(NOTA: la totalidad de artículos estará disponible en breve).

3 de septiembre de 2026

La resolución correcta

(The Aryan Path, junio 1930).

[B.M. es un asiático que vive en nuestra era según los métodos de su tierra originaria, y nos sentimos afortunados de obtener algunos informes sobre sus conversaciones con amigos íntimos. El Bhagavad-Gita es la obra que ha dominado a través de largos años de estudio y meditación, pero además sus escritos exhalan una fragancia curiosa, habiendo vivido de acuerdo con sus pautas y de modo más exitoso de lo que es posible normalmente. Los documentos fueron traducidos del idioma vernáculo, y debe entenderse que no son traducciones literales, por cuanto el transcriptor se adhiere más a ideas y principios que palabras. Aunque B.M. conoce el inglés, su inspiración se ve obstaculizada al emplear ese medio, por lo que prefiere no usarlo, e igualmente creemos que nuestros lectores encontrarán verdadero aflato en esta serie.-Editores].

"Incluso si los más perversos me adoran con dedicación exclusiva, se han de considerar justos, porque disciernen apropiadamente" (Bhagavad-Gita, IX, 30).

Estos versos y otros similares en las diversas Escrituras han sido mal interpretados por sacerdotes y purohits en muchas épocas y contextos. Hoy toda religión se presenta al mundo por sus "reclamos superiores". El individuo genuinamente espiritual sabe que todos los credos son verdaderos en su raíz, y falsos como factores separados y separatistas.

El estudio de las religiones nos lleva a ponderar su cariz ecléctico, y en dicho trasfondo, el Gita es un libro mancomunador pues incluye a quienes "son concebidos por el útero del pecado". El extracto anterior no dice ni sugiere que "sólo deben considerarse justos un brahmín o Ario que juzgan correctamente", sino todos quienes "adoran" a Krishna. Pero el Señor del Misterio no ignora que diferentes personas siguen múltiples vías de adoración, y se refiere a ellos en este noveno discurso. También dice: "Yo soy Quien está asentado en los corazones de todos los seres" (X, 20), otra vez, englobando a aquéllos en malos caminos.

Es un axioma filosófico muy conocido que cada uno comprende el Universo según la calidad de nuestros sentidos, mente o corazón. El Cosmos resplandeciente no existe para los ciegos; las leyes esotéricas son inverosímiles ante un lunático, y lo bueno, bello o verdadero no cuentan entre individuos amargos, narcisistas y pendencieros. Así también somos capaces de absorber la naturaleza de Krishna, sólo con ayuda de ese Espíritu en nosotros que es Él mismo. Un verdadero cristiano lo llamará "espíritu del Buen Pastor", y a menos que aparezca en él, puede ser creyente sin problemas, pero nunca devoto. Un budista señalaría que "rinde homenaje" al Tathagata, mas si el fuego benigno no está encendido en su corazón, tampoco sigue con nobleza al Iluminado.

Krishna constituye el Ser que mora al interior de cada humano. La evolución espiritual principia por reconocer este hecho; podemos denominarle bajo nombres variopintos, o contemplarnos cuales "hijos de Ahura Mazda" y "sirvientes de Allah", aun cuando las etiquetas importan poco, y la realidad que representan significa todo.

Tal y como una idea es susceptible de expresarse en cualquier lengua mediante ideografías pictóricas y simbólicas, también el Espíritu es uno y el mismo en todos, aunque su resplandor difiere según el desarrollo particular. Hay gente de conductas nefarias en países y religiones, y para ellas se presenta aquí un método.

El primer paso es reverenciar al Sustentador que habita en el centro [chakra] cardíaco, es decir, hacernos dignos de vínculos con ello, siendo su objeto unirse a la Divinidad interna. En esencia somos espirituales, y el Gita nos exhorta a transferir esa índole al humano vivo, trabajador y sufriente. Estar unido al Ser Superior es Yoga, palabra sinónima con "adoración"; entonces, cualquier hombre o mujer juzgan y resuelven correctamente al decidir escuchar su conciencia, buscando la pequeña Voz de Dios en el corazón, y si experimentan fraternidad con Aquel Ser. Krishna no habla de "expiaciones vicarias", "cielos lejanos" ni esperanzas vacías, sino certezas para todos, siempre que nos esforcemos en las líneas correctas.

Al término del día, debiéramos analizar y corregir las descomposturas de nuestro ser inferior, lo cual lleva a una resolución acertada. De ese modo, la Gran Luz amanece en nuestra conciencia mientras repetimos las palabras de un Sabio: "Quien no capte nuestras verdades en su alma y dentro de sí, tiene pocas posibilidades de éxito en ocultismo".

B.M.
Donar

El flagelo de la inquietud

(The Aryan Path, febrero 1930).

[Marie Dugard es la célebre traductora al francés de las obras por Emerson, y autora de numerosos escritos originales. Hoy en plena tercera edad, tuvo una larga trayectoria docente en el Lycée Molière (París) donde formó a cientos de mujeres compatriotas. Sus amigos la describen a fuer de "espíritu raro y solitario" que se esfuerza por practicar lo que predica y admira en las enseñanzas de otros. Es enemiga de la hipocresía, y posee al mismo tiempo un ánimo tolerante y afectuoso que le hace mantener su pleno vigor intelectual. En este artículo expresa hondos sentimientos teosóficos, y nos complace tener su colaboración, estando aún inmersa en el servicio altruista y la filosofía desapegada hacia eventos e ideas.-Editores].

En la Revue des Deux Mondes, y analizando el espíritu literario, André Berge describe la "inquietud" entre sus principales características, y tiene toda la razón. Léanse las obras de escritores jóvenes, los títulos de libros publicados durante la última década (La juventud inquieta por Jean Hermelin, La inquietud humana, El alma inquieta, etc.), y veremos que el supradicho aspecto es un rasgo inequívoco de la mente actual.

Algunos dirán: "¿Por qué prestar atención a un fenómeno temporal? Es resultado de la guerra, una consecuencia inevitable del desorden y las dificultades materiales en que nuestro mundo se precipitó por la catástrofe de 1914; pero aguardemos el repunte económico, y la tranquilidad regresará por sí sola”. La explicación parece cierta, mas falla cuando se aborda in extenso. El mundo occidental no esperó hasta 1914 para trepidar con invasiones, cataclismos, insurgencias y la caída de imperios. En todas las eras, y particularmente el Romanticismo, hubo y habrá incertidumbre, esperanzas perdidas o angustias; pero incluso bajo épocas lúgubres, el espíritu de inquietud jamás estuvo tan repartido en la literatura como hoy.

Es menester subrayar que en el pasado los individuos siempre contaron con refugios morales contra las vicisitudes del destino. Criaturas de un día, y arrastradas por corrientes de fenómenos, tan pronto como despertaron a la vida consciente, aspiraron a lo perdurable y encontraron lugar en el Absoluto. Al principio estaba en el "Cielo"; por supuesto, no lo concibieron con muchas virtudes, y pasaron milenios antes que fuera accesible la idea sobre un Dios de Amor y Perfección, como el Padre de los Evangelios. La fe en una autoridad divina, cuya asistencia obteníamos en condiciones especiales, fue un baluarte moral sólido y ayudó a mantener cierta solaz psicológica. A pesar de ello, es bien conocida la historia espiritual de muchos personajes en Occidente. Al haber conectado de tropel al Absoluto con formas metafísicas obsoletas o teorías pseudocientíficas que el intelecto no podía admitir sin negarse a sí mismo, llegó un día en que perdieron su asidero y quedaron sin fe religiosa, o reducidas a una fórmula que estaba en su pensamiento cual caput mortum.

Entonces, con tal de satisfacer su instintiva e invencible necesidad de lo Absoluto, recurrieron a la ciencia. De esta nueva doncella que parecía omnipotente, lo esperaban todo: explicaciones a misterios del Universo, reglas organizadoras del mundo, y principios que ofrecieran paz y bonanza. La ciencia, decía Berthelot, "reivindica la dirección material, intelectual y valórica de la sociedad". Víctor Hugo pensaba lo mismo, al decir que la función de dicho campo consistía en mejorar la humanidad y hacerla feliz: "El ideal contemporáneo tiene su modelo en el arte, y sus medios los posee la ciencia. Mediante ésta última se hará realidad la belleza social, el sueño de los poetas. El Edén será creado de nuevo por A más B".

Sin embargo, los científicos rápidamente declinaron una tarea que estaba más allá de su poder. Lejos de aspirar a ser absolutos, racionalizar el Universo y gobernar la sociedad, alegaban que su oficio era sólo estudiar fenómenos, ya sea para definirlos y clasificarlos, o encontrar la relación de causas-efectos con miras a instituir leyes. Además, los sabios enseñaron que, exceptuando en matemáticas, las definiciones son mutables y los considerandos no incluían de ninguna manera lo Absoluto. "No son más que verdades fragmentarias y temporales, necesarias como pasos en que nos detenemos para progresar en la investigación", escribió Claude Bernard. "No representan más que el estado real de nuestro conocimiento, y deben modificarse de acuerdo con el desarrollo de la ciencia". Tan general es este carácter de la relatividad, que incluso en una disciplina exacta los matemáticos admiten que sus principios no son más que "convenciones" e implican valor relativo.

“¿Las leyes científicas siempre están sujetas a revisión? Pues bien, que así sea. Al menos, nadie puede negar que sus resultados permanecen firmes, crean seguridad e inspiran una confianza incuestionable en el progreso. En ausencia de 'Dios' y la verdad absoluta, es un consuelo presenciar el temple de nuestra civilización científica, con sus poderes benéficos cada vez mayores". Tal era el optimismo de muchos en los albores del siglo XX. Pero llegó la masacre, y entre ruinas ardientes, cañonazos y silbidos de proyectiles, escucharon la desalentadora sentencia: “Nosotras, las civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales”. Insistiendo en ello, Paul Valéry recordó que como Elam, Nínive y Babilonia son hoy palabras vagas y hermosas, puede llegar el momento en que Rusia, Francia y Gran Bretaña no sean más que nombres caducos: "(...) el abismo de la historia es lo suficientemente grande para todo el mundo. Sentimos que una civilización es tan frágil como una vida”.

¿No puede el ser humano depender de sí mismo? ¿No puede confiar en una conciencia interna o noción del deber, que en períodos difíciles era la fortaleza de almas estoicas? Por desgracia, la sociología y psicología también hicieron añicos esta salvaguardia. La primera sostiene que la ley moral, con su "imperativo categórico" que dio a Kant el sentimiento de lo eterno e inamovible, es una "creación lenta de las sociedades", siguiendo sus vericuetos y arrastradas mediante fuerzas de cambio. Por otro lado, en la personalidad consciente, la psicología no sólo descubre varios "seres superpuestos", sino además observa miles de fenómenos bizantinos: recuerdos indefinidos, ideas, sentimientos o deseos que manejan la voluntad individual, como espectáculos de marionetas dirigidas con hilos invisibles. Incapaz de aprehender su verdadera personalidad en medio de sus "yoes" heterogéneos y la multitud de sucesos en el abismo del inconsciente, el ciudadano se autocontempla cual serie de anhelos e inclinaciones, un torbellino de incoherencias donde no encuentra nada a lo que aferrarse.

A guisa de marineros que sin ancla, brújula ni piloto dejan el barco a la deriva, muchos académicos se rinden al subjetivismo ultramaterialista, negando otras realidades o sin saber cómo alcanzarlas. Se les puede aplicar un pasaje de Víctor Hugo: "Viven según el día, de un pensamiento a otro, sin ninguna regla trazada en lo profundo de su deseo (...). No se percibe un verdadero fundamento vital en la idea que siguen hoy. Y para sus corazones cansados, el amor no debe conocer amarguras, el pasado se desliga de raíces, y tampoco hay flores que embellezcan el futuro". Tal es el motivo de la inquietud que a menudo invade la literatura moderna.

Es penoso entender cómo algunos lo consideran una mera cuestión de "dificultades políticas o financieras", e incluso "modas" y "temperamentos": un nerviosismo casi esnobista que ve en la inquietud una especie de "sufrimiento aristocrático", decepciones literarias o sentimentales, la ruptura de hábitos hipercríticos o hipersinceros, etc. Obviamente, no pretendemos que ninguno de esos factores contribuya a la inquietud mental, pero son causas secundarias, cuya importancia, debido a la falta de realidades superiores, disminuye a medida que progresa en nosotros la intuición de lo Absoluto. La consecuencia de este diagnóstico erróneo se manifiesta en la publicidad de evasiones como fanatismos deportivos, viajes, la ausencia cursi de avidez, trabajos intensos y febriles, o la búsqueda de entretenimientos vacuos y comodidades materiales. De hecho, estos medios falaces representan "paz moral" a los ojos de millones, pero no les alivian la indiferencia, las excitaciones, los juegos, el trabajo extremo y la prisa por el dinero. Los modernos "advenedizos" descubren pronto que los automóviles a 180 kilómetros por hora, collares de perlas orientales y otros placeres efímeros no son consuelo para el alma. Claro que no les gusta mostrar decepciones y problemas internos; al contrario, se muestran tan seguros que engañan incluso a sus amigos. Hay momentos en que el silencio habla por ellos, y el observador detecta la máscara que se ponen para disimular su insatisfacción e imprudencia.

Contra semejante inquietud moderna, no existe otro camino que restaurar la idea de lo Absoluto. Y desde luego, es una tarea difícil. Respecto a quienes dudan de toda realidad, especialmente la metafísica, es necesario apelar a la facultad intuitiva que capta las cosas en sí mismas, o su esencia. Pero en la mayor parte del mundo occidental, el poder intuitivo siempre ha sido ignorado, si no abatido, en favor de un supuesto "mayor beneficio" del conocimiento intelectual. Tan completa es la victoria de uno a expensas del otro, y tan enfermo está el sentido de intuición, que creer en una Realidad suprasensible y asimilada directamente por el Alma parece a muchos un concepto "fantasioso" que raya en "locura mística".

El primer paso es mostrar a quienes rechazan lo Absoluto por temor a ser engañados a través de la "intuición" u otro término similar, que precisamente se desvían como consecuencia de este repudio. La Realidad carece de certidumbre y será todo espejismo verborreico mientras se perciba desde fuera, o sólo por vía del entendimiento, incluso basándonos en pruebas auténticas y expresado bajo cánones perfectos. Lo Inexpresable debe experimentarse a partir del interior, y no basta con penetrar intuitivamente hasta su núcleo: para conocerle, la persona tendrá que buscar su Esencia.

También es necesario convencer a las mentes modernas de que, si bien el conocimiento obtenido por métodos intuitivos no apunta a "toda la Realidad", es sin embargo, como explica Bergson, "absoluto" en el sentido de ser conocimiento de Aquéllo. Por supuesto, se trata de una idea limitada, pero nunca sinónima de "tornadiza". Una "sabiduría" voluble modifica la naturaleza de su objeto; la de clase limitada capta sólo una parte de él, sin sumar alteraciones. Evidentemente, nadie abarca la realidad o verdad totales -el Absoluto mismo-, cuya infinitud siempre estará fuera del alcance de nuestra mente, mas por la intuición puede probar su existencia, tener nociones directas y conocimiento absoluto en cierto sentido, ya que la mente coincide con su objeto. Este principio es base de todas las filosofías intuitivas cuando dicen que "conocer algo significa convertirse en ello de algún modo".

Por último, aunque no menos importante, la aprehensión del Absoluto está sujeta a condiciones especiales. Creer que podemos conocerle mientras se vive en esos pantanos donde jugamos con el conocimiento, el arte o la literatura, o preocupándonos por éxitos y desempachos materiales, sería como fingir ver el Sol cerrando los ojos. La Realidad se percibe sólo en proporción a la pureza conductual en quienes tratan de asimilarle.

Algunos reclamarán: "¿No estamos ahora, como observó Montagne, 'en la rueca'? ¿No estamos razonando en 'círculos'?" Es decir, que para disfrutar de paz mental, debemos regresar al Absoluto, y a fin de reencontrarlo es necesario poseer esta vida superior y tranquila que sólo proviene de Aquéllo. Teóricamente, el razonamiento parece incontestable. En realidad, no tiene más validez que la negativa de un convaleciente a caminar para recuperarse, alegando "no tener fuerzas". Lo que se sugiere no son intentos excesivos a las propias posibilidades, ni logros inmediatos en la búsqueda, sino dirigir nuestros pasos hacia el Absoluto.

El progreso puede ser lento, y las caídas, sucesivas. A menudo tendremos agobios, tal vez nunca antes experimentados, como la autocondena por desperdiciar voluntad y tiempo en la lucha por adquisiciones egoístas de relatividades, o arrepentimientos de no haber sido más capaces de hacer que la verdad intelectual y moral llegue a más instituciones. Pero no importa, pues tales penas son fructíferas. Al contemplar el Universo a la luz del Absoluto, percibiendo desde entonces la naturaleza o valía reales de los objetos, nuestra especie aprenderá a situar cada cosa en su instante, creando mayor armonía dentro y fuera de sí misma al renunciar a divisiones lucrativas. Y si alguien cae exhausto en el camino, antes de entrar en la Tierra Prometida, al menos estará seguro (a) de continuar el sendero que lleva a la Realidad Suprema. Basta con vivir y morir acompañados por una mente libre de toda inquietud.

Marie Dugard


"Partiendo sin mácula en el largo viaje, descendiendo más en la materia pecadora, y habiéndose relacionado con cada uno de los átomos del Espacio visible, el Peregrino (tras luchar y sufrir en cada una de las formas de vida y existencia), tan sólo en el fondo del valle de materia, y a la mitad de su ciclo, es cuando llega a identificarse con la humanidad colectiva, que fabricó según su propia imagen. A fin de obtener las alturas y llegar hasta su patria, ahora el 'Dios' tiene que recorrer el trayecto fatigoso y escarpado del Gólgota de la Vida. Es el martirio de la existencia consciente de sí misma. Como Vishvakarman, tiene que sacrificarse a sí mismo para redimir a todas las criaturas y resucitarles a la Vida Única. Entonces llega al cielo y reina incondicionalmente, sumido en la incomprensible Existencia y Bienaventuranza absolutas del Paranirvana; desde ahí volverá a descender en el próximo 'advenimiento' que espera un sector de la humanidad, según su letra muerta (...) y otro como el último Avatar Kalki" (H.P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, vol. 1, p. 268).
Donar

El mundo invisible

(The Aryan Path, febrero 1930).

["Ocultus" es un estudiante de la doctrina teosófica, y sus textos breves poseen un rasgo casi terapéutico.-Editores].

Lo que resulta cierto de los mundos descubiertos por microscopios y telescopios, es igualmente verdadero acerca del Ocultismo. El universo de lo diminuto interpenetra el reino de la visión ordinaria, mientras las infinitudes del espacio albergan Raja-Soles (1) cuya existencia comienza a sugerir la astrofotografía. No existen ángulos -ni con el ancho de un dedo- que comporten "espacio vacío" en el Todo Ilimitado, y sin embargo nuestros ojos carnales ven más vacuidad que plenitud. Los universos atómico y estelar no son áreas geográficas distintas, aunque semejante ilusión desvía a las mentes incultas. Los regentes siderales guían universos microscópicos, y las unidades atómicas permanecen rodeadas de cosmos estelares.

(1) [N.del T.: Término referido por el Maestro Koot-Hoomi que designa a una estrella mayor o "parental". Según él, hay una detrás de Júpiter que "nadie ha visto en el curso de esta [Cuarta] Ronda evolutiva", e incluso aparecería bajo la forma de un "punto adimensional" ante los instrumentos actuales, si bien "miles de veces más grande" que ese planeta (Cartas Mahatma para Alfred Sinnett, n° 23-B)].

La existencia de lo diminuto era insospechada, hasta que Anton van Leeuwenhoek perfeccionó el microscopio. Y al igual que este caso, también existen ámbitos ocultos sin que muchos sean capaces de deducirlos en nuestra era científica.

Todo aspirante a la vida mística conoce la prescripción de "abandonar este mundo" y seguir el esoterismo, pero esto suele confundirse con escapes al Himalaya, vivir en grutas de Saptaparna, el Tíbet o Tartaria, descritos por la literatura como "centros ocultos". De ahí surgen múltiples errores que implican no sólo la pérdida de un tiempo precioso, sino además el desperdicio de oportunidades benéficas.

El Mundo Oculto es coadunativo -no consustancial- con el reino humano. No se distancia de lugares repletos por personas; se interpenetra en el mercado o las vías de tránsito, donde las mentes utilizan su ingenio, u hombres y mujeres ríen y lloran, o forman hogares criando descendencia. No necesitamos ir a desiertos para usar microscopios, ni viajar hasta la selva a fin de contactar con el Mundo Oculto.

Es este mundo imperfecto lo que presenta el camino al esoterismo. La gente común no tiene idea de su existencia, y las supersticiones le arrastran a fantasías vanidosas o artes diabólicas, en el peor de los contextos. Todo candidato al Mundo Oculto tiene que aprender a desgarrar el velo mayávico que todo lo envuelve, incluido dicho Sendero. La ignorancia e ilusión (avidya y maya) son hermanas gemelas, y sólo se superan mediante un conocimiento correcto; así, los reales interesados deben modificar su raciocinio y adquirir una actitud de impersonalidad. El estudio de principios metafísicos y filosóficos limpia nuestra mente, y la despoja -incluso por breves períodos- de consideraciones personales materialistas, abriéndonos al entendimiento pleno de verdades universales, y ayuda a vernos como parte de un Todo. Al pasar el tiempo, ello genera el impulso de "tomar las riendas" con objeto de que desaparezca el "humano grotesco", dando sitio paulatino al brillo del Espíritu. Si alguien continúa este curso con sinceridad, oirá dentro de su corazón: “Busca la Sabiduría Esotérica en el conocimiento exotérico, si quieres ahondar en el núcleo escondido y los estados anímicos de la gente”.

No hay una línea fronteriza entre saberes esotéricos y exotéricos, porque los primeros están consagrados mediante el segundo tipo. Si los hechos de ciencia forman conocimientos particulares, el quehacer filosófico es su mente y la Teosofía su alma. Dentro de ésta última se halla el Espíritu, ajeno para la mayoría, pero nunca incognoscible. Las pesquisas formales o académicas necesitan principalmente el uso de sentidos corpóreos, y la actividad mental predomina si vamos del plano científico al filosófico. Si la Teosofía se aplica de modo justo al vivir cotidiano, entonces el corazón sustituye ambas posturas (nótese que esto no es el emocionalismo que finge "devoción" y "fraternidad" en ciertos grupos "teosóficos" o "espirituales", donde se activa únicamente el plexo solar). Completando dicho proceso, emerge el punto de vista universal cuando las enseñanzas teosóficas externas dan paso a lo esotérico, y percibimos sus fundamentos bajo un autoexamen del yo inferior a la luz del Ser Supremo y los Paramitas.

Cada principio de Teosofía esclarece las mentes pensativas y dinamiza voluntades creadoras. Se comprenden todos los problemas de la vida y la muerte, de átomos y universos, ya que nuestro intelecto se ve asistido por la Sabiduría exotérica acumulada por una gran familia de Iniciados. Sin embargo, con este agílibus no podemos dominar los procesos de la Naturaleza; reconocemos sus facultades heterogéneas, pero no sabemos cómo utilizarlas ni elevarnos sobre ella, y esto se consigue una vez despierta la volición creativa, gracias a la ciencia esotérica. Aquí entramos realmente en el Mundo Oculto, donde los Inmortales esperan, observan y bendicen, siempre apoyando el esfuerzo de individuos honestos.

Por lo tanto, el seguidor de Teosofía debe aprender a leer entre líneas y al interior de las palabras de doctrinas exotéricas. Tenemos significados y aplicaciones disponibles en ideas tales como reencarnación, ciclos, karma/yagna, nacimiento/muerte, Kama-loka/Devachan, o Avitchi/Nirvana, entre otras. El estudiante perspicaz e intuitivo profundiza en yacimientos de términos, frases y aforismos, absorbiendo trasfondos ocultos de verdades ordinarias que son casi incomunicables. Dice un poema:

"No hay lirios que apaguen
los zumbidos de abejas en verano,
y aun encuentran eco
en el giro de las estrellas".

Nunca percibiremos la música de esferas distantes si no prestamos atención al canto de las aves, y tampoco seremos libres al cometer suicidio. Nacer en el Mundo Oculto no implica una muerte, sino vivir de modo superior en este planeta que lo lleva dentro.

Ocultus
Donar

Tres tipos de lectura

(The Aryan Path, febrero 1930).

[T. Chitnavis es un pedagogo nato, además de observador silencioso y atento de cómo se educa a los jóvenes y se autoenseñan los adultos. También estudia Teosofía de manera entusiasta, y conoce muchas partes del mundo. En ambos campos se autoenergiza y practica consigo mismo, antes de sugerir cursos de acción a otros. Con cierta dificultad se le ha convencido de escribir, y esperamos que repita sus autorías casuales.-Editores].

Los diversos significados que el Webster's Dictionary otorga al verbo "leer" insinúan que la lectura puede comportar varias clases, desde el mero acto de repasar caracteres en voz alta o de forma inaudible, hasta la cualidad de poseer pleno conocimiento y comprensión del tema que se trate. Una persona sabe leer cuando reconoce y convierte a sonidos las letras del alfabeto; otros individuos leen la vida cuando observan y captan sus manifestaciones variopintas -al menos en cierto nivel-, y un sujeto culto exhibe rasgos de erudición. Por lo tanto, es evidente que las múltiples formas de lectura están conectadas con y atañen a diferentes principios de la constitución humana, y deben aportarles alimento o veneno. Como ilustración de lo anterior, en este artículo describiremos tres modos de lectura.

01) La idea casi omnipresente y sobre todo en el "Occidente lujurioso, egoísta, brutal y amante del dinero" -según lo describió William Judge-, es leer con ayuda de la vista y el cerebro, lo más rápidamente posible, para descubrir de qué se trata algún tópico y rememorar el contenido. Nuestra materia gris recopila hechos e imágenes, mas durante el proceso no hay acción-pensamiento reales; en el mejor de los casos, las emociones se conmueven o avientan, y lo que puede semejar "pensamiento" no es más que cerebración mecánica. De hecho, aquí podríamos estar de acuerdo con el materialista respecto a que el pensamiento es "producto del cerebro". Para nosotros, esto nunca constituye reflexión verdadera, pues valoramos otras instancias donde el principio energético es independiente del cerebro y simplemente lo utiliza como instrumento, cual escritor que emplea su lápiz o máquina.

Para aclarar nuestro punto, consideremos las "tareas de lectura" extraescolares, en establecimientos secundarios norteamericanos. Allí, en casi todas las ramas -y principalmente literatura e historia-, los estudiantes reciben listas de libros y componen informes o resúmenes de cada uno. Los profesores vigilan que aquéllos lean todas las obras en cada trimestre, animándolos a "devorar" la mayor cantidad en menor tiempo. No criticamos el motivo principal del método, ya que su objeto es acercar la juventud a los autores clásicos con miras a inculcar gusto y apreciación por la buena literatura. Sin embargo, si esto se cumple entre lectores natos que disfrutan cultivando amistad con los libros, y en menor medida para educandos obedientes y honestos, resulta peor que inútil a propósito de jóvenes mentalmente flojos o pasivos. Los alumnos leen tan rápido como pueden, saltándose en ocasiones párrafos densos que exigen esfuerzo considerable -abordando descripciones, análisis, ideas abstractas, etc.-, y se detienen de vez en cuando para anotar frases y extractos, copiando tantas palabras como sea necesario a efectos de crear la reseña. Los maestros, por su parte, se ven desbordados con trabajos y los revisan superficialmente, sintiéndose "satisfechos" al ver que los chicos entregan sus tareas. Se suele premiar a quienes leen más, pero sin saber cuánto conocimiento retuvieron o asimilaron. ¡Es muy digno de elogio que terminen la cantidad necesaria de libros para cada asignatura!

Un método parecido se suele encontrar en círculos literarios y sociales, al objeto de "mantenernos al día" con publicaciones modernas, cuyo número siempre aumenta. Como nuestras vidas están repletas de actividades y obligaciones, resulta imposible digerir la literatura, y lo único que conseguimos es fortalecer la manía para deambular de un asunto a otro. Lejos de aprender el arte de fijar la mente en un tema hasta dominarlo, pasamos cambiando de libros cuales mariposas en viaje incesante.

Para las personas promedio, "educación" y "cultura" significan recopilar hechos, nombres o cifras, y la familiaridad cerebral con conocimientos objetivos o concretos; ende, se auspicia sólo lectura mecánica, un proceso material que amplía "saberes" muchas veces inútiles o propensos al olvido.

02) La lectura intelectual es muy distinta, pues requiere emplear la mente, superior al instrumento o vehículo cerebral. Es el esfuerzo deliberado para conectar con el tema, es decir, las ideas escondidas en palabras impresas, y almacenar conocimiento abstracto. Mientras el tipo 01 ensancha el saber material sin refinar nuestra mente, lo que ahora describimos propicia la concentración y agudeza psicológica, haciéndonos más atentos al incrementar su actividad directa.

En primer lugar es necesario leer lenta y cuidadosamente, no sólo utilizando la vista física que transmite palabras al encéfalo como impresiones externas, sino mediante brío intelectual para transformar esos signos en pensamientos e ideas, que luego alcanzarán nuestro principio pensante; y después, detenerse con frecuencia estableciendo el significado de lo leído. La lectura mental implica comprender ideas, y esto es posible sólo despejando la mente de todo pensamiento o idea extraños. En el proceso mecánico (n° 01), donde el cerebro absorbe palabras, la mente puede estar ocupada con problemas ajenos, y semejante desconexión produce incapacidad de comprender textos. Si analizamos los pensamientos que alejan nuestro enfoque de las palabras impresas, descubrimos que se adhieren a cosas donde ponemos nuestros deseos; así, es fundamental desapegarnos de sentimientos foráneos con tal de liberar a la razón. ¿Quién no ha experimentado parálisis mental por estar deprimido o exaltado con emociones previas? A no ser que dicha revuelta interior se calme, es imposible que nuestra mente se vincule con las de otros autores y capte sus pensamientos.

También se desarrolla aquí un factor moral: el control sobre nuestros gustos y aversiones. Cuanto más puro y tranquilo sea el nivel emocional, mejor centraremos el intelecto en el proceder de lectura.

03) La modalidad espiritual o dinámica necesita un esfuerzo todavía mayor. No sólo debemos comprender las expresiones de autores, sino además ponderar sus ideas discerniendo lo verdadero/falso, o práctico/infructífero para nuestra naturaleza mística; aquí tenemos la acción del Alma misma, en sincronía con sus instrumentos que son mente y cerebro. La lectura bosquejada en el punto 02 enriquece la mente, pero a menos que se intente absorber lo comprendido, este alimento no puede integrarse en la estructura del Ser Interno, ni agudizar su percepción ética. El Alma "apunta" lo que recopila la mente, especifica su utilidad e incorpora esto a su acervo intemporal. Hay que reflexionar seria y deliberadamente en el contenido, y el lector aprende a tomar pausas indagando sobre el valor de pensamientos e ideas. Después, lo que el Alma acepta debe ser memorizado.

Esto jamás involucra "recordar palabras del autor", sino retener el verdadero quid de sus cogitaciones, plantándolo en nuestro jardín interior con tal de que arraigue y crezca. Toda reflexión verdadera es una simiente que puede adornar con la belleza y fragancia de sus flores los rincones oscuros y estériles que llevamos dentro. No basta con "aceptar" o "rechazar" tras discurrir en un tema, incluso luego de una evaluación espiritual; lo que decidimos integrar debe desarrollarse aún más a través de nuestros empeños. Así, pensamientos e ideas pasan a ser energías dinámicas que dan fuerza y poder al Alma, irradiando luz en el ojo mental y la piedad del centro cardíaco.

Cultivemos entonces la lectura espiritual, y aprendamos a vigorizar las ideas que transmiten los libros, forjándolas en el bastión del Alma para convertirles en frutos provechosos, sean individuales o colectivos. Si hemos de aminorar nuestra constante prisa, recordemos a un Maestro: "El conocimiento para la mente -como los alimentos corporales- está destinado a nutrir y ayudar al crecimiento, pero requiere una buena digestión, y cuanto más completa y consciente, mejor será para el cuerpo e intelecto".

T. Chitnavis
Donar

¿Nos haremos dignos del Espíritu?

(The Aryan Path, abril 1930).

[B.M. es un asiático que vive en nuestra era según los métodos de su tierra originaria, y nos sentimos afortunados de obtener algunos informes sobre sus conversaciones con amigos íntimos. El Bhagavad-Gita es la obra que ha dominado a través de largos años de estudio y meditación, pero además sus escritos exhalan una fragancia curiosa, habiendo vivido de acuerdo con sus pautas y de modo más exitoso de lo que es posible normalmente. Los documentos fueron traducidos del idioma vernáculo, y debe entenderse que no son traducciones literales, por cuanto el transcriptor se adhiere más a ideas y principios que palabras. Aunque B.M. conoce el inglés, su inspiración se ve obstaculizada al emplear ese medio, por lo que prefiere no usarlo, e igualmente creemos que nuestros lectores encontrarán verdadero aflato en esta serie.-Editores].

"Al purificar el corazón, los devotos leales actúan con sus sentidos, cuerpos, mentes y comprensión, dejando todo interés propio" (Bhagavad-Gita, V, 11).

India rebalsa de flojos que se autoproclaman "sannyasis", y son aceptados como tales. No sólo desmejoran la economía de este ya pobre país, sino también constituyen una plaga al explotar la devoción de millones de aldeanos, especialmente las mujeres. Son siluetas falsas y transitorias, aunque débiles indicadores de los rarísimos Sannyasis e Hijos de la Luz. A estos individuos les saludamos con un sincero "¡namasté!"

El Gita es un libro de reglas y conducta para el Sannyasi real. Su quinto discurso se llama Sannyasa-Yoga, esto es, fervor mediante renuncia a la acción. En el shloka citado, encontramos a Sri Krishna describiendo al yogui genuino, y éste es una persona verdaderamente devota que realiza muchos tipos de obras. No se apoltrona con sus sentidos, cuerpo, mente ni su parte búddhica discriminativa.

Para nosotros es un tema de convencimiento que la emancipación de India está sujeta al número de Sannyasis verídicos que produzca. Con ese fin, debiera aventarse la idea de que defender y alimentar al gandul que actúa como "sannyasi" es ridículo, antiespiritual y una falsa benevolencia, ya que se está dando a la persona equivocada, en el lugar y momento erróneos.

¿Cómo puede India redituar verdaderos agentes místicos? Primero, entendiendo lo que implican Yoga y Sannyasa, y luego por unas pocas almas patriotas que se propusieron no hablar, sino practicarlos.

Un yogui toma el camino en la dirección de su propio Ser Interno, y al reconocerlo en calidad de amonestador y sustentador, comienza a obrar de modo inegoísta. Por su parte, un Sannyasi no renuncia a la ejecución de actos, sino al resultado del desempeño; cumple con el trabajo adscrito en la vida y sigue el curso del deber hacia la raza, los congéneres, amigos y enemigos, pero a la vez se esfuerza por cerrar su mente a placeres y dolores.

Estas definiciones aparecen una y otra vez al estudiar el Gita. El Mahatma que habla con su chela [discípulo] repite los conceptos del verdadero Sannyasa o Tyaga, y habla de Sí mismo y los Suyos como ejemplos de individuos que actúan, pues Su renuncia constituye los dulces frutos de Sus obras.

Hay otro aspecto importante: ningún verso del libro declara que sólo un brahmán o ario pueden ingresar al Camino de la Renuncia. ¿Pueden los musulmanes convertirse en Sannyasis y no ser desleales? Por supuesto. Todo sufí genuino es Sannyasi, cada derviche auténtico es Yogui, y la noble palabra Faqir ha sido tan prostituida por su aplicación a los "mendigos sin valor" como el nombre Tyagi.

¿Pueden los Parsis practicar yoga? Ciertamente, porque cada corazón Parsi es receptáculo para las brasas del Fuego Sagrado, que una vez encendido lo convierte en Hijo de Ahura Mazda. La advertencia de San Pablo también es inconcusa: "Si mora en ustedes el Espíritu que levantó a Jesús de entre los muertos, el que levantó a Cristo de entre ellos también avivará vuestros cuerpos mortales, por medio de su Espíritu que habita en vosotros" (Romanos, VIII, 11). Todo budista fiel recuerda a Gotama decir "¡mira hacia adentro, eres Buda!", y todo judío familiarizado con su Kabbalah conoce el trabajo alquímico para elevar su yo mortal hacia lo Inefable.

Cualquier hombre o mujer que exhiba un nuevo comportamiento ético puede transitar el Camino de la Renuncia. No necesitan abandonar sus casas o familias para instalarse en un bosque; sólo tienen que vivir de manera distinta. No cometen el pecado de olvidar sus deberes, sino realizan cada uno de ellos sin atender a las secuelas. Deben entrenar y cohibir sus sentidos, ejercitarse físicamente para continuar ágiles y saludables, estudiar y reflexionar lo que asimilan, y emplear el discernimiento nacido de sus meditaciones al consumar todo acto (1). En la completitud del proceso recordarán el objetivo de purificar el corazón; así, el cuerpo, los sentidos, la mente y sus poderes no son más que herramientas para llevar a cabo tal profilaxis.

(1) [N.del T.: En el mundo actual es imposible para muchísima gente poner en práctica estas medidas en su totalidad, por causa de varias presiones malintencionadas desde los medios, las "ideologías" popis, la pseudociencia económica y otros "respetables" excrementos. Bahman Wadia apuntó a ello cuando defendía sindicatos indios, alejándolos de la podredumbre comunista/capitalista con tal de superar el odio y los abusos que le caracterizan. Su intención era fomentar el trato digno y colaborativo entre TODAS las clases sociales, al contrario de lo que sucede hoy, cuando vemos que la inmensa mayoría de "dirigentes" o "influenciadores" evita a toda costa ser reemplazada por ciudadanos meritorios y ejemplares de otras castas].

No sólo importa lo que hacemos, sino también cómo se realiza. Es necesario evitar circunstancias que nos distraen de funciones congénitas; entonces, a lo que debemos prestar atención es al desempeño oportuno de todo lo que se debe hacer, y esto forja al verdadero Yogui, Sannyasi o Tyagi. En otras palabras, cumplir toda tarea independiente de las consecuencias, aprender que en todo momento de la vida el Alma se acendra, y semejante formación continúa al margen de si nos causa placer o dolor. El Alma crece tanto en opulencia como pobreza, pero más en el segundo caso.

Necesitamos disciplina pragmática, y el Gita muestra los pasos en cada nivel. El bárbaro en nosotros recibe su sentencia de muerte cuando nos energizamos y ocupamos con pensamiento y deliberación. Ser autosuficientes implica depender sólo del Gran Ser interno, y nunca de factores exógenos. La individualidad real debe trabajarse diariamente por esfuerzos autoinducidos y autoplanificados, y si bien los errores pretéritos pueden frustrarnos, hay que persistir y ascender todas las etapas de inteligencia, hasta lograr perfección. Comenzar esta odisea es vislumbrar la humanidad futura, donde no existe el caos moderno y llegamos a un ámbito más pulcro. A fin de disponernos, el Sabio aconseja: "Despierta mediante tu Ser y examínate por el Ser; así, autoprotegido y atento, vivirás feliz" (Dhammapada, 379).

B.M.
Donar

Apuntes sobre Alquimia

(The Aryan Path, febrero 1930).

[Eric John Holmyard (Doctor en Filosofía, Máster en Ciencias y Doctor en Literatura) es una autoridad reconocida internacionalmente. Contribuyó con el artículo sobre Geber a la nueva edición de la Enciclopaedia Britannica, y es autor o editor de libros en materia de alquimia y química, incluidos Avicenna de congelatione et conglutinatione lapidum (textos en latín y árabe con traducción al inglés y notas, París, 1927), The Arabic Works of Jabir ibn Hayyan (también impreso en la Ciudad Luz, como el siguiente), Abu'l-Qasim al-Iraqi's Kitab al-ibn al-muktasab (árabe e inglés), The Great Chemists, The Works of Geber y el nuevo ejemplar de Ordinall of Alchemy por Thomas Norton. Dos de las recreaciones de Holmyard son la química musulmana y alquimia esotérica; de este modo, sus escritos aparecerán frecuentemente en nuestras páginas.-Editores].

El historiador exotérico rara vez simpatiza con la alquimia. Puede admitir a regañadientes que la química moderna es fruto legítimo de investigaciones alquímicas, pero en general estigmatiza al Arte Divino y la Sabiduría Filosófica a manera de "ilusiones", si no "engaños deliberados". Hermann Kopp, uno de los grandes historiadores de la química, resumió sus conclusiones al sentenciar que el desarrollo de la alquimia es una crónica de errores.

Podemos decir fácilmente que eran imprecisas las teorías de alquimistas, por cuanto ya no son útiles en química moderna, pero todos los considerandos científicos son necesariamente provisorios y temporales. El crítico actual, sin embargo, ahora imputa a la alquimia "observaciones inexactas", alegando que las trasmutaciones eran "fraudes ingeniosos", o sus productos no formaban oro ni plata genuinos, sino "mezclas irreconocibles" por los métodos imperfectos de análisis existentes siglos atrás. Es posible que se emplearan compuestos insospechados tanto áureos como argénteos en materiales sobre los que se intentaron supuestos cambios.

No es el propósito discutir aquí la desconcertante cuestión de la verdad sobre múltiples relatos bien autenticados de transmutaciones metálicas, conseguidas por alquimistas. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el presente siglo ha sido testigo de la metamorfosis de un elemento en otro, de forma que convertir metales base en oro o plata no puede declararse "completamente imposible", ni siquiera entre químicos ortodoxos; ítem, muchas razones nos llevan a concluir que un orfebre antiguo solía ser bastante competente para decidir si un metal dado constituía oro puro, una aleación homóloga o tenía orígenes completamente distintos. La dificultad de Arquímedes con la corona del rey Hierón fue probarla sin causarle daño; si se hubiera tomado una muestra, cualquier artesano contemporáneo y eficiente habría resuelto el problema con holgura, mediante uso de técnicas comunes.

El hecho fidedigno, y de mayor interés, retrata a la alquimia no bajo el cariz de "ciencia", "arte" u "oficio", sino un sistema esotérico de amplia comprensión y extraordinaria continuidad. Por lo tanto, es imposible entenderlo adecuadamente sin un estudio de sus posibles albores, doctrinas subyacentes y la inevitable e ininterrumpida conexión con el misticismo. Incluso un breve recuento del tema excedería los límites del presente artículo, pero sobresalen ciertas características y llaman nuestra atención. En primer lugar tenemos la enorme antigüedad de la tradición alquímica, que se remonta a siglos desde Europa hasta el Islam, Irán y Alejandría, luego desde Grecia quizás a India y China, de Siria al antiguo Egipto, Sumeria, Acad, Babilonia y Asiria, o tal vez a la esquiva Atlántida (1), aunque la historia de Platón bien pudo haberse originado en leyendas vagas de la Creta minoica, transmitidas por generaciones. El relato general y aceptado, que sitúa las raíces alquímicas en el Egipto ptolemaico, posiblemente malinterpretó y confundió la evidencia con una génesis ab initio lo que fue sólo un renacimiento. A pesar de todas las pacientes indagatorias, aún sabemos poco sobre los inicios, salvo que dicho arte parece ser aún más antiguo.

(1) Somos proclives a creer que la alquimia nació en Atlántida y tuvo su renacimiento entre los egipcios. Si Diocleciano no hubiera destruido el material ocultista de éstos últimos en 296, junto con sus libros de alquimia, hoy el mundo sabría más del tema y ese continente legendario (Eds.).

En segundo término, existe una llamativa lista de quienes fueron conocidos por cultivar acervos y prácticas alquímicos, o se creía que poseyeron este rasgo. Dejando a un lado figuras tan nebulosas como Hermes y Ostanes, todavía queda un grupo asombrosamente amplio de grandes personajes, muchos de ellos distinguidos en otras ramas de la actividad intelectual: Rhazes, uno de los fundadores de la medicina; Avicena, poeta, filósofo y científico; Ja'far al-Sadiq, el sexto imam; Roberto de Chester, erudito muy versátil del siglo XII; Roger Bacon; Raimundo Lulio, misionero y místico; Tomás de Aquino y su discípulo Alberto Magno; Khunrath, el misterioso y consumado cabalista alemán; Robert Boyle, cuyo trabajo en el establecimiento de la química moderna fue de importancia capital; e incluso Isaac Newton, el más grande de todos los científicos. Si la alquimia fuera sólo "un ovillo de artimañas elaboradas", ¿tendría semejante galaxia de lumbreras entre sus adeptos, o convocaría a quienes pensaban lo suficiente en ella para estudiarla con cierta persistencia?

La verdad parece ser que, mientras muchos estaban interesados en la alquimia física -como Newton, cuyo trabajo en la Casa de Moneda le condujo a investigar el fenómeno de transmutación-, otros se preocupaban principalmente por el sistema místico, pues para ellos la síntesis del oro tenía poco atractivo. Sin embargo, debemos ir hacia el lado oculto si alguna vez se ha de escribir la verdadera historia alquímica; con demasiada frecuencia, los libros análogos han sido rechazados por pedantes al semejarles "incomprensibles" o "falsos", cuando quizás sus autores nunca tuvieron intención de elaborar discursos científicos, sino manuales de pensamiento arcano expresados en lenguaje de simbolismo químico.

Es factible que en dicha línea también encontremos los motivos de la persecución continua sufrida por alquimistas. Sin duda, esta ciencia perdió prestigio mediante charlatanes que defraudaban a la gente, haciendo pasar aleaciones sin valor por compuestos áureos "genuinos", pero dudamos en aceptar este criterio como única razón. Un móvil más profundo era el recelo que la opinión pública promedio mostraba hacia el filósofo original, para quien la ortodoxia carecía de "santidad impoluta". De hecho, a menudo los alquimistas sinceros padecieron ignominia por estar a la vanguardia del pensamiento esotérico, y así la vida y los escritos de tales personas merecen un estudio respetuoso y comprensivo.

E.J. Holmyard


Apéndice. Nuestros lectores apreciarán que reimprimamos lo siguiente del Glosario Teosófico por H.P. Blavatsky, publicado por primera vez en 1892 [se añaden intersticios de párrafos]:

"Proveniente del árabe Ul-Khemi, el vocablo 'alquimia' designa la 'química de la naturaleza'; sin embargo, es sólo un concepto arabizado del griego chemeia, a su vez de chumos, 'jugo' o savia extraída de una planta. El doctor Wynn Wescott afirma: 'El uso más antiguo del término 'alquimia' se encuentra en las obras de Julio Firmico Materno, quien vivió en la época de Constantino el Grande. La Biblioteca Imperial de París contiene el tratado más viejo que se conoce en Europa, escrito en griego por Zósimo de Panópolis alrededor del 400 a. de C., y el siguiente es atribuido a Eneas de Gaza, hacia 480 a. de C.'

Este conocimiento trata sobre las fuerzas más sutiles de la naturaleza y las diversas condiciones en que operan. Buscando transmitir a los no iniciados-bajo el velo de un código más o menos artificial- tanto del Mysterium Magnum como estuviera a salvo del mundo egoísta, indica (...) la existencia de un Disolvente Universal por el que todos los cuerpos compuestos se desintegran en la Sustancia Homogénea desde donde evolucionan, que llama 'oro puro' o summa materia. Este disolvente, también designado menstruum universale, tiene el poder de eliminar todas las simientes de enfermedades en el cuerpo humano, renovar la juventud y prolongar la vida; tal es el famoso lapis philosophorum ('piedra filosofal').

La alquimia llegó por primera vez a Europa en el siglo VIII a través de Geber, el gran sabio y filósofo árabe, pero fue conocida y practicada hace tiempos inmemoriales en China y Egipto. Se sabe que constituyó el interés favorito de monarcas y sacerdotes, gracias a la exhumación de numerosos papiros y otras pruebas, catalogados con el nombre general de 'tratados herméticos' (...).

La alquimia se estudia bajo tres aspectos que admiten varias interpretaciones, a saber, cósmico, humano y terrestre, que luego se tipificaron en las tres propiedades de azufre, mercurio y sal. Diversos escritores apuntan a tres, siete, diez e inclusive doce procesos respectivamente, pero todos señalan que la alquimia tiene el 'único objeto' de 'trastocar metales en oro puro'. Sin embargo, muy pocos individuos asimilan correctamente qué es en realidad dicho 'mineral precioso'.

No cabe duda de que en la naturaleza existe transmutación de metales básicos en otros nobles, pero este es sólo el aspecto terreno o materialista de la alquimia, pues notamos que se genera igual actividad en las entrañas del planeta. Asimismo y más allá de esta glosa, la alquimia tiene otro significado simbólico, puramente psíquico y espiritual. Mientras el estudioso de Cabalá desea conseguir aquél primer objeto, un ocultista que desprecia el oro de las minas dedica todos sus esfuerzos a convertir el cuaternario inferior en la Divina Trinidad del ser humano, que finalmente se convierten en uno. Nuestros aspectos espiritual, mental, psíquico y físico se comparan con los elementos fuego, aire, agua y tierra, y cada uno puede presentar constituciones fijas, mutables y volátiles.

Poco o nada se sabe respecto al origen de esta rama arcaica de la filosofía, pero es cierto que antecede a la construcción de cualquier Zodíaco, y probablemente también a cualquiera de las mitologías del mundo, al tratar con fuerzas naturales personificadas. Tampoco hay dudas de que el verdadero secreto de la transmutación (en el plano físico) era conocido en la Antigüedad y se perdió antes de surgir el llamado 'período histórico'. La química moderna debe sus mejores avances fundamentales a la alquimia, pero a pesar de la innegable verdad de que sólo hay un Elemento en el Universo, la ciencia actual clasifica los metales a guisa de 'elementos' y sólo ahora está empezando a descubrir su grave error".
Donar

El misticismo occidental y la figura de Jesús

(The Aryan Path, febrero 1930).

[N.del T.: se suprimen y reformulan pleonasmos].

[John Middleton Murry ya fue presentado en nuestro último número, y este artículo vuelve a manifestar su genio constructivo. El enfoque sapiente desapareció en todas las religiones, por causa de su índole divisionista, mientras que debieran constituir factores de unidad como vemos en el Mahabharata. La presente revista tiene entre sus objetivos devolver a los credos el conocimiento que les acendra, y dar origen a una doctrina práctica que involucre disciplina de vida, universal e impersonal. Oriente se halla tan estrechamente vinculado a la historia del misticismo -y se le considera con tanta naturalidad a modo de "cuna de la ciencia espiritual"- que a veces olvidamos que ocultistas, videntes y sabios también florecieron en Occidente. Muchos doctos como Pitágoras, Apolonio y Plotino viajaron a Oriente en busca de Sabiduría, pero recordemos que la disciplina y las experiencias del Alma son siempre sui generis, y nunca dependen de factores externos ni geográficos.-Editores].

Occidente es muy joven, si lo comparamos con Oriente. El pasado que conoce y ausculta nuestra civilización se remonta a sólo 2500 años, y durante casi 2000 su religión ha sido el cristianismo; por lo tanto, es inevitable que en su mayor parte el misticismo occidental tenga sus matices.

No obstante, para quienes sostenemos que el misticismo es la esencia de todas las formas de alta religión, la variante cristiana es sólo una forma particular de aquél, y bella sin duda, que resultó atractiva para muchos espíritus destacados de Occidente. Sin el importe cristiano, la experiencia religiosa del mundo sería más pobre, y tampoco se habría escrito el mejor poema occidental.

Hay tres fuentes principales de misticismo cristiano, de las cuales dos están reconocidas. La explicación tradicional es que deriva del contacto o confluencia del cristianismo primitivo con la doctrina neoplatónica, especialmente de Plotino, pero esta visión es sólo esquemática o académicamente verdadera. La fuente más pródiga viene siendo la enseñanza del propio Jesucristo, uno de los grandes místicos a nivel global. Su discurso sobre la Paternidad de Dios y la absoluta filiación humana a lo Divino, por mucho que haya sido manipulado a través de la teología posterior, ha permanecido como el núcleo vivo del cristianismo. Los primeros versos del Pater Noster contienen para el verdadero seguidor la esencia de su religión. Si dichas palabras son más que una fórmula vacía, y expresan la realidad de convicciones genuinas, entonces descartan el dogma teológico de que era "único Hijo de Dios", tan categóricamente como lo hizo el resto de la enseñanza. En efecto, la proclama "nadie conoce al Padre, excepto el Hijo" no indica ninguna "preeminencia" de Jesús, sino una declaración simple del hecho primordial en la experiencia mística: la consustancialidad del ser humano y Dios que se revela de inmediato, o nunca.

No tenemos aquí mucho espacio para adentrarnos en los detalles de la enseñanza mística de Jesús, si bien las raíces están precisamente allí. El místico cristiano de mayor prestigio (por ejemplo, Eckhart durante el siglo XIV) siempre reexperimenta las palabras del Maestro en su verdad sencilla y palmaria, mantiene relación inmediata con Dios al igual que Cristo, y descubre también que Sus Testimonios son parte de sí mismo. A estos adagios, un verdadero cristiano podría añadir expresiones auténticas, y Eckhart replantea así la consustancialidad: "El ojo con que miro a Dios es el mismo con que Él me ve. Somos una sóla visión, un sólo conocimiento y un sólo amor".

El legado del Nazareno es la gran fuente del misticismo cristiano, pero existe otra. El cristianismo no sólo incluye los preceptos de Jesús, sino además su vida y muerte. Contemplar la belleza y perfección de su Ministerio que culminó en la cruz, y discurrir sobre lo que la filosofía llama el "problema del dolor" en toda su desnudez, ha sido para incontables generaciones de acólitos serios el camino hacia el conocimiento superior. La idea de que Jesús vive a pesar de su fracaso, y más exactamente por culpa de ello, es el motivo de creer en su "reaparición física", la patraña medular del cristianismo. El Maestro revive eternamente en las almas cristianas verídicas, y esa experiencia moldeó el soporte del aflato en San Pablo, los "ejercicios espirituales" de múltiples congregaciones y la homilía del obispo Lancelot Andrewes:

"Contempladle hasta que Él nos mire de nuevo, porque así lo hará. ¿Y cómo sabremos si Cristo nos respeta? En verdad, al fijar nuestra meditación en Aquél que fue traspasado -cual si estuviéramos con pena y Él con el amor que le rebasó-, encontramos que por ambos, o uno de ellos, surge en nuestros corazones un impulso de gracia: la consideración de su padecimiento nos atraviesa de quebranto, y al pensar en Su amor nos traspasamos de nuevo con afecto mutuo. Al comienzo, estas sensaciones vendrán de manera imperfecta, pero luego serán más hondas, y las de algunos exhiben una potencia que nadie más conocerá".

El misticismo de Cristo y el dogma ulterior son muy diferentes, pero no del todo incompatibles, y es probable que nadie entienda las características verdaderas por separado, pues no comprenderemos la perfección del amor de Jesús excepto mediante Su enseñanza.

A menos que las antedichas vertientes se reconozcan y distingan con claridad, existe el peligro de sobreestimar la tercera, a saber, el misticismo griego que influye en la línea cristiana principalmente a través de Dionisio el Areopagita (probablemente un monje sirio del siglo V), y que le llegó por vía de Plotino desde Platón. La novedad no era tanto una sabiduría mística en sí, abundante en el cristianismo desde los primeros tiempos en cuanto sistema filosófico: una teoría y técnica de la experiencia análoga donde no hay nada distintivamente cristiano. Encontramos esto en Clemente de Alejandría, quien en sus Stromata describe la adquisición del conocimiento de Dios:

"Yendo por análisis hacia la Primera Inteligencia, quitando profundidad, anchura, longitud y posición; dejando una mónada, y luego abstrayendo todo lo físico, si nos entregamos a la inmensidad de Cristo, y desde allí avanzamos por la beatitud hacia Su Inmensidad, de algún modo entraremos en el conocimiento del Todopoderoso, reconociendo no lo que es, sino lo que no es".

Aquí se formula claramente el via negationis (siglo III), familiar para el misticismo filosófico en todo el mundo. Clemente de Alejandría fue maestro de Orígenes, quien sostuvo la realidad y necesidad de un credo esotérico, y respaldó su argumento apelando al ejemplo de persas e indios. Podemos afirmar que ambos estaban conscientes del cristianismo en cuanto variedad de una religión universal, oculta y mística. Unen sus fuerzas con mucha espontaneidad a lo largo de 1500 años con el poeta John Keats, quien tras describir al mundo como "un valle de formación de almas", continúa:

"Creo factible que este proceso originante de almas haya concebido todos los planes de redención más notorios y personales entre zoroastristas, cristianos e hindúes. Así como una parte de la especie humana debe lucir su Júpiter inscrito a fuego, otra detentaría Salvadores palpables e inequívocos, ya sean Cristo, Oromanes o Visnú".

Probablemente la gran ofrenda de los neoplatónicos griegos al misticismo cristiano fue el despertar, en quienes lo recibieron, del sentido empirista acerca de una religión universal y el cristianismo, cual forma de ésta última entre varias. Su carácter inevitable aparece al considerar el siguiente extracto por Dionisio el Areopagita, quien influyó en la mística cristiana durante su período de esplendor (siglos XIII y XIV) y más que ningún otro personaje:

"Y tú, querido Timoteo, en tu práctica diligente de contemplaciones, deja atrás tus sentidos y operaciones intelectuales, y todas las cosas que son conocidas por ellos, y todas las cosas que son y no son; dispónte, en la medida de lo posible, a unirte en desconocimiento con Aquél que está por sobre todo ser y todo conocimiento, porque siendo puramente libre y absoluto, fuera de ti mismo y de todas las cosas, serás conducido hasta el rayo de la oscuridad divina, despojado de todo".

Dionisio era monje, pero nada hay específicamente cristiano en el fragmento. Sin embargo, para el religioso del Medioevo, los textos de aquél poseían una autoridad equivalente a las propias Escrituras. Eckhart se sumergía en sus obras, cita a San Dionisio con la misma reverencia que el Cuarto Evangelio, y en él encontramos la armonía más perfecta de los diversos elementos que compusieron el misticismo cristiano. Es constante, pero nunca inverosímil, su empleo de frases atributivas y sacras de la piedad cristiana. Si las utilizó de maneras novedosas, entonces así penetraba en la profundidad de su significado espiritual.

Para Eckhart, la generación del Hijo por parte de Dios es un acto eterno, perpetuamente renovado en el alma humana; en rigor, procurarse de ésta última es idéntico a la creación divina del Hijo en nosotros: "Quien permanece siempre en un Ahora, en él Dios engendra a su Hijo de forma incesante". Sería casi una estupidez dilucidar el trasfondo de un concepto tan preciso. Podemos contentarnos con señalar cuán estrechamente se vincula el misticismo cristiano más sublime con el estilo de Goethe. He aquí la doctrina del pensador alemán sobre el "momento perdurable" que se desveló por alcanzar, donde el carácter finito de la vida se convierte en el instrumento puro del Ser que está más allá de la existencia.

Se podría recurrir a muchas citas para ilustrar la riqueza y universalidad del misticismo cristiano. Eckhart agrega: "Hay una fuerza en el alma, e incluso algo más; es tan puro, elevado y noble en sí, que ninguna criatura es capaz de asimilarle, y sólo Dios puede morar allí. Ni siquiera Él lo aprehende con una forma; sólo puede venir con su simple naturaleza divina (...). ¿Cómo llegamos a ser hijos de Dios? Al tener una misma naturaleza con Él. Pero cualquier comprensión de esto es subjetiva, no un conocimiento objetivo. La conciencia interior llega hasta el quid del alma. No es que sea el alma misma, sino que está arraigada allí, y hasta cierto punto es la vida intelectual del alma, donde el hombre nace a la vida eterna como hijo de Dios, pues dicha sabiduría es atemporal, inextensiva, sin un aquí ni ahora. En esta vida todo es lo mismo; todo se encuentra en todo, y está expiado". Y en otra parte remata: "Sostengo que no podemos devenir sabios sin sabiduría, como tampoco ser Hijo sin la naturaleza filial del Hijo de Dios, sin tener su misma esencia".

No sorprende que Eckhart, el más puro, sutil y sencillo de todos los grandes cristianos, fuera condenado después de su muerte por cargos de "herejía", mas cualquier estudioso paciente comprobará que él representó la verdadera doctrina de Jesús. La “buena nueva” predicada en Galilea decía que era posible y necesario que toda persona se supiera consustancial con Dios, precisamente de igual manera y certidumbre con que el Nazareno llegó a serlo respecto a su Padre.

Esta experiencia inmediata de la verdad por Eckhart regresa una y otra vez en la historia del misticismo cristiano, y naturalmente corre peligro continuo de ser repudiada, al tener pocas opciones de armonizarla con cualquier forma ortodoxa. La noción del “Cristo que mora en nosotros” es teóricamente legítima, pero los obstáculos son de tal gravidez que un místico profundo siempre debe apartarles. Para él, es inevitable equiparar a Jesús con Buda, siendo Ellos los guías más venerados del mundo, y sus relaciones con Dios también son susceptibles de lograrse por cualquier individuo que manifieste poder, voluntad y amor. En un tratamiento más detallado, sería necesario distinguir entre Jesús (carácter histórico) y Cristo (potencialidad eterna del Espíritu humano).

Quizá por esta circunstancia, desde el siglo XVII -cuando aparecieron los efectos del Renacimiento y la Reforma- ha venido sucediendo un declive notorio del misticismo cristiano. Al principio encontró refugio en sectas protestantes como los cuáqueros, al menos con su doctrina de "luz interior", que empero no les ayudó a salir de su extremismo y otros defectos. De ahí en adelante las musas hablaron a poetas y filósofos: Spinoza, Novalis, Goethe, Wordsworth, Blake, Coleridge, Shelley o Keats; y hoy, los muchos "profetas" en rebelión contra la moda horrenda e inepta del materialismo científico que domina el siglo XX.

Los ropajes del misticismo cristiano son diversos, y el tiempo decidirá si esto es señal de fortaleza o caída. Muchos recuerdan con nostalgia la época en que el cristianismo católico era la verdadera religión de Occidente y comprendía una mística desarrollada, aunque con ciertas pugnas. No compartiría semejantes añoranzas, pero simpatizo con su fondo. Creo que el porvenir religioso occidental descansaría en un cristianismo consciente como una entre muchas alfaguaras del Conocimiento Universal, sin atribuirse "rasgos infalibles", y muy pocos occidentales lo ven así, fuera de sus limes católicos. Tal vez llegue pronto el día en que más personas vislumbren la Verdad, abandonando instituciones decaídas y reuniendo coraje para proclamarla, de acuerdo al ejemplo de Eckhart:

"Quien crea seguir a Dios bajo formas concretas, se perderá de encontrarlo en su corazón; pero al buscarle sin ninguna apariencia particular, se aferra a Él tal como es y 'vive con el Hijo' para convertirse en la Vida misma. Podríamos preguntarle a ella durante mil años '¿por qué vives?', y diría 'vivo porque vivo', al brotar de sí misma, sin causa. Y si alguien cuestionara a un hombre honesto que cultiva su propia tierra '¿por qué laboras?', él también respondería con la verdad: 'trabajo porque trabajo'".

John Middleton Murry


Apéndice. En pseudoteosofía, Jesús y Cristo son personas diferentes, y se combinan en la supuesta aparición del Mesías carnal 100 años antes de nuestra Era, lo cual es contrario a las enseñanzas de H.P. Blavatsky y los Mahatmas. En noviembre de 1887 ella publicó en Lucifer el artículo "The Esoteric Character of the Gospels", e incluimos el siguiente extracto (Eds.):

"La 'venida de Cristo' significa su presencia en un mundo reconstituido, y de ninguna manera la llegada 'corpórea' de Jesús. No debe buscarse en desiertos, cámaras interiores, santuarios, iglesias ni templos, pues Cristo -el verdadero Salvador esotérico- no es un hombre, sino el PRINCIPIO DIVINO en todo ser. Tiene a Jesús vivo todo quien se esfuerza por resucitar al Espíritu crucificado en él por sus pasiones mundanas, escondiéndolo en el sepulcro de la carne perdularia, y se empeña por retirar la piedra (Materia) del acceso al santuario interno. El 'Hijo del Hombre' no es nacido de una madre carnal, sino de la 'mujer libre' (Espíritu), de los propios actos humanos y fruto de su trabajo espiritual (...). Los teósofos nunca dicen que Cristo está 'aquí' o 'allá', en desiertos o ciudades, y menos aún cámaras situadas tras los altares de iglesias modernas. Los verdaderos paganos o creyentes de nacimiento se rehúsan a degradar así el ideal más puro y grandioso (...) el Espíritu Divino e inmortal en el hombre, llámese Horus, Krishna, Buda o Cristo. Y ninguno de ellos se presentó como tal".
Donar

La terapéutica mental del Akhlak-I-Jalaly

(The Aryan Path, febrero 1930).

[R.P. Masani es Máster en Humanidades, Comisionado Municipal, Secretario de la Sociedad para la Protección de la Infancia y autor de libros médicos, reconocido gracias a su labor práctica y duradera en favor de la salud ciudadana gujarati. Como fideicomisario de N.M. Wadia Charities y oficial de varias instituciones educativas, sirve con prudente compasión en otros ámbitos de la vida. En Europa y EE.UU. es célebre por sus publicaciones Folklore of Wells (Masani preside la Sociedad Antropológica de Bombay) y la alegoría sufí The Conference of Birds. Es un erudito con marcada inclinación hacia el misticismo persa, y en esta serie habrá material copioso para estudio y meditación. El aprendiz de Teosofía, asimismo, reconocerá principios familiares en casi todo párrafo del artículo.-Editores].

Cada ciudad moderna tiene su responsable médico que protege el bienestar físico de la población. ¿Y dónde está el guardián de su equilibrio mental?

Las personas no son simplemente "máquinas" sometidas a leyes materiales de funcionamiento, sino criaturas conscientes, autoesforzadas y con propósito, dotadas de instintos y emociones que les impulsan a cometer actos beneficiosos o perjudiciales respecto a la integridad biológica y espiritual, según gobiernen sus impulsos o se dejen llevar por éstos. Es a través del mecanismo mental que el humano se moldea a la vida, y su bonanza depende del conocimiento y uso correctos de aquél, asegurando una adaptación propicia. Si dicha sabiduría es insuficiente, su encaje en el entorno será defectuoso y le invadirán emociones conflictivas, o miríadas de impulsos y patologías antisociales, que llamamos pasiones y vicios.

La salud psíquica puede describirse a fuer del balance en la mente humana perfeccionada. Cicerón dijo: "La filosofía es terapéutica mental, y todo lo que los griegos denominan 'pasiones', yo podría tacharlo de enfermedades". Si alguien desea lograr equilibrio mental, debe conocer las técnicas y prescripciones atañentes; sin embargo, los helenos nunca intentaron reducir este campo médico a una "ciencia", lo cual harían estudiantes musulmanes de metafísica hace más de mil años, cuando Europa estaba sumida en oscuridad intelectual. Así, el propósito de esta serie es llamar la atención sobre el tratamiento académico del tema, por parte de Fakir Jāny Muhammad Asaad, un profundo pensador y autor, en su obra ética más valiosa llamada Akhlāk-I-Jalāly. N.A. Thompson, del Servicio Civil de Bengala, publicó hace casi 100 años una traducción completa de dicho libro, hoy agotado, y exceptuando a pocos admiradores de clásicos persas, ahora nadie recuerda ni hace referencia a este trabajo monumental sobre la filosofía práctica del pueblo musulmán.

Es un hermoso concepto del Islam que el destino del ser humano es volverse el epítome de todas las cosas, el modelo de modelos, la quintaesencia del mundo: "En verdad", dice Dios, "estoy a punto de colocar un virregente sobre la Tierra". Allah primero ofreció su confianza a los cielos, la tierra y las montañas, pero "no aceptarían y buscaron excusas: que la asuma el hombre". Sin embargo, Su Excelencia el Virrey del Rey de Reyes no fue creado perfecto para instaurar el califato y agradar a su Señor. Este rango debe alcanzarlo mediante el control de su yo animal, un proceso largo y desconcertante, pues sólo puede ascender "los peldaños de su yo muerto hacia cosas superiores", recordando a Tennyson. ¿Y en qué consisten ellas? Declara el autor del Akhlāk-I-Jalāly: "Son necesarios dos requisitos indispensables para que los individuos cumplimenten el Khilafat-I-Ilāhi: (1) sabiduría madura o perfección en conocimiento, y (2) destreza eminente o idoneidad en la práctica".

Si una persona es esclava de pasiones, deviene inferior a las bestias, pero si les controla, entonces supera a un ángel. En verdad y siendo lo que representamos, parecería que sólo la piedra filosofal puede convertir el metal más denso en oro. Fue en la búsqueda de una sustancia eliminadora de impurezas metálicas que Geber determinó las propiedades de ácidos, Botticher inventó la porcelana de Dresde, Roger Bacon descubrió la pólvora, Van Helmont resolvió los atributos del gas, y Glauber haría conocidas las sales que evocan su nombre. Pero mucho antes de los hallazgos por quienes se propusieron crear el "compuesto milagroso", y en su análisis de la kimiya con tal de neutralizar máculas del organismo humano, los filósofos árabes presentaron al mundo lo que puede aceptarse como la verdadera piedra de leyenda, o ciencia terapéutica mental, que plantea reglas de conducta para subir del yo inferior al divino. Así, otro sabio y filósofo persa de nombre Ghazaly tituló su escrito ético The Alchemy of Happiness.

Los discípulos modernos de Pirrón y Timón sonreirán con desprecio a esta charla sobre el "ascenso egregio": "¿Qué hay de las tendencias heredadas y la disposición inherente? ¿Pueden cambiarse?" Estas preguntas por escépticos deben resolverse antes de iniciar nuestra plática de higiene mental. Un proverbio gujarati señala que ni todo el jabón del mundo limpiará a un alérgico al baño, y el profeta del Islam observó: "Si oís que una montaña cambia de lugar, creedlo; pero si oís que un hombre transforma su carácter, no lo creáis". Por lo tanto, desvelarse por adquirir perfección a despecho de una índole grotesca, semejaría equivalente a pulir un trozo de vidrio y convertirlo en rubí o esmeralda. Pero al tiempo que subrayó el dolor de reformar la naturaleza humana, Mahoma añadía: "Esforzaos, pues cada uno puede alcanzar aquéllo para lo que está constituido".

Aristóteles opinó que nuestras virtudes no eran naturales ni preternaturales, y nacíamos con la aptitud de lograrlas sólo mediante trabajo propio. Pese al fatalismo de su época, los filósofos se inclinaban a pensar que no podía haber "disposiciones características", pues si éstas no cambiaban, ¿de qué serviría la facultad humana de discernimiento y reflexión? ¿Qué asidero podría encontrarse para la disciplina y el castigo? El Akhlāk-I-Jalāly responde: "Cada quien posee una latitud de temperamento intermedia entre un punto determinado de exceso, y otro de escasez"; ende, no hay razón para desesperar incluso con miras a rectificar una disposición culpable.

"Cada uno de ustedes gobierna", reza un precepto de Mahoma, "y será interrogado sobre su cargo". Esto significa que todo particular es soberano respecto a sus "ministros interiores" y las facultades del alma, y en el Día del Juicio todos presentaremos cuentas relativas a la condición de dichos "súbditos". Quien no pueda autoregularse, ni mantenga la equidad del cuerpo y sus aptitudes superiores, nunca gozará de respeto como ciudadano. Al contrario, si evita desmesuras y carencias, siguiendo igual criterio en temas privados y políticos, entonces merecerá el título de Vicerregente de la Divinidad Suprema.

La equidad es un aspecto crucial en sabiduría práctica. Así como un galeno conserva equilibrio de temperamento mientras perdura y lo restablece cuando hay sobresaltos, el objetivo del metafísico serio es hacer lo mismo con la disposición. La medicina tiene dos ramas genéricas, que son el mantenimiento de salud y curar enfermedades, e igualmente la terapéutica mental se dedica a impulsar virtudes y sofocar vicios. El Akhlāk-I-Jalāly recomienda que los discípulos atiendan en especial a las facultades de perfección y actos: si las características de ambos concuerdan con la regla del equilibrio, nuestro único esfuerzo será mantenerlos, y si se producen resabios, debemos calibrar la eutrapelia. Cuando el cultivo de los poderes se haya efectuado correctamente, es imperativo seguir normas de equidad "haciéndoles de hecho el menstruum de toda práctica y fortuna, hasta que lleguemos al límite de la verdadera perfección".

R.P. Masani
Donar

Democracia espiritual

(The Aryan Path, marzo 1930).

[B.M. es un asiático que vive en nuestra era según los métodos de su tierra originaria, y nos sentimos afortunados de obtener algunos informes sobre sus conversaciones con amigos íntimos. El Bhagavad-Gita es la obra que ha dominado a través de largos años de estudio y meditación, pero además sus escritos exhalan una fragancia curiosa, habiendo vivido de acuerdo con sus pautas y de modo más exitoso de lo que es posible normalmente. Los documentos fueron traducidos del idioma vernáculo, y debe entenderse que no son traducciones literales, por cuanto el transcriptor se adhiere más a ideas y principios que palabras. Aunque B.M. conoce el inglés, su inspiración se ve obstaculizada al emplear ese medio de expresión, por lo que prefiere no usarlo, e igualmente creemos que nuestros lectores encontrarán verdadero aflato en esta serie.-Editores].

"Incluso si eres el mayor de todos los pecadores, podrás cruzar todo raudal de faltas en la barqueta del conocimiento espiritual" (Bhagavad-Gita, IV, 36).

Esta es la promesa más alentadora que ofrece el Gita. Puesto que Sri Krishna estereotipa el alma perfeccionada o Mahatma, esta certidumbre proveniente de labios divinos debe ser considerada con seriedad por todos nosotros. Anteriormente y en el mismo cuarto discurso, Él se refiere a las cuatro castas y también da una idea sobre la naturaleza de quienes han trascendido todas las estirpes y condiciones, incluido Él mismo. Así, cuando a esto le sigue el verso inequívoco de apertura ya leído, se convierte en motivo de júbilo o un tema para meditación, puesto que la mayoría de nosotros pertenece a una casta u otra. Hay muchos Iyengars o Iyers y varios Pandits y Shastris que en realidad son parias intocables, debido a su arrogancia, crueldad y la grosería de conducta. Por otro lado, entre los despreciados Panchamas tenemos individuos puros, humildes e incluso sabios que verdaderamente son Brahmanas. Hay Kshattriyas entre parsis, musulmanes o cristianos, y en cada país existen Shudras y Vaishyas. De esta guisa, los Mahatmas emancipados no son sólo producto de India y florecen en todo contexto.

El anterior versículo da garantías a todos los pecadores, donde quiera que estén y sean quienes sean. Krishna, Buda y todos los Mahatmas no son demócratas políticos sino espirituales, amantes y servidores de todas las almas. El barbero Upali fue recibido por Gotama en Su Sangha a fuer de respuesta a la pregunta "¿merece el Nirvana alguien como yo?" Para todos y cada uno de los humanos en la Tierra, existe la posibilidad de vencer los pecados.

Pero téngase en cuenta una condición: Shri Krishna no dice "sigue pecando y te llevaré al Lugar Supremo". No hay desagravio de pecados por intermedio ajeno, ¡y qué tarea desesperada sería para cualquier menesteroso de trabajo y siga un voto de pobreza, si dependiera de un purohit, qazi, dastur o cardenal para condonar sus faltas! Ni siquiera Krishna o Jesús pueden salvarnos. Los Mahatmas sólo presentan el camino, y éste se describe en el shloka anterior: "cruza en la barqueta del conocimiento espiritual". Se nos dice que "todo país sin excepción está comprendido en la sapiencia mística", y el mandato consiguiente es "buscar Sabiduría".

Si dicho conocimiento es para todos, y cada acción puede evaluarse en términos de Sabiduría, está claro que no necesitamos convertirnos en sannyasis, faqirs, bikkhus o monjes, y ponernos el atuendo naranjo, amarillo o negro. No se trata de dejar crecer el cabello como faqirs y sannyasis, o rasurarse cuales ascetas budistas y cristianos; no indica ninguna observancia externa y forzada, sino la percepción y el entendimiento que alejan las chances de cometer faltas. El mero anhelo de obtener sabiduría y pureza tiene poco valor; cuando el deseo se convierte en resolución y actos de voluntad firmes, comenzamos a transitar el Camino que nos lleva a los Mahatmas y el Adeptado.

¿Qué se entiende por "la balsa del conocimiento espiritual"? ¿Cómo deberíamos conseguirlo? No es comprable, y los dioses tampoco lo regalan. Krishna no nos deja varados con una "seguridad rimbombante", y en su lugar establece pasos muy definidos para lograr Sabiduría.

Ésta última se ilustra como "purificadora suprema", y surge espontáneamente en el individuo perfeccionado en Yoga o unión con su Ser Superior. Pero esto señala el epítome y final de nuestra vida, ¿y cuáles son las medidas prácticas? ¿Qué haremos para lograr esa espontaneidad? ¿Qué es necesario con tal de avanzar hacia la unión completa con el Espíritu? Se nos da un triple remedio: (1) obediencia, (2) indagatoria y (3) servicio.

Es preciso un acercamiento humilde al Camino; no hay que llegar a él con todo el engreimiento de la posesión, sino repletos del poder castigador que inflige la pobreza (1). Al dejar atrás los modos profanos, adquirimos mayor inocencia para reconocer que el "aprendizaje cerebral" sin la sabiduría del alma es peligroso para ambos, una advertencia que hicieron los cristianos místicos en la metáfora "el joven desnudo siguió a Jesús".

[(1) N.del T.: El conferenciante no sugiere "romantizar/maldecir la pobreza/riqueza"; más bien invita a no dejarse dominar por impulsos de avidez endógena/exógena, que también están presentes en otras clases de vicios].

El cuestionamiento y la búsqueda deben ser empeñosos y fuertes. Para los mentalmente vagos, la Ciencia de la Vida seguirá representando un enigma. La mente es el instrumento más valioso de una persona, y suprime lo Real cuando cae bajo el dominio de los sentidos, pero si les mantiene a raya, deja lugar al gobierno del Espíritu que es su Identidad Verdadera; entonces, la mente se ilumina y aprende la realidad certera de las cosas.

El servicio es la cortesía al Ser Único. El Dios en nosotros es también Aquél en todos; así, nuestra emancipación implica liberarnos de esclavitudes parcializantes, siendo útiles a santos y pecadores por igual. Un Mahatma puede ser ayudado sólo por los individuos a quienes Él sirve. Pero entiéndase que referimos al servicio del Alma, no el cuerpo, la psique ni otro aspecto mortal; significa que en cada colaboración debemos tener en cuenta el lugar y poder del Alma. Si alimentamos o vestimos el cuerpo de alguien sin pensar en el Alma, prestamos un servicio mediocre y erramos intentando "obrar bien". Cuando nutrimos la mente de otro sin consideración a lo Interno, podemos retrasar su progreso y frecuentemente lo arrojamos al infierno, mientras el objetivo inicial era "llevarle al cielo" (2).

[(2) N.del T.: El fanatismo "espiritual" y psicopolitiquero del "no juzgar" es incapaz de distinguir entre "error involuntario" y "mala fe". Toda persona experimenta cierto nivel de incomodidad ante la crítica, independiente de si adscribe a uno u otro concepto, y su valía se justiprecia cuando decide corregirse o permanecer en el mal].

La humildad, el cuestionamiento y el servicio deben practicarse simultáneamente, un poco todos los días. De este modo, triunfaremos con el tiempo si aplicamos autocontrol, estudio espiritual y sacrificio consciente del Alma. Aún en nuestra índole como pecadores llegaremos "a la otra ribera", pero siempre recordando que la doctrina fundamental de la Filosofía Esotérica "no admite privilegios ni dones especiales en el hombre, salvo los adquiridos por su propio Ego mediante esfuerzo personal y mérito, a través de una larga serie de metempsicosis y reencarnaciones".

B.M.
Donar

El peligro de la moderación falsa y tóxica en Teosofía

"Una cosa 'medianamente buena' no es tan buena como debe ser. La moderación en el temperamento es siempre una virtud, pero moderarse en los principios es siempre maligno" (Thomas Paine).

La humanidad contemporánea está muy lejos de vivir en equilibrio. Quienes sostengan lo contrario son ingenuos de capirote, o extremadamente malvados y manipuladores. Esto también incluye al mantra publicitario del "balance mente/corazón", seriamente cuestionado por índices alarmantes de consumo en drogas, delincuencia, suicidio juvenil, odio político, fanatismo religioso/materialista, la búsqueda compulsiva de caprichos sensoriales, etc.

Se hace imperativo educar a la gente sobre los Derechos y Deberes Humanos (constituidos en 1947 y 1997, respectivamente) en aras de los Principios Universales, lo cual implica exponer y desechar la basura psicológica difundida por antros "modernos" de izquierdismo y derechismo, así como entre fanáticos perdedores de anarcoparanoia. La tergiversación continua de principios éticos y ocultistas en dichas facciones repulsivas da lugar al "matrimonio perfecto" de cobardes morales e individuos corruptos, sumando otros vicios conexos.

Repitiendo de alguna manera la cita anterior de Thomas Paine, William Judge escribió: "Sean moderados en todo, especialmente al condenar a otros [evitando críticas precipitadas, maliciosas o ambiguas que no contemplen valores éticos]. Es estúpido ser intemperante o emborracharse con el vino, e igualmente necio emborracharse con temperancia" ("Musings On the True Theosophist's Path", III, Path, febrero 1887). Y además: "[Benjamin Franklin] era francmasón, y por lo tanto un 'hermano' al igual que Washington y Jefferson. Un masón sincero será un hombre justo que venera la libertad y aborrece los tiranos. Como dice Krishna en el Bhagavad Gita sobre sí mismo, podemos oír al Adepto decir: 'Me manifiesto en cada época con el propósito de restaurar el deber y destruir malas acciones" ("Adepts and Politics", Theosophist, junio 1884).

En su excelente obra "Magic: A Treatise on Esoteric Ethics", Manly Palmer Hall (hoy despreciado por muchos evangelistas "teosóficos") animó a descartar la idea de que "los magos negros se alejarán de nosotros" si somos "buenas personas", o "son débiles" por transitar caminos oscuros. Esta subestimación imbécil hoy se propaga con ahínco para mantener pasiva a buena parte de la humanidad, impedir que se fortalezca espiritualmente y publicitar formas "inocentes" de hechicería. Hall equiparaba esto con la analogía de un niño que pelea contra un luchador experto, y la idiotez absoluta de pensar que el primero ganaría sólo gracias a su candor o "alma pura". De este modo, un gran número de personas carece de ambiciones con tal de desarrollar fuerza moral, y menos aún conoce la urgencia de mantener su espíritu a salvo. Aunque externamente parezcan vivir con decencia y alberguen buenas intenciones, su pureza quietista y negativa atrae a los abusadores de todo nivel que ansíen aprovecharse de ellas, o incluso eliminarlas. Esa gente tonta no es "mala" en estricto sentido, pero sí representa la categoría de presa disponible que ayuda a perpetuar las artes oscuras en esoterismo y otros ámbitos cotidianos.

Según Hall, nuestra época es testigo de una ignorancia genérica que ha llegado a ser delictiva, y sus propaladores debieran someterse a los juicios y condenas más abyectos con fines disciplinarios. El desconocimiento natural en asuntos místicos o morales no es magia negra, pero se yergue como su mejor aliado; así, los "beatos ignaros" asumen constantemente responsabilidades ajenas, y eso no es más que el resultado de su pereza intelectual, tan generadora de peculio en el movimiento "Nueva Era" y la pseudoteosofía.

A muchos teósofos evangelizadores e inmaculados les gusta señalar con impertinencia los ejemplos de William Judge y Helena Blavatsky para ilustrar su "inquebrantable promesa" de "compasión ciega por la humanidad", en todas y cada una de las circunstancias que imaginen. Sin embargo, pasan por alto los detalles del caso Coues (1891), en que la credibilidad de Blavatsky se restableció públicamente tras serias amenazas legales y la exhibición de pruebas sólidas. También ignoran las declaraciones de Judge ante los ataques de Annie Besant y el Westminster Gazette, y en su defensa escribió tres veces la expresión "mis enemigos declarados" (The Irish Theosophist, febrero 1895; Path, marzo 1895). Además transparentó: "Es desagradable referirse mucho a uno mismo, pero en ocasiones se torna necesario (...) por la acción de otros, así como la existencia de muchos rumores vagos y suprimidos que circulan en grupos privados, aunque suficientemente enérgicos para obligarme a actuar" ("Convention Reports of the T.S. American Section", abril 1894).

Otro tinte aparece en la obra "El Evangelio del Buda" de Paul Carus (1894), que describe al Iluminado diciendo: "El Tathagata enseña a dominar por completo el yo [inferior], pero nunca rendirse a poderes malignos, ya sean hombres, dioses o elementos de la naturaleza. Es necesario luchar, pues toda vida es una contienda de alguna clase; pero quien pelea debe cuidarse de no hacerlo en beneficio del yo [inferior] contra la verdad y rectitud". Así, Buda no favorecía la violencia perseguidora de poder, riqueza y privilegios inmerecidos o corruptos, sino exhortaba a obtenerlos con el debido mérito espiritual y ético, oponiéndose a las ambiciones de logias negras por arrebatárselos. Según el sitio electrónico dharmawheel.com, este importante sutra fue suprimido de los textos canónicos (¡y adivine usted por qué!).

Cuando los profesores en artes marciales recuerdan que "la ira vence al guerrero", se hacen eco de aquel pasaje budista. El enojo natural e incuestionable, siempre que nazca del criterio espiritual, debe servir a valores superiores, considerando al menos tres aspectos: a) proporcionalidad en los medios empleados para rechazar o minimizar el mal (lo que entraña la posibilidad de implementar medidas extremas ante situaciones análogas, sin infligir más daño del necesario); b) discernimiento sobre la gravedad del problema, y c) imparcialidad absoluta, independiente de cuántos amigos o familiares cercanos sean declarados culpables y merezcan sentencia.

Esto es lo que seguramente pensaba el Maestro Koot-Hoomi cuando escribió en su Carta n° 85 dirigida a Sinnett: "(...) aunque no digamos 'devuelvan bien por mal' como los cristianos, repetimos según Confucio: 'Devuelvan bien por bien, y para el mal, justicia'". El concepto medular también es evidente en otro párrafo: "El verdadero mal procede de la inteligencia humana, y su origen reside completamente en el hombre racional que se distancia de la Naturaleza (...). El mal es la exageración del bien, fruto del egoísmo y la avaricia humanos" (Carta n° 10).

De esta manera, los conceptos de violencia y no-violencia son simplemente OPCIONES, NUNCA IMPERATIVOS. Repito: quienes defiendan uno de ellos a ultranza, son venturobabiecas ignorantes o instrumentos de maldad, premeditada o inconsciente. ¿Y qué tal el siguiente extracto?:

"Existen bien y mal en todo rincón del Universo, y si uno trabaja para la propia parcialidad -aunque sea de forma indirecta-, a ese nivel se convierte en mago negro. El ocultismo requiere justicia perfecta e imparcialidad total. La hechicería surge cuando alguien usa los poderes de la naturaleza indiscriminadamente, con arbitrariedad y sin consideración por lo correcto. A guisa de los jugadores compulsivos, un mago negro actúa con cierto conocimiento. La magia se trata de dominar fuerzas naturales; verbigracia, el Ejército de Salvación utiliza medios execrables al hipnotizar personas y embriagarlas psíquicamente con emociones. El primer trabajo de un hechicero es psicologizar individuos [estimular sus yoes/pensamientos inferiores, politizar la Teosofía, alentar divisiones, etc.]" (Cartas que me han ayudado, p. 160).

A la luz de esto, incluso cuando la humanidad alcance el nivel de la Sexta o Séptima Razas, enfrentará peligros inteligentes del espacio exterior, como señaló Ronald Reagan en 1985, por lo que nunca tendrá fin la pugna obliterada entre los gremios "teosóficos" de "palomas blancas".

La santurronería extrema y la violencia injustificada devienen inseparables. Suelen esgrimirse para proteger intereses diabólicos dentro de la mayoría de "religiones" y otros grupos, que merecen ser denunciados, combatidos y desenmascarados con la misma agresividad en palabras, hechos y pensamiento. Es una auténtica idiotez que los amantes freudianos de la "ley espejo" apliquen esta norma con tanto fervor a todo aquél que no comparte sus metas retorcidas, pero nunca a sí mismos, lo que es notorio en su culto mediático de agitadores con nombre y apellido, o ideologías preconcebidas, sean cuales sean.

La violencia estrictamente necesaria y directa (según el contexto) está justificada sin ambages cuando se trata de reivindicar el derecho a la dignidad individual/colectiva en el plano físico, y a vivir en armonía con las Leyes de la Naturaleza, preservando dicha facultad evolutiva para las Mónadas encarnadas de los reinos inferiores. Nadie en su sano juicio negaría la importancia de desarrollar verdadera compasión y altruismo; sin embargo, el mundo necesita eliminar (por las buenas o las malas) una cantidad estratosférica de desperdicio ideológico, psicológico y "espiritual", orgullosamente patrocinada por monstruos de "progresismo" y "tradicionalismo" pervertidos. La mezquindad y el amor por la letra muerta son conspiradores explícitos, y los sedicientes "influenciadores del esoterismo teosófico" no contribuyen a elaborar soluciones prácticas. En resumen, la falta de honestidad para ver los hechos como son, sin restricciones tendenciosas, ha reducido al mal llamado "movimiento teosófico" y otras corrientes a un mero rollo de papel higiénico para desechos bípedos y ABOMINABLES en todo el sentido de la palabra.

Aquila in Terris


"Necesitamos todas nuestras fuerzas para afrontar los peligros y vicisitudes que nos rodean. Tenemos enemigos externos contra los que luchar en forma de materialismo, prejuicios y obstinación; aquéllos en forma de costumbres y modos religiosos, todos ellos demasiado numerosos para mencionarlos, pero casi tan densos como las nubes de arena que levanta el siroco del desierto (...).

Sin embargo, hay oponentes más insidiosos que 'toman nuestro nombre en vano', y hacen de la Teosofía un sinónimo u objetivo al que enlodan en boca de los hombres y de la Sociedad Teosófica. Calumnian a los teósofos y a la Doctrina, convirtiendo la Ética en un manto para ocultar sus objetivos egoístas. Y si no fuera suficiente, están los peores enemigos de todos: los de la propia casa, los teósofos infieles tanto a la Sociedad como a sí mismos. De hecho, estamos en medio de enemigos. Ante nosotros y a nuestro alrededor se despliega el 'Valle de la Muerte', y tenemos que cargar contra dichos opositores directamente contra sus armas, si queremos ganar (...).

La caballería (...) puede ser entrenada para avanzar como un sólo hombre en un ataque al plano terrestre; entonces, ¿por qué no luchar y ganar la batalla del Alma que pugna en el espíritu del Ser Superior, para reclamar nuestra herencia divina?" (Helena Blavatsky, "Five Messages to the American Theosophists").
Donar