[R.P. Masani es Máster en Humanidades, Comisionado Municipal, Secretario de la Sociedad para la Protección de la Infancia y autor de libros médicos, reconocido gracias a su labor práctica y duradera en favor de la salud ciudadana gujarati. Como fideicomisario de N.M. Wadia Charities y oficial de varias instituciones educativas, sirve con prudente compasión en otros ámbitos de la vida. En Europa y EE.UU. es célebre por sus publicaciones Folklore of Wells (Masani preside la Sociedad Antropológica de Bombay) y la alegoría sufí The Conference of Birds. Es un erudito con marcada inclinación hacia el misticismo persa, y en esta serie habrá material copioso para estudio y meditación. El aprendiz de Teosofía, asimismo, reconocerá principios familiares en casi todo párrafo del artículo.-Editores].
Cada ciudad moderna tiene su responsable médico que protege el bienestar físico de la población. ¿Y dónde está el guardián de su equilibrio mental?
Las personas no son simplemente "máquinas" sometidas a leyes materiales de funcionamiento, sino criaturas conscientes, autoesforzadas y con propósito, dotadas de instintos y emociones que les impulsan a cometer actos beneficiosos o perjudiciales respecto a la integridad biológica y espiritual, según gobiernen sus impulsos o se dejen llevar por éstos. Es a través del mecanismo mental que el humano se moldea a la vida, y su bonanza depende del conocimiento y uso correctos de aquél, asegurando una adaptación propicia. Si dicha sabiduría es insuficiente, su encaje en el entorno será defectuoso y le invadirán emociones conflictivas, o miríadas de impulsos y patologías antisociales, que llamamos pasiones y vicios.
La salud psíquica puede describirse a fuer del balance en la mente humana perfeccionada. Cicerón dijo: "La filosofía es terapéutica mental, y todo lo que los griegos denominan 'pasiones', yo podría tacharlo de enfermedades". Si alguien desea lograr equilibrio mental, debe conocer las técnicas y prescripciones atañentes; sin embargo, los helenos nunca intentaron reducir este campo médico a una "ciencia", lo cual harían estudiantes musulmanes de metafísica hace más de mil años, cuando Europa estaba sumida en oscuridad intelectual. Así, el propósito de esta serie es llamar la atención sobre el tratamiento académico del tema, por parte de Fakir Jāny Muhammad Asaad, un profundo pensador y autor, en su obra ética más valiosa llamada Akhlāk-I-Jalāly. N.A. Thompson, del Servicio Civil de Bengala, publicó hace casi 100 años una traducción completa de dicho libro, hoy agotado, y exceptuando a pocos admiradores de clásicos persas, ahora nadie recuerda ni hace referencia a este trabajo monumental sobre la filosofía práctica del pueblo musulmán.
Es un hermoso concepto del Islam que el destino del ser humano es volverse el epítome de todas las cosas, el modelo de modelos, la quintaesencia del mundo: "En verdad", dice Dios, "estoy a punto de colocar un virregente sobre la Tierra". Allah primero ofreció su confianza a los cielos, la tierra y las montañas, pero "no aceptarían y buscaron excusas: que la asuma el hombre". Sin embargo, Su Excelencia el Virrey del Rey de Reyes no fue creado perfecto para instaurar el califato y agradar a su Señor. Este rango debe alcanzarlo mediante el control de su yo animal, un proceso largo y desconcertante, pues sólo puede ascender "los peldaños de su yo muerto hacia cosas superiores", recordando a Tennyson. ¿Y en qué consisten ellas? Declara el autor del Akhlāk-I-Jalāly: "Son necesarios dos requisitos indispensables para que los individuos cumplimenten el Khilafat-I-Ilāhi: (1) sabiduría madura o perfección en conocimiento, y (2) destreza eminente o idoneidad en la práctica".
Si una persona es esclava de pasiones, deviene inferior a las bestias, pero si les controla, entonces supera a un ángel. En verdad y siendo lo que representamos, parecería que sólo la piedra filosofal puede convertir el metal más denso en oro. Fue en la búsqueda de una sustancia eliminadora de impurezas metálicas que Geber determinó las propiedades de ácidos, Botticher inventó la porcelana de Dresde, Roger Bacon descubrió la pólvora, Van Helmont resolvió los atributos del gas, y Glauber haría conocidas las sales que evocan su nombre. Pero mucho antes de los hallazgos por quienes se propusieron crear el "compuesto milagroso", y en su análisis de la kimiya con tal de neutralizar máculas del organismo humano, los filósofos árabes presentaron al mundo lo que puede aceptarse como la verdadera piedra de leyenda, o ciencia terapéutica mental, que plantea reglas de conducta para subir del yo inferior al divino. Así, otro sabio y filósofo persa de nombre Ghazaly tituló su escrito ético The Alchemy of Happiness.
Los discípulos modernos de Pirrón y Timón sonreirán con desprecio a esta charla sobre el "ascenso egregio": "¿Qué hay de las tendencias heredadas y la disposición inherente? ¿Pueden cambiarse?" Estas preguntas por escépticos deben resolverse antes de iniciar nuestra plática de higiene mental. Un proverbio gujarati señala que ni todo el jabón del mundo limpiará a un alérgico al baño, y el profeta del Islam observó: "Si oís que una montaña cambia de lugar, creedlo; pero si oís que un hombre transforma su carácter, no lo creáis". Por lo tanto, desvelarse por adquirir perfección a despecho de una índole grotesca, semejaría equivalente a pulir un trozo de vidrio y convertirlo en rubí o esmeralda. Pero al tiempo que subrayó el dolor de reformar la naturaleza humana, Mahoma añadía: "Esforzaos, pues cada uno puede alcanzar aquéllo para lo que está constituido".
Aristóteles opinó que nuestras virtudes no eran naturales ni preternaturales, y nacíamos con la aptitud de lograrlas sólo mediante trabajo propio. Pese al fatalismo de su época, los filósofos se inclinaban a pensar que no podía haber "disposiciones características", pues si éstas no cambiaban, ¿de qué serviría la facultad humana de discernimiento y reflexión? ¿Qué asidero podría encontrarse para la disciplina y el castigo? El Akhlāk-I-Jalāly responde: "Cada quien posee una latitud de temperamento intermedia entre un punto determinado de exceso, y otro de escasez"; ende, no hay razón para desesperar incluso con miras a rectificar una disposición culpable.
"Cada uno de ustedes gobierna", reza un precepto de Mahoma, "y será interrogado sobre su cargo". Esto significa que todo particular es soberano respecto a sus "ministros interiores" y las facultades del alma, y en el Día del Juicio todos presentaremos cuentas relativas a la condición de dichos "súbditos". Quien no pueda autoregularse, ni mantenga la equidad del cuerpo y sus aptitudes superiores, nunca gozará de respeto como ciudadano. Al contrario, si evita desmesuras y carencias, siguiendo igual criterio en temas privados y políticos, entonces merecerá el título de Vicerregente de la Divinidad Suprema.
La equidad es un aspecto crucial en sabiduría práctica. Así como un galeno conserva equilibrio de temperamento mientras perdura y lo restablece cuando hay sobresaltos, el objetivo del metafísico serio es hacer lo mismo con la disposición. La medicina tiene dos ramas genéricas, que son el mantenimiento de salud y curar enfermedades, e igualmente la terapéutica mental se dedica a impulsar virtudes y sofocar vicios. El Akhlāk-I-Jalāly recomienda que los discípulos atiendan en especial a las facultades de perfección y actos: si las características de ambos concuerdan con la regla del equilibrio, nuestro único esfuerzo será mantenerlos, y si se producen resabios, debemos calibrar la eutrapelia. Cuando el cultivo de los poderes se haya efectuado correctamente, es imperativo seguir normas de equidad "haciéndoles de hecho el menstruum de toda práctica y fortuna, hasta que lleguemos al límite de la verdadera perfección".
R.P. Masani