(The Aryan Path, enero 1930).
[Wilhelm Stede, docente y doctor en Filosofía (Leipzig), es además experto en pali, lingüista excepcional y pensador lúcido. En una ocasión escribió: "Creo en no dejar pasar ningún pensamiento sin luchar contra él, como Jacob peleaba con Dios, hasta que Él lo bendijo, y se convirtió en parte de su ser interno". Nuestro autor es muy apreciado en la Escuela de Estudios Orientales de Londres, y de su actividad sostiene: "Me gusta enseñar, mas no soy profesor de la clase 'reguladora'". Stede es reconocido por su erudición, pero sus amigos lo describen a fuer de un hombre con opiniones e idearios espirituales intrépidos. Los lectores descubrirán que todas sus contribuciones poseen una cualidad dinámica, como la que antaño demostró Martín Lutero, antepasado suyo por línea materna.
En este sugerente escrito hallaremos ideas básicas y necesarias para deducciones claras, cruciales para una vida noble, y si así lo consideramos, sus párrafos postreros invitan a un viaje fascinante al mundo de la simbología. Los antiguos fueron instruidos por sabios mediante imágenes, figuras, jeroglíficos, ideogramas y logogramas, que representan el código primigenio en que se expresan infaliblemente las verdades universales. El lenguaje del Espíritu-Alma pierde su eficacia cuando intentamos articular incluso su alfabeto, y sólo la mente humana pura, como insinúa el autor, puede percibir el significado y la trascendencia de dichos emblemas que muestran la verdad del ser humano y el Universo.-Editores].
Cuando me informaron acerca de la nueva revista The Aryan Path, me sentí complacido y le deseé mucho éxito. Se me pidió que expresara una opinión sobre el tema del encabezado, y acepté en virtud de mi interés en ello. Presento mis observaciones meramente programáticas, desglosando el problema, sus limitantes e incidencias en nuestro esfuerzo por reconciliar (¡qué triste palabra!) Oriente y Occidente.
Sólo hay dos formas de lograr entendimiento recíproco: mediante comprensión de nuestras debilidades, o la común impotencia ante las enormes tragedias de la naturaleza. A éstas últimas pertenece el lenguaje, que si bien suele etiquetarse como "bendición", representa una de las mayores desgracias humanas.
El idioma es un gran obstáculo para el progreso armónico. A menudo es una herramienta engañosa que oculta los verdaderos sentimientos, pero la carga total sólo puede cuantificarse a través de una consideración más profunda de los nexos entre idiomas, orgullos nacionales y el "patriotismo". Es la diferencia en el idioma lo que da lugar al distanciamiento entre países, y al criterio estúpido de que algunos "son mejores que otros", basado en la ignorancia respecto al lenguaje foráneo. Los idiomas son el genio maligno del patriotismo, y lo peor de todo es que no podemos eliminar sus distinciones naturales. El esperanto es un fantasma en cuanto proyecto de código mundial; puede ser útil para los negocios, pero nunca reemplazará a otro natural, porque la vida y el desarrollo del idioma (una frase errónea pues aquél no tiene alma propia (1), y debería decir "ideas que encuentran expresión en sonidos humanos") proceden de manera subconsciente, sin que seamos capaces de regular estos manantiales vivos, ya que no podemos autogenerarnos. El mito de la Torre de Babel es verídico en sustancia, y así el lenguaje es un recurso de Mara, la creadora astuta del “no” y el “pero” (2).
(1) No comprendemos del todo el propósito de Stede. Nuestra Filosofía Esotérica Arhat enseña que "las lenguas tienen evolución cíclica, infancia, pureza, crecimiento, caída en la materia, mezcla con otras lenguas, madurez, decadencia y muerte" (La Doctrina Secreta, vol. 2, p. 199).
(2) Sin embargo, el sánscrito es llamado "lengua divina", ¿y no se vinculan acaso las 49 letras del alfabeto devanagari a igual cifra de "moradas dévicas"?
Es ridículo hablar y manejar un idioma sin anexos a la vida espiritual de quienes lo utilizan. Ello significaría tratar con quimeras o simples huesos, y no con la sangre de un cuerpo vivo. El lenguaje nunca está separado del corazón de un pueblo, del cual surge espontáneamente. Se puede adquirir uno aprendiéndolo, pero nunca entenderlo si no se vive; dicho de otra manera, no comprendemos un bagaje comunicacional, sino a las personas cuya alma se expresa en él.
El poliglotismo es un deporte riesgoso, que a menudo engendra pedanterías y la ilusión de "dominar sobre otros". Un conocimiento lingüístico superficial no es tan sólo una pérdida de tiempo, sino realmente dañino. Puesto que el habla refleja la mente humana, verbaliza errores pues constantemente nos malinterpretamos por expresión imperfecta de pensamientos, ya que tratamos con semejanzas, que suelen ser imaginarias. El idioma es un espejo de nuestro desarrollo indebido, y de ninguna forma es "regulatorio" al indicar el modo en que debieran hacerse las cosas. También es reflejo adventicio de estados anímicos y temores, sin constituir una "creación de la mente consciente"; en caso contrario, los malentendidos no serían posibles. Por estas razones, el habla es uno de los medios de comunicación más defectivos.
La lengua es objeto de estudio en muchas ramas del saber humano, y su importancia es innegable. Sin embargo, aquí nos ocupamos de la filología, considerada suprema por su carácter científico. Para circunscribirla en modo comprensible y prudente, se trata del análisis y la comparación de sonidos que, como lenguaje, se han vuelto racionales (es decir, adquirieron significado) con sus estructuras y combinaciones. No considera la psicología de expresiones antropomórficas subyacentes a la palabra, ni su valor filosófico cual semblante de la vida del Alma.
Expliquemos ahora tres conceptos atañentes a las visiones del mundo y el Universo, en orden ascendente de valor, según su influencia en la cultura del Alma y la relación de nuestra especie con fundamentos cósmico-creativos.
a) El prospecto científico, alejado de la Vida y la Verdad, pero muy consentido en nuestros días, que para "esclarecer" fenómenos debe "ultimar" y circunferir a su objeto con abstracciones de pesos y medidas. El ser humano, desde este ángulo, es un dato estadístico. Es la mirada microscópica donde la sucesión en el tiempo lo domina todo. Trata a los seres como máquinas, valorando las cosas en el sentido de "nada", "vacíos" o meros "signos de interrogación". Esta óptica es la principal causa de efectos desnaturalizantes y desintegradores, a menos que sea contenida por su opuesto (letra c).
b) La moda antropomórfica o primitivo-humana, que rodea todo con una malla de fantasías. Sus indicadores son miedo y disfrute, actuando siempre y en cualquier sentido desde su balcón personalista. El tiempo se convierte en poder, y el humano, creyendo que gobierna usando el tiempo y los valores artificiales del dinero, en realidad es esclavizado por ambos. Este enfoque produce ignorancia y tropiezos si no es ennoblecido por la siguiente noción.
c) La filosofía, de carácter macrocósmico y extrapersonal, que considera toda la existencia como manifestación de una sóla Vida, piensa en los humanos a guisa de entes animados entre miles de millones de otros, cree en valores eternos, busca sentido y propósito en la vida, y restaura la unidad de acción personal y colectiva. Sus radar es la esperanza, y su combustible el regocijo de la Vida Universal. No cuentan el tiempo, ni el dinero ni el poder, siendo reemplazados por ideales. El sentido prevalente se fundamenta en escudriñar debilidades e imperfecciones. Vida y muerte simbolizan cualidades cósmicas, jamás "asuntos insignificantes"; no causan desvelo, miedo ni orgullo, sino asombro y admiración porque la maravilla del hombre comienza donde deja de ser tal, es decir, cuando está consciente de sus características marchitables. Trata los fenómenos de la vida como esenciales, e intrínsecamente análogos en todas las formas.
Según estas consideraciones, ¿qué entendemos por un abordaje filosófico de la filología?
Filosofar implica unir todos los fenómenos a la base de nuestros entendimiento y emociones, llegar a ser lo más nítido posible acerca de nuestra postura y relación con el mundo en que nacemos y morimos. Sin embargo, debe quedar claro que esta referencia humana no es un asunto de "cerebro" o lógica, sino de potencial creativo. Se trata de revitalizar un hecho con su interminable variedad en la imaginación humana, o capacidad intuitiva en toda la especie (3), y no atañe sólo fantasías personales. Los procesos que ocurren en un ser son idénticos en todos, originados desde un cuerpo y mente universales, reflejados en millones de chispas llamadas "seres humanos" y otras categorías. Todos ellos comportan la misma calidad de Vida Universal. Mientras el lenguaje y su estudio científico son desconcertantes y engañosos, la filosofía restaura la sencillez y agudeza visionarias. Cuando nos ocupamos demasiado de lo abstracto y leemos constantemente, la vida se torna insípida y perdemos todo sentido de realidad, olvidando que cada palabra representa algo genuino e insondable, o un ente vivo que no comprendemos. Sin embargo, en el lenguaje pretendemos "abarcar todo" y "razonarlo", como si fuéramos "dueños absolutos" de dicho esplendor. El dúo lenguaje-razonamiento priva a la naturaleza de su vida original, voluntad, historia y derecho ínsitos. Sólo con buenas dosis de intuición (vipassana) y prácticas meditativas recuperaremos el sentimiento de nuestra relación primaria con la naturaleza y el mundo exterior.
(3) Los lectores obtendrán luz si chequean esto con La Doctrina Secreta, vol. 1, p. 272-73.
La filosofía no es nada "estéril" ni "muerto"; es la vida misma realizándose y recreándose en plena conciencia. No es una disciplina abstracta, sino un arte sumamente concreto y perfecto; tampoco es pensamiento, sino sentimiento. No se limita a ninguna ciencia mental o tónica de inspiración definida, ni se rige por otras coerciones, siendo así intensamente humana y omniabarcante. Toda visión del mundo es una filosofía (4), y comprende todos los rasgos esenciales de nuestros lazos con el Universo. El valor de un corpus filosófico reside en su cariz profundo y cosmopolita, y esto puede expresarse mediante unas pocas sentencias o en muchos libros; a decir verdad, menos valioso será un sistema filosófico o religioso cuanto más literatura proponga como justificación de su ideario. El parámetro fundamental es la concordia o nuestro sentido humano, en cuanto reflejo de la armonía del Universo ("cosmos"), un axioma intachable del corazón. Y esto queda mejor vertido en un capítulo del Satapatha que con 84.000 secciones de los Pitakas Pali. Es ridícula toda "filosofía" que repleta la mente y no el corazón, pues no tiene sello humano, y desde el punto de vista armónico, los Vedas y Upanishads son más meritorios (lo que equivale a "correctos" en nuestra interpretación) que Hume, Kant o Spencer.
(4) Por eso existen tantas filosofías, y algunas malévolas son muy populares en la actualidad-Editores.
La filosofía (o más bien todo pensador que tiene el coraje de aplicarla, y en esto se asemeja a reformadores místicos y profetas) asigna valor relativo a otras áreas de la actividad mental, las pone en sitios apropiados e imparte un elemento genérico de sentido común que la especialización descuida, y ésta a su vez simboliza el mayor peligro que la filosofía debe contrarrestar por todos los medios posibles. Especializar significa aislamiento, y si continuamos por su camino, estaremos infligiendo daños incalculables a las generaciones venideras. Debemos pensar en el futuro y hacer que la vida de nuestros nietos sea mejor que la de hoy, sopesando el destino de cuanta impudicia nos salga al encuentro. Debemos pensar más en la esencia y la sustancia, nunca en apariencias.
Es curioso y triste ver que mucha gente tiene pánico de "desperdiciar" cosas en virtud de que "cuestan dinero", sin percibir que lo monetario es únicamente ficción, y no se preocupa de si malgasta contenidos genuinos o primordiales. Con la acumulación de libros sobre temas específicos, agotamos la esencia de la mente y no el papel. La especialización involucra mecanizar y desviar tareas comunes; enemista a las personas porque crea competencia innecesaria y errónea, sobrenfatizando un pequeño punto del Todo que no tiene valor en sí mismo. Occidente perdió la actitud macrocósmica y el atributo mental, pues con su manía parcializadora no reverencia más la Unidad intrínseca. La medicina, los dogmas, las sectas religiosas o escalas en grados y exámenes, son señales de divisionismos horrendos y perjudican seriamente la Integridad de la Vida.
¿Cuál es, entonces, la base humana con respecto al lenguaje y la filología? Primero, no anhelamos conocer sólamente lo que denota una palabra (pues ello significa reemplazar un sinónimo por otro), sino qué es, el estado de conciencia que representa en el hablante nativo, o su efecto, y lo cual desplaza las fronteras analíticas. Así ocurre también con el arte y otras expresiones de la mente humana. No basta con perquirirlos desde el plano científico y antropomórfico (o crítica y estéticamente), sino debemos preguntarnos: ¿Qué llevó a las personas a hacer determinados actos? ¿Qué sentían? ¿Cuál era su propósito? ¿Y cómo representan una parte del Anima Mundi? Una pieza artística tiene que provocar la misma impresión que tenía su autor, y acercarnos a comprender el Espíritu del Mundo. En otras palabras, se evitará un desglose histórico para situarnos en igual espacio-tiempo y considerarlo bajo un modo perpetuo, sub specie aeternitatis. Nada puede explicarse por completo sin referirlo en última instancia a su Fuente Universal.
Segundo, al enfatizar el carácter subconsciente del lenguaje, lo maravilloso es apreciar cómo el sentido nace inconscientemente de la emoción. El humano siente, desea y se manifiesta en sonidos que crean palabras, y cuando les escudriña mediante la razón, descubre que hay un trasfondo súbito e impremeditado en ellas, de origen arcano, que constituye una revelación ipso facto del Universo racional. El problema no es dilucidar la forma en que el lenguaje se adapta al sentido, sino justo lo contrario. En consecuencia, debemos suponer que existe un sentido igual en la expresión de toda criatura, y podemos comparar su implicancia relativa o el significado de su lenguaje, y con una intuición egregia, llegar a conocer el idioma de todos los seres vivos.
Hay un factor llamativo en la interpretación lingüística más profunda: es imposible desde el raciocinio, pues la mezcla de creatividad y "cerebro" se fundamenta en lo que llamamos "azar". Siempre queremos saber demasiado, y este sector de la filosofía o psicología del lenguaje escapa por entero de la filología. El intelecto y sentido idiomáticos no residen en las palabras, sino en su disposición.
Así, un lenguaje de 400 palabras y otro que comporte 4000 pueden tener razón y explicar el Universo a su manera; el segundo de ellos, por intelecto y artificialidad hiperbólicos, arrasa con la sencillez y fuerza del vínculo natural entre imagen y sentido. Cuantas más palabras hay, más queda en lo incógnito; cuantas menos, más se complementa o evidencia con la imaginación, cual melodía de pocas notas e inevitablemente más expresiva o "pegadiza" que una sonata. Es un hecho que lo más efectivo no resulta obvio (ni parcial ni totalmente) y queda en el ámbito del ensueño. La Naturaleza silenciosa y espléndida descansa en este principio.
Otro gran peligro de cualquier estudio es tratar su objeto como "independiente" al ser humano. Hablamos del significado de palabras, el cambio de formas y casos gramaticales, etc., pero el vocablo no transporta la acepción real, ni es su forma lo que cambia; son fenómenos originados por dinámicas subconscientes en nuestros hábitos mentales. Tenemos que analizarlos si queremos esclarecer hechos filológicos; al igual que en mística, filosofía o las expresiones externas de la vida mental, debemos considerar la tesitura psíquica subyacente a dichas manifestaciones. Es absurdo decir que "Varuna" se "desarrolla", Mitra "se fusiona" con aquél, etc. Y si observamos esto psicológicamente, descubrimos que no hay desarrollo ni cambio, sino metamorfosis aparentes de la expresión.
Existe una rama de la filología que pretende resolver los crípticos orígenes de nuestras lenguas, y en última instancia los secretos mentales humanos, expresados en aspectos de mitología y sistemas religiosos. Fue en la época de Max Müller cuando esto se reforzó con la etimología, que iba a proporcionarnos el "verdadero significado de una palabra". Ahora somos más cautelosos, especialmente tras confirmar que no existe tal certidumbre, y todo significado (palabra por sí sola) es figurativo. Puedo repetirme un poco en las próximas observaciones, pero lo creo necesario ante la relevancia del tema.
Una palabra es la expresión de un sentimiento no basado en la lógica, sino en todo tipo de nexos mentales. La comprensión de un vocablo nunca nos facilita corolario alguno, e incluso a partir de palabras tampoco es factible extraer las ideas correctas; por ejemplo, Nirvana es una voz negativa, pero su ánimo es positivo, y la negación es sólo una variante psicológica de cierta postura, en efecto de igual valor.
La insania etimológica se equipara con el ocultamiento de cosas por su nombre, tan frecuente en nuestro tiempo, y la idea zopenca de que ha "desentrañado" todas las facetas del objeto al conocer su denominación. En vez de ignorar ésta última, no descansa hasta concebirla (5) y se queda en ángulos superficiales, cuando en realidad no progresa nada en su conocimiento.
(5) ¿No es acaso un impulso natural respecto a los verdaderos nombres de las cosas, y fracasamos al intentar conocerlos con métodos e intenciones erróneos? (Eds.).
Repito: el término no enuncia nada sobre el sentido o significado, es decir, el valor y propósito de algo, ya que el concepto "entender" no muestra en lo más mínimo lo que quiere decir por su etimología, ni la voz "pericarditis" señala qué es la cosa. Aquí entran todas las dicciones médicas engañosas, pues a través de ellas obtenemos una vista superficial del hecho/fenómeno y somos llevados a tomarlos como parámetros absolutos. Namaripa, sinkhya, anatta o "insustancialidad" no pueden asimilarse a partir de la etimología, pues ¿qué tiene que ver racionalmente la "sustancia" con "subyacer"? Es puramente casual que signifique esto, y según sabemos, podría referirse a "comprensión". El significado primario siempre reside en la casualidad, como todo incidente rudimentario que forma la base de la experiencia. Las palabras son "ladrillos" con que construimos el sentido, pero no tienen significado, y pierden su valía etimológica al devenir términos o títulos. Para comprender el trasfondo real (originalmente pretendido) de sankhya, no debemos tomar su procedencia como "categórica", ya que esto es mendaz. Sucede lo mismo con títulos de personas, que confunden respecto a la índole genuina de quienes los ostentan. Es fundamental aprender que las cosas se nombran por lo que parecen ser, y no lo que tienen. Se nombra algún objeto antes de su examen, y toda palabra es símbolo de apariencia.
En conclusión, filología y filosofía son disciplinas perentorias de la mente humana. El resultado de cada búsqueda, emoción y pensamiento se transmite en el lenguaje como depositario de la psique; y en esta época, se ha convertido en un medio defectuoso a medida que la especialización "científica" reduce el poder creativo del arte al análisis, la lógica intolerante y un sinnúmero de definiciones. La filología mata los ademanes espontáneos del corazón al preservar y estudiar la cáscara externa, a guisa del botánico que trastoca flores vivas en especímenes lánguidos; pero un filósofo tan dedicado como ambos devuelve la vida a su sitial con imaginación creativa, cual jardinero que cuida sus plantas o el artista que conserva apariencias efímeras en un lienzo realista de su mente.
Si queremos proteger no sólo un rastro de vida, sino recrear aquélla desbordante, genuina y plena del pasado como parte de nosotros (pues está contenida en la Fuente Universal y emana de ella), debemos insistir en el desarrollo de la filología mediante el quehacer filosófico. En última instancia podemos decir que éste se halla condicionado a la primera como elemento representativo, pero dicho esquema es una imagen más profunda que la simple palabra. Es un símbolo compuesto de múltiples términos (porque sólamente uno de ellos nunca engloba filosofía), plasmado en himnos, poemas o mitos. Toda explicación del mundo procede en imágenes, a través de vislumbres con que el Alma humana intenta expresar el Espíritu del Mundo, y la filosofía llena cada palabra con alientos de vida y la experiencia de sabernos unidos al símbolo, en forma invisible pero efectiva, tal como Aquél impregna las formas vivientes y perdura incluso luego de desaparecer.
W. Stede
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