de matar la reputación, el nombre justo o carácter de otro es una crueldad mayor que destruir o atentar contra su cuerpo.

[(1) Sin duda este ideal es factible, pero antes hay que eliminar basura psicoideológica muy dañina. Véase "El peligro de la moderación falsa y tóxica en Teosofía"].

La ciencia corrobora que el discurso es creativo y las palabras tienen poder. Quienes observan los efectos de sonidos en la aparición de patrones geométricos sobre arena fina, saben de qué modo ciertas frecuencias generan otras hechuras e influjos en sustancias como el éter. Las palabras que pronunciamos comportan emociones y pensamientos, y es coherente deducir que la potencia vocálica es enorme.

A menudo olvidamos los perjuicios causados por nuestra charla, pues nos permitimos conversar e incluso chismear de manera irreflexiva. Todos conocemos individuos que hablan con estilo holgado y abominable sobre un propósito establecido, y se entregan a rumorear deliberadamente, aunque por fortuna el número de tales personas no es grande. La mayoría se expresa mediante injurias, y pagamos este desliz a través de influencias degradantes en el carácter. Una persona de hablar grosero, el cotilleo inconsciente, un pequeño conversador u otro de tienda, al igual que un muni silencioso, llevan todos marcas de hábito e indulgencia en sus roles.

¿Qué es necesario para ennoblecer nuestros personajes, purificar la conducta y realizar actos benéficos? Todos los grandes sabios enseñan a practicar mortificación y austeridades del habla, y conociendo el vínculo entre ideas y palabras ("alma" y "cuerpo" de conformidad), sugieren que protejamos nuestros pensamientos internos. Toda religión impone a sus fieles la tarea de leer y repetir las Escrituras que incluyen pasajes gloriosos, pero no se observa el mandato en las nuevas generaciones, o lo hacen de forma casual, ciega e incomprendida, convirtiéndola en una simple parodia. Son inútiles los ruegos murmurados sin conciencia plena; leer las Sagradas Escrituras con atención y ponderar sus enseñanzas elevan nuestra conciencia para producir un estudio silencioso respecto a los acontecimientos de la vida.

Ninguna persona puede ver claramente sin reflexión, y nadie actúa dignamente sin elevar sus ideas. En medio de circunstancias estresantes, tampoco habrá progresos si no hay pensamientos nobles en horas tranquilas. Por lo tanto, es crucial mantener a diario la compañía favorable de asertos inspiradores y potentes. El discurso gentil, veraz y amistoso eclosiona al recitar las grandes palabras del Gita, los Upanishads, el Dhammapada, Suttanipata, los Gathas y Yashats, el Tao-Teh King, el Sermón del Monte y La Voz del Silencio, esa joya invaluable para todos los aspirantes a la vida superior.

Todos los días debemos practicar silencio y control del habla; la Madre Naturaleza tiene canciones para el oído del Alma, y no las escuchamos porque nuestra mente, con su memoria y atención, está comprometida con quimeras sensoriales o corpóreas. Antes que comiencen las actividades del día o después de terminarlas, permaneced en silencio acallando ruidos psíquicos, y repetid alguna idea memorizada o dicha por un guía espiritual, fijándoos en ella. Durante el ajetreo mundano es imperativo aprender a callarse, y habrá éxito gradual aunque el empeño sea difícil.

Asimismo, se recomienda anhelar compañía de personas santas. El Sat-Sang o "buen afecto" es un requisito de la vida espiritual, pues el progreso genuino aparece compartiendo con almas de ideas afines, y nunca en soledad permanente. La armonía entre buscadores místicos y lumbreras ofrece la instancia de emitir palabras pulcras, y cada vez que esto sucede, desplegamos el poder de vocalizarlas nuevamente ("alcanza el conocimiento y obtendrás el habla"), adquiriendo buenas cuotas de sabiduría positiva. En consecuencia se dice: "Aprende el valor de las palabras y expresiones de un hombre, y le conocerás. Cada individuo tiene una medida para todo, y esto lo expone inadvertidamente en su forma de hablar".

B.M.
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"Así escuché"

(The Aryan Path, enero 1930).

[Los artículos de Çravaka servirán para recordar a editores y audiencias que su objetivo principal es repetir fielmente para el mundo moderno las grandes verdades subsumidas en Registros Antiguos. Hoy se escribe tanto de "original" y con pretendida "autoexpresión", que en medio del clamor "novedoso" los cantos seráficos permanecen reprimidos. Una de nuestras labores consiste en aclarar que no es "denigrante" repetir hechos alusivos a la Ciencia del Alma, pues su estudio nos convence de que los antepasados sabían más y mejor que nosotros. Es una locura absoluta que en el siglo XX nos sintamos "superiores" no sólo a quienes continuaron el legado de Jesús, sino también a las lumbreras formadas por Platón, Pitágoras, Gautama, Lao Tzu o el Canto de Krishna. ¡En verdad, muchos creen que todos ellos fueron "necios"! La presente revista urge a despertar una apreciación cautelosa del pasado, con objeto de adaptar dichas certezas a la vida y sus condiciones modernas. Çravaka es un viejo teósofo que aprendió la virtud y el poder honrados que emanan de esta visión.-Editores].

"Así escuché", recitaban nuestros poetas védicos. Oyeron a los Rishis en el mundo del Espíritu, escribiendo para oídos y ojos carnales la Religión de Inmortalidad. En la filosofía de los Magos, el Universo se concibe a partir del Sonido, la propiedad primordial de Akasha. El Verbum cristiano corresponde al Aum ario, y Shabda Brahman es la Palabra hecha carne, donde el Universo palpita cual vocablo inmerso en el sonido.

Apolo tocaba su lira de siete cuerdas en banquetes divinos, mientras la flauta de Krishna nos llama a hacer conatos para lograr lo Indescriptible. Aquella voz en el corazón humano, como la música de las esferas, o el rugido de la bestia interior, estruendo de civilizaciones foráneas; todos los innumerables susurros y bullicios, ritmos y disonancias, no son sino testimonios de que el sonido es fundamento de todo lo que existe.

El lenguaje humano es superior al de los animales. En nuestra "civilización", la indulgencia desmedida provoca que millones se muestren peores que bestias en varios aspectos, pero sobre todo al hablar. En la vida espiritual, discurso y silencio se complementan. La propia charla ahoga todos los sonidos, pero escucha quien guarda verdadero silencio.

El habla purificada por sosiego se torna inteligente y piadosa; el egoísmo cotorrea, pero la discriminación nacida del conocimiento y pensamiento repite humildemente lo que la Sabiduría y actitud contemplativa enseñan o dominan. Por esto, la vida mística comienza con votos de silencio, y al neófito se le llama Çravaka (ऽरवक) u "oyente", el Akoustikos entre los griegos.

Nadie puede obligar a que otro escuche; sólo mediante voluntad propia ingresamos en el Sendero de la Vida Interior. Tal resolución hemos tomado algunos, aunque entristecidos por aquello que ahora se hace pasar por "astucia" y no es sino una forma de narcisismo. La sagacidad académica es engañosa, deviene sutilmente en pacatería y elabora artificios para charlas eternas que silencian nuestra Alma. El reconocimiento de una Divinidad interna calma las pasiones, cuyo suelo es el egoísmo. Y advierto: cuando éstas últimas se tranquilizan en cierta medida, comenzamos a oír bastantes sonidos, todos ellos perjudiciales.

Deseo compartir los frutos de mi silencio. No dejo de vincularme a las energías más profundas de mi naturaleza, y el miedo me invade ante la posibilidad de no hablar como simple auditor; pero cada paso implica riesgos, y el acto de darlo muestra si uno se ha fortalecido lo suficiente para evitar caídas.

Por eso repito lo que he oído, mas sin conocer la totalidad, porque cada persona tiene dos voces y una de ellas es falsa, como sucede en la Naturaleza. Los Poderosos también se dividen en dos clases y unos poseen lenguaje demoníaco. Hay ejércitos de hadas con versos seductivos, fantasmas o duendes de guisas peores que criminales, y espíritus traviesos que seducen con fantasías y olvidos.

La Voz del Silencio es el Alma de la Naturaleza, y su cariz autoconsciente corresponde a la Gran Logia de Maestros Masones, que moran en un Santuario no edificado por manos. Su hablar está movido por compasión y sacrificio, repartiendo siempre Su Palabra en el mundo. Escuché que somos capaces de auscultar cuando dejamos de percibir todos los demás sonidos.

Quisiera que otros compartan la sapiencia que atrae mi atención. Por ello, apruebo colaborar con estas y otras páginas, cuando el tiempo libre lo permita y surjan oportunidades. "El falso saber es rechazado entre los Sabios, y esparcido al viento por la Buena Ley. Su rueda gira para todos, humildes y orgullosos. La 'Doctrina del Ojo' es para la multitud; la del 'Corazón' se destina a sus elegidos. Los primeros alardean 'he aquí que lo sé"; los últimos, labriegos modestos, reconocen en voz baja: 'Así lo escuché'".

Çravaka
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