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3 de septiembre de 2026

¿Nos haremos dignos del Espíritu?

(The Aryan Path, abril 1930).

[B.M. es un asiático que vive en nuestra era según los métodos de su tierra originaria, y nos sentimos afortunados de obtener algunos informes sobre sus conversaciones con amigos íntimos. El Bhagavad-Gita es la obra que ha dominado a través de largos años de estudio y meditación, pero además sus escritos exhalan una fragancia curiosa, habiendo vivido de acuerdo con sus pautas y de modo más exitoso de lo que es posible normalmente. Los documentos fueron traducidos del idioma vernáculo, y debe entenderse que no son traducciones literales, por cuanto el transcriptor se adhiere más a ideas y principios que palabras. Aunque B.M. conoce el inglés, su inspiración se ve obstaculizada al emplear ese medio, por lo que prefiere no usarlo, e igualmente creemos que nuestros lectores encontrarán verdadero aflato en esta serie.-Editores].

"Al purificar el corazón, los devotos leales actúan con sus sentidos, cuerpos, mentes y comprensión, dejando todo interés propio" (Bhagavad-Gita, V, 11).

India rebalsa de flojos que se autoproclaman "sannyasis", y son aceptados como tales. No sólo desmejoran la economía de este ya pobre país, sino también constituyen una plaga al explotar la devoción de millones de aldeanos, especialmente las mujeres. Son siluetas falsas y transitorias, aunque débiles indicadores de los rarísimos Sannyasis e Hijos de la Luz. A estos individuos les saludamos con un sincero "¡namasté!"

El Gita es un libro de reglas y conducta para el Sannyasi real. Su quinto discurso se llama Sannyasa-Yoga, esto es, fervor mediante renuncia a la acción. En el shloka citado, encontramos a Sri Krishna describiendo al yogui genuino, y éste es una persona verdaderamente devota que realiza muchos tipos de obras. No se apoltrona con sus sentidos, cuerpo, mente ni su parte búddhica discriminativa.

Para nosotros es un tema de convencimiento que la emancipación de India está sujeta al número de Sannyasis verídicos que produzca. Con ese fin, debiera aventarse la idea de que defender y alimentar al gandul que actúa como "sannyasi" es ridículo, antiespiritual y una falsa benevolencia, ya que se está dando a la persona equivocada, en el lugar y momento erróneos.

¿Cómo puede India redituar verdaderos agentes místicos? Primero, entendiendo lo que implican Yoga y Sannyasa, y luego por unas pocas almas patriotas que se propusieron no hablar, sino practicarlos.

Un yogui toma el camino en la dirección de su propio Ser Interno, y al reconocerlo en calidad de amonestador y sustentador, comienza a obrar de modo inegoísta. Por su parte, un Sannyasi no renuncia a la ejecución de actos, sino al resultado del desempeño; cumple con el trabajo adscrito en la vida y sigue el curso del deber hacia la raza, los congéneres, amigos y enemigos, pero a la vez se esfuerza por cerrar su mente a placeres y dolores.

Estas definiciones aparecen una y otra vez al estudiar el Gita. El Mahatma que habla con su chela [discípulo] repite los conceptos del verdadero Sannyasa o Tyaga, y habla de Sí mismo y los Suyos como ejemplos de individuos que actúan, pues Su renuncia constituye los dulces frutos de Sus obras.

Hay otro aspecto importante: ningún verso del libro declara que sólo un brahmán o ario pueden ingresar al Camino de la Renuncia. ¿Pueden los musulmanes convertirse en Sannyasis y no ser desleales? Por supuesto. Todo sufí genuino es Sannyasi, cada derviche auténtico es Yogui, y la noble palabra Faqir ha sido tan prostituida por su aplicación a los "mendigos sin valor" como el nombre Tyagi.

¿Pueden los Parsis practicar yoga? Ciertamente, porque cada corazón Parsi es receptáculo para las brasas del Fuego Sagrado, que una vez encendido lo convierte en Hijo de Ahura Mazda. La advertencia de San Pablo también es inconcusa: "Si mora en ustedes el Espíritu que levantó a Jesús de entre los muertos, el que levantó a Cristo de entre ellos también avivará vuestros cuerpos mortales, por medio de su Espíritu que habita en vosotros" (Romanos, VIII, 11). Todo budista fiel recuerda a Gotama decir "¡mira hacia adentro, eres Buda!", y todo judío familiarizado con su Kabbalah conoce el trabajo alquímico para elevar su yo mortal hacia lo Inefable.

Cualquier hombre o mujer que exhiba un nuevo comportamiento ético puede transitar el Camino de la Renuncia. No necesitan abandonar sus casas o familias para instalarse en un bosque; sólo tienen que vivir de manera distinta. No cometen el pecado de olvidar sus deberes, sino realizan cada uno de ellos sin atender a las secuelas. Deben entrenar y cohibir sus sentidos, ejercitarse físicamente para continuar ágiles y saludables, estudiar y reflexionar lo que asimilan, y emplear el discernimiento nacido de sus meditaciones al consumar todo acto (1). En la completitud del proceso recordarán el objetivo de purificar el corazón; así, el cuerpo, los sentidos, la mente y sus poderes no son más que herramientas para llevar a cabo tal profilaxis.

(1) [N.del T.: En el mundo actual es imposible para muchísima gente poner en práctica estas medidas en su totalidad, por causa de varias presiones malintencionadas desde los medios, las "ideologías" popis, la pseudociencia económica y otros "respetables" excrementos. Bahman Wadia apuntó a ello cuando defendía sindicatos indios, alejándolos de la podredumbre comunista/capitalista con tal de superar el odio y los abusos que le caracterizan. Su intención era fomentar el trato digno y colaborativo entre TODAS las clases sociales, al contrario de lo que sucede hoy, cuando vemos que la inmensa mayoría de "dirigentes" o "influenciadores" evita a toda costa ser reemplazada por ciudadanos meritorios y ejemplares de otras castas].

No sólo importa lo que hacemos, sino también cómo se realiza. Es necesario evitar circunstancias que nos distraen de funciones congénitas; entonces, a lo que debemos prestar atención es al desempeño oportuno de todo lo que se debe hacer, y esto forja al verdadero Yogui, Sannyasi o Tyagi. En otras palabras, cumplir toda tarea independiente de las consecuencias, aprender que en todo momento de la vida el Alma se acendra, y semejante formación continúa al margen de si nos causa placer o dolor. El Alma crece tanto en opulencia como pobreza, pero más en el segundo caso.

Necesitamos disciplina pragmática, y el Gita muestra los pasos en cada nivel. El bárbaro en nosotros recibe su sentencia de muerte cuando nos energizamos y ocupamos con pensamiento y deliberación. Ser autosuficientes implica depender sólo del Gran Ser interno, y nunca de factores exógenos. La individualidad real debe trabajarse diariamente por esfuerzos autoinducidos y autoplanificados, y si bien los errores pretéritos pueden frustrarnos, hay que persistir y ascender todas las etapas de inteligencia, hasta lograr perfección. Comenzar esta odisea es vislumbrar la humanidad futura, donde no existe el caos moderno y llegamos a un ámbito más pulcro. A fin de disponernos, el Sabio aconseja: "Despierta mediante tu Ser y examínate por el Ser; así, autoprotegido y atento, vivirás feliz" (Dhammapada, 379).

B.M.
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