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3 de septiembre de 2026

Reflexiones sobre el Camino Esotérico

(The Aryan Path, enero 1930).

[G.T. Shastri, un viajero en muchos sentidos, recorre países y estudia metafísicamente periodos enigmáticos y llamativos del arte y la filosofía. Agradecemos la amable consideración que le impulsó a recordar tan apropiadamente el primer número de nuestra revista-Eds.].

"Para las almas viajeras, el Universo es un camino, al igual que tantos otros" (Walt Whitman).

La imagen del Sendero se ha utilizado desde tiempos inmemoriales para sugerir el desfile incesante y siempre progresivo de la Vida. Toda expresión vital, ya sea el alma de un átomo o sabio, parece recorrer lentamente un camino cuyos principio y fin se revisten de oscuridad e incógnitas.

Muchas de estas almas son empujadas a lo largo del Camino evolutivo por la fuerza de impulsos naturales, en tanto que otras se autoenergizan. Algunas tropiezan ciegamente en la ruta, y otro conjunto asciende de forma lenta y deliberada. Unas pocas, habiendo alcanzado la cima tras "serpentear cuesta arriba de continuo", hesitan en la encrucijada donde se divide el derrotero. A la izquierda se extiende una amplia y lisa carretera, que conduce a la liberación de todos los perjuicios carnales; a la derecha, una vía accidentada y pedregosa, invitando a la renuncia de uno mismo por el bien ajeno.

El Camino que siguen las almas inconscientes se halla muy lejos, y más todavía el de la Iniciación en los misterios del Ser, pero otros permanecen abiertos a nosotros. ¿Cuál elegiremos? ¿Continuaremos a tientas por la existencia, sin importarnos de dónde provenimos ni adónde vamos, o nos adentraremos con valentía en el Camino de la Vida, armados de determinación, humildad y fortaleza? El filósofo chino Kwang-Tze dijo: "Existe el Tao (Camino) del Cielo, y un Tao del Hombre. Ambos están muy separados y deben distinguirse".

La alternativa que muchos parecen escoger es aquélla donde los sentimientos y sensaciones dominan la vida, pero estas no son cualidades que nos diferencian en cuanto humanos, pues las compartimos con el resto de animales. El límite se define por la voluntad, nuestra imaginación creativa, el discernimiento y un anhelo de servicio altruista, potenciales que deben refinarse si queremos purgar el tenor humano y asumir un carácter divino.

"¡Sois dioses!", tronaba la voz del anciano rey salmista; "Yo soy, en verdad, el Brahmán Supremo", enunciaría, con tono más quieto, otro personaje antiguo. Estas poderosas palabras, que resonaron en los aposentos del Tiempo y hacen eco a lo largo de los siglos, fueron asimiladas por todos los individuos cuyos corazones estaban sintonizados con ellas. En la época dorada de Grecia, muchos reiteraron las enseñanzas pretéritas: el Nous de Anaxágoras no era más que una reafirmación del Brahmán hindú y el Nout egipcio, y la filosofía de Pitágoras, una reminiscencia del Aryavarta sempiterno. Meditando en el significado de dichos asertos místicos, Sócrates comprendió la divinidad de su propia naturaleza y mostró el camino del avance interno. También Platón y Plutarco escucharon y aprendieron sobre las características del alma. Igualmente nosotros debemos prestar oídos, si queremos sondear las profundidades espirituales, pues como dice Manu: “De todos los deberes, el principal es adquirir un conocimiento del Alma Suprema; es la primera de todas las ciencias, pues sólo ella confiere inmortalidad al ser humano”.

El Camino que da lugar al encuentro con lo Superior ha recibido muchos nombres, y la forma de alcanzar ese objetivo se explica de múltiples formas. Para cada temperamento, un modo particular parece más deseable, ya sea por devoción, sapiencia o trabajo abnegado, pero el Shu-King sostiene: "Llegamos por un montón de vías ramificadas y tortuosas a la comprensión de sabiduría. Veo que los árboles del bosque son de diversas clases y tamaños, y los que dan fruto no producen todo en una sóla rama".

Este punto de vista amplio y no sectario se encuentra dondequiera que hable un verdadero pensador (1). Sólo las mentes rácanas constriñen al mundo a su visión estrecha. El Sendero confucianista del Deber Filial es una de las tantas vías hacia el conocimiento, mientras el de la Virtud y Pureza era dilecto por Lao-Tzu. Podemos elegir entre las opciones que mencionó Krishna en el Bhagavad-Gita, o ajustar la escala de nuestro trabajo espiritual a la octava budista de rectitud en visión, voluntad, discurso, conducta, medio de vida, esfuerzo, concentración y pensamiento.

[(1) N.del T.: No pocos mercachifles "Nueva Sentimental-era" (incluidos los ufólatras) se sirven de este concepto para inundar el mercado con especulaciones babosas, que en poco o nada contribuyen al eclecticismo y cuestionamiento fidedignos de las religiones y sus sectas; más bien, esto indica el extremo opuesto del vasallaje literalista].

Mediante afinidades temperamentales, podemos recurrir a poetas, filósofos o instructores éticos durante la búsqueda de guía, o contemplar en "la flor del Cielo y las cámaras de Occidente" el curso que más se adapte al contexto propio. Pero al terminar el viaje, regresamos al punto de partida para descubrir que la senda existe en nosotros, y sólo nosotros representamos el Camino, la Verdad y la Vida.

El trayecto de la Vida Pura es aquel donde cada pensamiento, palabra y acto son generados por el Ser Interior. Cuando la flama del Motivo Puro se aplica en toda acción, el ser inferior o instintivo siente el dolor de la quema, y comienza el tiempo de agobio; sin embargo, el Ser no experimenta tristeza ni quebranto, y la visión de la pira donde es arrojado como sacrificio vivo sólo puede traer júbilo al Espíritu Supremo, iniciando entonces el Camino de la Dicha.

G.T. Shastri
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