La humanidad contemporánea está muy lejos de vivir en equilibrio. Quienes sostengan lo contrario son ingenuos de capirote, o extremadamente malvados y manipuladores. Esto también incluye al mantra publicitario del "balance mente/corazón", seriamente cuestionado por índices alarmantes de consumo en drogas, delincuencia, suicidio juvenil, odio político, fanatismo religioso/materialista, la búsqueda compulsiva de caprichos sensoriales, etc.
Se hace imperativo educar a la gente sobre los Derechos y Deberes Humanos (constituidos en 1947 y 1997, respectivamente) en aras de los Principios Universales, lo cual implica exponer y desechar la basura psicológica difundida por antros "modernos" de izquierdismo y derechismo, así como entre fanáticos perdedores de anarcoparanoia. La tergiversación continua de principios éticos y ocultistas en dichas facciones repulsivas da lugar al "matrimonio perfecto" de cobardes morales e individuos corruptos, sumando otros vicios conexos.
Repitiendo de alguna manera la cita anterior de Thomas Paine, William Judge escribió: "Sean moderados en todo, especialmente al condenar a otros [evitando críticas precipitadas, maliciosas o ambiguas que no contemplen valores éticos]. Es estúpido ser intemperante o emborracharse con el vino, e igualmente necio emborracharse con temperancia" ("Musings On the True Theosophist's Path", III, Path, febrero 1887). Y además: "[Benjamin Franklin] era francmasón, y por lo tanto un 'hermano' al igual que Washington y Jefferson. Un masón sincero será un hombre justo que venera la libertad y aborrece los tiranos. Como dice Krishna en el Bhagavad Gita sobre sí mismo, podemos oír al Adepto decir: 'Me manifiesto en cada época con el propósito de restaurar el deber y destruir malas acciones" ("Adepts and Politics", Theosophist, junio 1884).
En su excelente obra "Magic: A Treatise on Esoteric Ethics", Manly Palmer Hall (hoy despreciado por muchos evangelistas "teosóficos") animó a descartar la idea de que "los magos negros se alejarán de nosotros" si somos "buenas personas", o "son débiles" por transitar caminos oscuros. Esta subestimación imbécil hoy se propaga con ahínco para mantener pasiva a buena parte de la humanidad, impedir que se fortalezca espiritualmente y publicitar formas "inocentes" de hechicería. Hall equiparaba esto con la analogía de un niño que pelea contra un luchador experto, y la idiotez absoluta de pensar que el primero ganaría sólo gracias a su candor o "alma pura". De este modo, un gran número de personas carece de ambiciones con tal de desarrollar fuerza moral, y menos aún conoce la urgencia de mantener su espíritu a salvo. Aunque externamente parezcan vivir con decencia y alberguen buenas intenciones, su pureza quietista y negativa atrae a los abusadores de todo nivel que ansíen aprovecharse de ellas, o incluso eliminarlas. Esa gente tonta no es "mala" en estricto sentido, pero sí representa la categoría de presa disponible que ayuda a perpetuar las artes oscuras en esoterismo y otros ámbitos cotidianos.
Según Hall, nuestra época es testigo de una ignorancia genérica que ha llegado a ser delictiva, y sus propaladores debieran someterse a los juicios y condenas más abyectos con fines disciplinarios. El desconocimiento natural en asuntos místicos o morales no es magia negra, pero se yergue como su mejor aliado; así, los "beatos ignaros" asumen constantemente responsabilidades ajenas, y eso no es más que el resultado de su pereza intelectual, tan generadora de peculio en el movimiento "Nueva Era" y la pseudoteosofía.
A muchos teósofos evangelizadores e inmaculados les gusta señalar con impertinencia los ejemplos de William Judge y Helena Blavatsky para ilustrar su "inquebrantable promesa" de "compasión ciega por la humanidad", en todas y cada una de las circunstancias que imaginen. Sin embargo, pasan por alto los detalles del caso Coues (1891), en que la credibilidad de Blavatsky se restableció públicamente tras serias amenazas legales y la exhibición de pruebas sólidas. También ignoran las declaraciones de Judge ante los ataques de Annie Besant y el Westminster Gazette, y en su defensa escribió tres veces la expresión "mis enemigos declarados" (The Irish Theosophist, febrero 1895; Path, marzo 1895). Además transparentó: "Es desagradable referirse mucho a uno mismo, pero en ocasiones se torna necesario (...) por la acción de otros, así como la existencia de muchos rumores vagos y suprimidos que circulan en grupos privados, aunque suficientemente enérgicos para obligarme a actuar" ("Convention Reports of the T.S. American Section", abril 1894).
Otro tinte aparece en la obra "El Evangelio del Buda" de Paul Carus (1894), que describe al Iluminado diciendo: "El Tathagata enseña a dominar por completo el yo [inferior], pero nunca rendirse a poderes malignos, ya sean hombres, dioses o elementos de la naturaleza. Es necesario luchar, pues toda vida es una contienda de alguna clase; pero quien pelea debe cuidarse de no hacerlo en beneficio del yo [inferior] contra la verdad y rectitud". Así, Buda no favorecía la violencia perseguidora de poder, riqueza y privilegios inmerecidos o corruptos, sino exhortaba a obtenerlos con el debido mérito espiritual y ético, oponiéndose a las ambiciones de logias negras por arrebatárselos. Según el sitio electrónico dharmawheel.com, este importante sutra fue suprimido de los textos canónicos (¡y adivine usted por qué!).
Cuando los profesores en artes marciales recuerdan que "la ira vence al guerrero", se hacen eco de aquel pasaje budista. El enojo natural e incuestionable, siempre que nazca del criterio espiritual, debe servir a valores superiores, considerando al menos tres aspectos: a) proporcionalidad en los medios empleados para rechazar o minimizar el mal (lo que entraña la posibilidad de implementar medidas extremas ante situaciones análogas, sin infligir más daño del necesario); b) discernimiento sobre la gravedad del problema, y c) imparcialidad absoluta, independiente de cuántos amigos o familiares cercanos sean declarados culpables y merezcan sentencia.
Esto es lo que seguramente pensaba el Maestro Koot-Hoomi cuando escribió en su Carta n° 85 dirigida a Sinnett: "(...) aunque no digamos 'devuelvan bien por mal' como los cristianos, repetimos según Confucio: 'Devuelvan bien por bien, y para el mal, justicia'". El concepto medular también es evidente en otro párrafo: "El verdadero mal procede de la inteligencia humana, y su origen reside completamente en el hombre racional que se distancia de la Naturaleza (...). El mal es la exageración del bien, fruto del egoísmo y la avaricia humanos" (Carta n° 10).
De esta manera, los conceptos de violencia y no-violencia son simplemente OPCIONES, NUNCA IMPERATIVOS. Repito: quienes defiendan uno de ellos a ultranza, son venturobabiecas ignorantes o instrumentos de maldad, premeditada o inconsciente. ¿Y qué tal el siguiente extracto?:
"Existen bien y mal en todo rincón del Universo, y si uno trabaja para la propia parcialidad -aunque sea de forma indirecta-, a ese nivel se convierte en mago negro. El ocultismo requiere justicia perfecta e imparcialidad total. La hechicería surge cuando alguien usa los poderes de la naturaleza indiscriminadamente, con arbitrariedad y sin consideración por lo correcto. A guisa de los jugadores compulsivos, un mago negro actúa con cierto conocimiento. La magia se trata de dominar fuerzas naturales; verbigracia, el Ejército de Salvación utiliza medios execrables al hipnotizar personas y embriagarlas psíquicamente con emociones. El primer trabajo de un hechicero es psicologizar individuos [estimular sus yoes/pensamientos inferiores, politizar la Teosofía, alentar divisiones, etc.]" (Cartas que me han ayudado, p. 160).
A la luz de esto, incluso cuando la humanidad alcance el nivel de la Sexta o Séptima Razas, enfrentará peligros inteligentes del espacio exterior, como señaló Ronald Reagan en 1985, por lo que nunca tendrá fin la pugna obliterada entre los gremios "teosóficos" de "palomas blancas".
La santurronería extrema y la violencia injustificada devienen inseparables. Suelen esgrimirse para proteger intereses diabólicos dentro de la mayoría de "religiones" y otros grupos, que merecen ser denunciados, combatidos y desenmascarados con la misma agresividad en palabras, hechos y pensamiento. Es una auténtica idiotez que los amantes freudianos de la "ley espejo" apliquen esta norma con tanto fervor a todo aquél que no comparte sus metas retorcidas, pero nunca a sí mismos, lo que es notorio en su culto mediático de agitadores con nombre y apellido, o ideologías preconcebidas, sean cuales sean.
La violencia estrictamente necesaria y directa (según el contexto) está justificada sin ambages cuando se trata de reivindicar el derecho a la dignidad individual/colectiva en el plano físico, y a vivir en armonía con las Leyes de la Naturaleza, preservando dicha facultad evolutiva para las Mónadas encarnadas de los reinos inferiores. Nadie en su sano juicio negaría la importancia de desarrollar verdadera compasión y altruismo; sin embargo, el mundo necesita eliminar (por las buenas o las malas) una cantidad estratosférica de desperdicio ideológico, psicológico y "espiritual", orgullosamente patrocinada por monstruos de "progresismo" y "tradicionalismo" pervertidos. La mezquindad y el amor por la letra muerta son conspiradores explícitos, y los sedicientes "influenciadores del esoterismo teosófico" no contribuyen a elaborar soluciones prácticas. En resumen, la falta de honestidad para ver los hechos como son, sin restricciones tendenciosas, ha reducido al mal llamado "movimiento teosófico" y otras corrientes a un mero rollo de papel higiénico para desechos bípedos y ABOMINABLES en todo el sentido de la palabra.
Aquila in Terris
"Necesitamos todas nuestras fuerzas para afrontar los peligros y vicisitudes que nos rodean. Tenemos enemigos externos contra los que luchar en forma de materialismo, prejuicios y obstinación; aquéllos en forma de costumbres y modos religiosos, todos ellos demasiado numerosos para mencionarlos, pero casi tan densos como las nubes de arena que levanta el siroco del desierto (...).
Sin embargo, hay oponentes más insidiosos que 'toman nuestro nombre en vano', y hacen de la Teosofía un sinónimo u objetivo al que enlodan en boca de los hombres y de la Sociedad Teosófica. Calumnian a los teósofos y a la Doctrina, convirtiendo la Ética en un manto para ocultar sus objetivos egoístas. Y si no fuera suficiente, están los peores enemigos de todos: los de la propia casa, los teósofos infieles tanto a la Sociedad como a sí mismos. De hecho, estamos en medio de enemigos. Ante nosotros y a nuestro alrededor se despliega el 'Valle de la Muerte', y tenemos que cargar contra dichos opositores directamente contra sus armas, si queremos ganar (...).
La caballería (...) puede ser entrenada para avanzar como un sólo hombre en un ataque al plano terrestre; entonces, ¿por qué no luchar y ganar la batalla del Alma que pugna en el espíritu del Ser Superior, para reclamar nuestra herencia divina?" (Helena Blavatsky, "Five Messages to the American Theosophists").