En un chela teosófico, el registro de vida es testimonio de su salud. Lo lleva en la mente y se refleja con el cuerpo; por ende, la buena condición física es requisito ineludible del discipulado.
Poco se dice o escribe sobre el tema, y abundan las ficciones. Son populares los "remedios milagrosos" o "estrategias" de curas contra dolencias, mas la verdad y los hechos suelen permanecer ocultos para optimistas y pesimistas.
¿Cuál es el origen inmaterial de la salud física? Es la percepción del Alma de que el Universo es un todo rítmico. Cuando la mente vislumbra el concierto que subyace en la Naturaleza, le refleja y aparecen el orden y método, los factores imprescindibles del ritmo. Así, la salud corpórea se manifiesta cadenciosa en sus hábitos sistemáticos y trabajo ordenado.
La visión de Unidad en la Naturaleza no surge por casualidad ni "regalo de Dios", sino constituye el resultado de tu trabajo, y nadie puede arrebatártelo. El esfuerzo consiste en preparar nuestra mente para recibir la gracia que surge del interior, el Alma o Dios creativo, superior a devas o ángeles, y dicho empeño se convierte en tarea sagrada cuando comprendemos que los Gurus-Gnyanis se interesan por él. De este modo, Alma y Conocimiento siempre fracasan si no hay unísono entre ellos, pero sí triunfa el Conocimiento del Alma, proveniente de verdaderos Sabios o Mentes Iluminadas.
En muchas partes oímos que "la humanidad sufre el pecado de separación", aludiendo a su cariz negativo, pero escuchemos ahora su contrario: el Macrocosmos y Microcosmos son uno y lo mismo, como enseña el Advaita.
La Naturaleza y el ser humano se conciben y analizan cuales entidades separadas, al modo dualista o dvaita. Algunos, que llamamos científicos, se preocupan de lo externo y tratan de resolver el enigma del Universo observando sus fenómenos materiales. Otros, de temperamento introspectivo o ascetas que descuidan lo físico, se centran en sí mismos y dicen lograr el conocimiento del Todo mediante contemplación del propio Espíritu. No obstante, el método real consiste en la integración de ambos, y ello determina al verdadero filósofo.
Los criterios de analogía y correspondencia son claves que permiten al pensador encarar el Gran Misterio. Ambos derivan de la Unidad Natural, explicando su orden y funcionamiento. Las palabras eternas del Oráculo en Delfos "Hombre, conócete a ti mismo" resuenan en la inmensidad del Espacio, y se nos imprimen cuando estamos dispuestos a escuchar la Voz de la Gran Naturaleza o Daiviprakriti. Toda persona debiera estudiarse a sí misma, pero sin jamás separarse de la Vida Única, pues el Atman surge de Jiva-Atman y retoza en él.
El Macrocosmos y Microcosmos están unidos indisolublemente, a manera del océano y sus olas. Aquél se refleja en un ser humano, y el otro replica al Universo omnipresente e ilimitado. En cada individuo se focalizan todos los poderes que existen en el Gran Cosmos, donde a su vez residen todas las facultades del Absoluto Incognoscible.
La entidad humana es una con el Parabrahman Absoluto, siempre desconocido, y también con la Vida manifestada, el Verbum o Logos. Los perfectamente sanos son quienes autoconocen esta verdad y ejemplifican la frase "Aham eva Parabrahman" ("Yo soy verdaderamente el Brahman Supremo"). A nosotros, que no somos perfectos, nos dicen "Tat Tvam Asi" ("Tú eres Aquéllo"), y al oírlo, intentamos comprender su significado.
En la escuela pitagórica, el protocolo de bienvenida era decir "salud", que incluía todas las bendiciones humanas, y la misma idea estaba circunscrita en el pentagrama que utilizaron como contraseña. Algunos estudiantes daban al Cuaternión, su juramento más solemne, el nombre "Comienzo de Salud" porque eran teósofos, preparándose para recibir y cultivar salud perfecta, albor de la paz íntegra.
Escucha: ''El Uno es Padre del Cuerpo, Alma y Espíritu; los tres no provienen de Aquél, sino están en el Uno. En ellos el Uno está siempre oculto; por lo tanto, presta atención al cuádruple ऑ".
Çravaka
"La filosofía hermética sostenía que el hombre es una copia del Universo mayor; somos pequeños universos regidos por las mismas leyes superiores, y en proporciones reducidas develamos todas esas normas en acción, aunque limitadas en el tiempo o su alcance. Esta es la regla a que adhiere H.P. Blavatsky y se encuentra presente en todos los antiguos Misterios e iniciaciones" (W.Q. Judge).