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3 de septiembre de 2026

Apuntes sobre Alquimia

(The Aryan Path, febrero 1930).

[Eric John Holmyard (Doctor en Filosofía, Máster en Ciencias y Doctor en Literatura) es una autoridad reconocida internacionalmente. Contribuyó con el artículo sobre Geber a la nueva edición de la Enciclopaedia Britannica, y es autor o editor de libros en materia de alquimia y química, incluidos Avicenna de congelatione et conglutinatione lapidum (textos en latín y árabe con traducción al inglés y notas, París, 1927), The Arabic Works of Jabir ibn Hayyan (también impreso en la Ciudad Luz, como el siguiente), Abu'l-Qasim al-Iraqi's Kitab al-ibn al-muktasab (árabe e inglés), The Great Chemists, The Works of Geber y el nuevo ejemplar de Ordinall of Alchemy por Thomas Norton. Dos de las recreaciones de Holmyard son la química musulmana y alquimia esotérica; de este modo, sus escritos aparecerán frecuentemente en nuestras páginas.-Editores].

El historiador exotérico rara vez simpatiza con la alquimia. Puede admitir a regañadientes que la química moderna es fruto legítimo de investigaciones alquímicas, pero en general estigmatiza al Arte Divino y la Sabiduría Filosófica a manera de "ilusiones", si no "engaños deliberados". Hermann Kopp, uno de los grandes historiadores de la química, resumió sus conclusiones al sentenciar que el desarrollo de la alquimia es una crónica de errores.

Podemos decir fácilmente que eran imprecisas las teorías de alquimistas, por cuanto ya no son útiles en química moderna, pero todos los considerandos científicos son necesariamente provisorios y temporales. El crítico actual, sin embargo, ahora imputa a la alquimia "observaciones inexactas", alegando que las trasmutaciones eran "fraudes ingeniosos", o sus productos no formaban oro ni plata genuinos, sino "mezclas irreconocibles" por los métodos imperfectos de análisis existentes siglos atrás. Es posible que se emplearan compuestos insospechados tanto áureos como argénteos en materiales sobre los que se intentaron supuestos cambios.

No es el propósito discutir aquí la desconcertante cuestión de la verdad sobre múltiples relatos bien autenticados de transmutaciones metálicas, conseguidas por alquimistas. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el presente siglo ha sido testigo de la metamorfosis de un elemento en otro, de forma que convertir metales base en oro o plata no puede declararse "completamente imposible", ni siquiera entre químicos ortodoxos; ítem, muchas razones nos llevan a concluir que un orfebre antiguo solía ser bastante competente para decidir si un metal dado constituía oro puro, una aleación homóloga o tenía orígenes completamente distintos. La dificultad de Arquímedes con la corona del rey Hierón fue probarla sin causarle daño; si se hubiera tomado una muestra, cualquier artesano contemporáneo y eficiente habría resuelto el problema con holgura, mediante uso de técnicas comunes.

El hecho fidedigno, y de mayor interés, retrata a la alquimia no bajo el cariz de "ciencia", "arte" u "oficio", sino un sistema esotérico de amplia comprensión y extraordinaria continuidad. Por lo tanto, es imposible entenderlo adecuadamente sin un estudio de sus posibles albores, doctrinas subyacentes y la inevitable e ininterrumpida conexión con el misticismo. Incluso un breve recuento del tema excedería los límites del presente artículo, pero sobresalen ciertas características y llaman nuestra atención. En primer lugar tenemos la enorme antigüedad de la tradición alquímica, que se remonta a siglos desde Europa hasta el Islam, Irán y Alejandría, luego desde Grecia quizás a India y China, de Siria al antiguo Egipto, Sumeria, Acad, Babilonia y Asiria, o tal vez a la esquiva Atlántida (1), aunque la historia de Platón bien pudo haberse originado en leyendas vagas de la Creta minoica, transmitidas por generaciones. El relato general y aceptado, que sitúa las raíces alquímicas en el Egipto ptolemaico, posiblemente malinterpretó y confundió la evidencia con una génesis ab initio lo que fue sólo un renacimiento. A pesar de todas las pacientes indagatorias, aún sabemos poco sobre los inicios, salvo que dicho arte parece ser aún más antiguo.

(1) Somos proclives a creer que la alquimia nació en Atlántida y tuvo su renacimiento entre los egipcios. Si Diocleciano no hubiera destruido el material ocultista de éstos últimos en 296, junto con sus libros de alquimia, hoy el mundo sabría más del tema y ese continente legendario (Eds.).

En segundo término, existe una llamativa lista de quienes fueron conocidos por cultivar acervos y prácticas alquímicos, o se creía que poseyeron este rasgo. Dejando a un lado figuras tan nebulosas como Hermes y Ostanes, todavía queda un grupo asombrosamente amplio de grandes personajes, muchos de ellos distinguidos en otras ramas de la actividad intelectual: Rhazes, uno de los fundadores de la medicina; Avicena, poeta, filósofo y científico; Ja'far al-Sadiq, el sexto imam; Roberto de Chester, erudito muy versátil del siglo XII; Roger Bacon; Raimundo Lulio, misionero y místico; Tomás de Aquino y su discípulo Alberto Magno; Khunrath, el misterioso y consumado cabalista alemán; Robert Boyle, cuyo trabajo en el establecimiento de la química moderna fue de importancia capital; e incluso Isaac Newton, el más grande de todos los científicos. Si la alquimia fuera sólo "un ovillo de artimañas elaboradas", ¿tendría semejante galaxia de lumbreras entre sus adeptos, o convocaría a quienes pensaban lo suficiente en ella para estudiarla con cierta persistencia?

La verdad parece ser que, mientras muchos estaban interesados en la alquimia física -como Newton, cuyo trabajo en la Casa de Moneda le condujo a investigar el fenómeno de transmutación-, otros se preocupaban principalmente por el sistema místico, pues para ellos la síntesis del oro tenía poco atractivo. Sin embargo, debemos ir hacia el lado oculto si alguna vez se ha de escribir la verdadera historia alquímica; con demasiada frecuencia, los libros análogos han sido rechazados por pedantes al semejarles "incomprensibles" o "falsos", cuando quizás sus autores nunca tuvieron intención de elaborar discursos científicos, sino manuales de pensamiento arcano expresados en lenguaje de simbolismo químico.

Es factible que en dicha línea también encontremos los motivos de la persecución continua sufrida por alquimistas. Sin duda, esta ciencia perdió prestigio mediante charlatanes que defraudaban a la gente, haciendo pasar aleaciones sin valor por compuestos áureos "genuinos", pero dudamos en aceptar este criterio como única razón. Un móvil más profundo era el recelo que la opinión pública promedio mostraba hacia el filósofo original, para quien la ortodoxia carecía de "santidad impoluta". De hecho, a menudo los alquimistas sinceros padecieron ignominia por estar a la vanguardia del pensamiento esotérico, y así la vida y los escritos de tales personas merecen un estudio respetuoso y comprensivo.

E.J. Holmyard


Apéndice. Nuestros lectores apreciarán que reimprimamos lo siguiente del Glosario Teosófico por H.P. Blavatsky, publicado por primera vez en 1892 [se añaden intersticios de párrafos]:

"Proveniente del árabe Ul-Khemi, el vocablo 'alquimia' designa la 'química de la naturaleza'; sin embargo, es sólo un concepto arabizado del griego chemeia, a su vez de chumos, 'jugo' o savia extraída de una planta. El doctor Wynn Wescott afirma: 'El uso más antiguo del término 'alquimia' se encuentra en las obras de Julio Firmico Materno, quien vivió en la época de Constantino el Grande. La Biblioteca Imperial de París contiene el tratado más viejo que se conoce en Europa, escrito en griego por Zósimo de Panópolis alrededor del 400 a. de C., y el siguiente es atribuido a Eneas de Gaza, hacia 480 a. de C.'

Este conocimiento trata sobre las fuerzas más sutiles de la naturaleza y las diversas condiciones en que operan. Buscando transmitir a los no iniciados-bajo el velo de un código más o menos artificial- tanto del Mysterium Magnum como estuviera a salvo del mundo egoísta, indica (...) la existencia de un Disolvente Universal por el que todos los cuerpos compuestos se desintegran en la Sustancia Homogénea desde donde evolucionan, que llama 'oro puro' o summa materia. Este disolvente, también designado menstruum universale, tiene el poder de eliminar todas las simientes de enfermedades en el cuerpo humano, renovar la juventud y prolongar la vida; tal es el famoso lapis philosophorum ('piedra filosofal').

La alquimia llegó por primera vez a Europa en el siglo VIII a través de Geber, el gran sabio y filósofo árabe, pero fue conocida y practicada hace tiempos inmemoriales en China y Egipto. Se sabe que constituyó el interés favorito de monarcas y sacerdotes, gracias a la exhumación de numerosos papiros y otras pruebas, catalogados con el nombre general de 'tratados herméticos' (...).

La alquimia se estudia bajo tres aspectos que admiten varias interpretaciones, a saber, cósmico, humano y terrestre, que luego se tipificaron en las tres propiedades de azufre, mercurio y sal. Diversos escritores apuntan a tres, siete, diez e inclusive doce procesos respectivamente, pero todos señalan que la alquimia tiene el 'único objeto' de 'trastocar metales en oro puro'. Sin embargo, muy pocos individuos asimilan correctamente qué es en realidad dicho 'mineral precioso'.

No cabe duda de que en la naturaleza existe transmutación de metales básicos en otros nobles, pero este es sólo el aspecto terreno o materialista de la alquimia, pues notamos que se genera igual actividad en las entrañas del planeta. Asimismo y más allá de esta glosa, la alquimia tiene otro significado simbólico, puramente psíquico y espiritual. Mientras el estudioso de Cabalá desea conseguir aquél primer objeto, un ocultista que desprecia el oro de las minas dedica todos sus esfuerzos a convertir el cuaternario inferior en la Divina Trinidad del ser humano, que finalmente se convierten en uno. Nuestros aspectos espiritual, mental, psíquico y físico se comparan con los elementos fuego, aire, agua y tierra, y cada uno puede presentar constituciones fijas, mutables y volátiles.

Poco o nada se sabe respecto al origen de esta rama arcaica de la filosofía, pero es cierto que antecede a la construcción de cualquier Zodíaco, y probablemente también a cualquiera de las mitologías del mundo, al tratar con fuerzas naturales personificadas. Tampoco hay dudas de que el verdadero secreto de la transmutación (en el plano físico) era conocido en la Antigüedad y se perdió antes de surgir el llamado 'período histórico'. La química moderna debe sus mejores avances fundamentales a la alquimia, pero a pesar de la innegable verdad de que sólo hay un Elemento en el Universo, la ciencia actual clasifica los metales a guisa de 'elementos' y sólo ahora está empezando a descubrir su grave error".
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