[B.M. es un asiático que vive en nuestra era según los métodos de su tierra originaria, y nos sentimos afortunados de obtener algunos informes sobre sus conversaciones con amigos íntimos. El Bhagavad-Gita es la obra que ha dominado a través de largos años de estudio y meditación, pero además sus escritos exhalan una fragancia curiosa, habiendo vivido de acuerdo con sus pautas y de modo más exitoso de lo que es posible normalmente. Los documentos fueron traducidos del idioma vernáculo, y debe entenderse que no son traducciones literales, por cuanto el transcriptor se adhiere más a ideas y principios que palabras. Aunque B.M. conoce el inglés, su inspiración se ve obstaculizada al emplear ese medio de expresión, por lo que prefiere no usarlo, e igualmente creemos que nuestros lectores encontrarán verdadero aflato en esta serie.-Editores].
"El individuo hambriento pierde de vista cualquier otro objeto que no sea la satisfacción de su apetito, y cuando se familiariza con lo Supremo, pierde todo gusto por los objetos de cualquier clase" (Bhagavad-Gita, II, 59).
El hambre y la sed de justicia -que nuestros prójimos cristianos deberían tener siguiendo el consejo de sus maestros- fueron defendidos muchos siglos antes por el Gita. Ya sea para el cuerpo, la mente o el alma, la comida es base necesaria o upadhi para la experiencia, y el placer del alimento depende del hambre y la sed. Hoy comer en exceso está a la orden del día, y la belleza y utilidad del hambre [eutrapelia] son desconocidas entre los acomodados. Parece como si en Yugas anteriores, cuando los Pródigos bendijeron esta tierra, nuestros propios antepasados olvidaron practicar reglas de ayuno, y así el Karma sobrepasó a la gente y hoy la pobreza acecha esta comarca. Nuestro futuro sería más glorioso que el pasado si a nuestros millones de habitantes se les enseñara la influencia benéfica de la adversidad, ¿y quién puede hacer eso, excepto nuestros líderes pudientes e instruidos? Pero la mayoría de ellos tiene educación occidental, olvidó la sabiduría de sus padres y su riqueza física aumenta su pobreza moral y espiritual. India es pisoteada no tanto por extranjeros como por sus propios hijos, y en nuestra vida personal y cotidiana la degradamos casi a toda hora. El país nunca será realmente libre, hasta que no adoptemos un pensamiento elevado que nos purifique de nuestra pequeña mezquindad, ínfimos egoísmos y constantes inmoralidades. Nuestros líderes naturales -hombres y mujeres educados- se equivocarán en administración y asesoría, al igual que los gobernantes británicos yerran y otorgan falsos consejos, porque están plagados de imperfecciones que resultan de visiones incorrectas sobre la vida, el Estado y el progreso.
Es el individuo autoreformado quien podrá cambiar a los demás; únicamente quien logra dominarse está en condiciones de comandar los destinos de las masas. En la mayoría de países, los ciegos guían a otros ciegos, y es falso medir la riqueza física y prosperidad económica por la cual son considerados "grandes" o "tardíos". A menos que India se aleje de esta base de pensamiento, sufrirá como padecen los Estados occidentales ricos e influyentes.
Igual que la comida permite subsistir en el plano económico, el conocimiento resulta imprescindible a nivel del alma. Hay venenos que matan el alma, ponzoñas que lo trastornan y alimentos que le nutren. También tenemos molduras ideológicas que producen asesinatos de almas, y los humanos vivos se convierten en unidades muertas; por ende, hay millones en esta Tierra que se hallan desalmados. La lujuria provoca perversiones sexuales (el control de natalidad es una de ellas), la ira conduce al odio (verbigracia, el comunismo/capitalismo repletos de magia negra), y la avaricia crea egolatría (ej., peleas familiares). Todos estas monstruosidades y más reducen lentamente el poder del alma en el cuerpo.
Es necesario buscar la nutrición del alma, y debemos tener hambre y sed por ello. El conocimiento espiritual es deseable cuando no hay obstáculos de lujuria, ira o codicia. La mayoría de personas no está consciente de la dulzura y beatitud sobre el conocimiento del alma, pues el que come perros y nunca probó frutas no conoce su exquisitez. El apetito comienza una vez que ingerimos el fruto y su néctar se mezcla con nuestra sangre. Intuitivamente, todos los individuos persiguen la satisfacción y el desarrollo del alma, porque en épocas doradas del pasado los Compasivos les implantaron la impresión de sabiduría. Ahora nos envuelven tinieblas, porque esta es la era represiva o Kali Yuga, y el conocimiento del alma cambia década tras década. Si hemos de recurrir a una metáfora, tenemos luz de velas o aceites, gas y electricidad porque no hay Sol.
Este deseo innato de vida espiritual lleva a las personas por caminos equivocados, pues confunden la parte con el todo y apariencias con realidades. Pero en este verso, el Maestro Krishna apunta al "Supremo", que es lo que necesita el alma hambrienta. La característica más inaceptable de las religiones ortodoxas es su visión falsa y antiespiritual de la Deidad; el espíritu se materializa, Dios es carnalizado y el egoísmo ensancha la sombra del cruel maestro de tareas al que teme. ¡Y tal es la ilusión de Maya!
El Supremo, Param, se describe con detalle en este capítulo: el único Ser Omnipresente e Impartito que es Origen y Alma de cada criatura. El Gobernador interno en el corazón de cada uno es el Rey de reyes, por cuanto debemos tener hambre y sed por el conocimiento acerca de Esto, la Ciencia de Sus emanaciones y la Filosofía de Su permeación.
En un lugar afectado por hambrunas, el pueblo come lo que llega, y así acontece ahora. La carroña, esparcida por todas partes, está cerca y el gentío la devora, ¡pero más bien debiéramos morir en vez de contaminar el Santuario del Alma! Honra impulsivamente las formas falsas que parecen "atajos", y las prácticas peligrosas "fáciles" se adoptan con ignorancia. El conocimiento espurio es aceptado porque suena "plausible", como la vesania por el culto nigromántico llamada "espiritismo".
Como enseñaron los Conocedores del Ser, el primer paso es afanarse por entender qué es el alma. Hay apetitos y apetitos, pero debemos tener hambre del Ser interno, y éste nos guiará a la comida que realmente le sirve. El Gita responde a "¿qué es el alma?" y "¿de qué modo alimentarla?", cuyos aspectos veremos más adelante.
B.M.