(NOTA: la totalidad de artículos estará disponible en breve).

3 de septiembre de 2026

Reflexiones sobre el Camino Esotérico

(The Aryan Path, enero 1930).

[G.T. Shastri, un viajero en muchos sentidos, recorre países y estudia metafísicamente periodos enigmáticos y llamativos del arte y la filosofía. Agradecemos la amable consideración que le impulsó a recordar tan apropiadamente el primer número de nuestra revista-Eds.].

"Para las almas viajeras, el Universo es un camino, al igual que tantos otros" (Walt Whitman).

La imagen del Sendero se ha utilizado desde tiempos inmemoriales para sugerir el desfile incesante y siempre progresivo de la Vida. Toda expresión vital, ya sea el alma de un átomo o sabio, parece recorrer lentamente un camino cuyos principio y fin se revisten de oscuridad e incógnitas.

Muchas de estas almas son empujadas a lo largo del Camino evolutivo por la fuerza de impulsos naturales, en tanto que otras se autoenergizan. Algunas tropiezan ciegamente en la ruta, y otro conjunto asciende de forma lenta y deliberada. Unas pocas, habiendo alcanzado la cima tras "serpentear cuesta arriba de continuo", hesitan en la encrucijada donde se divide el derrotero. A la izquierda se extiende una amplia y lisa carretera, que conduce a la liberación de todos los perjuicios carnales; a la derecha, una vía accidentada y pedregosa, invitando a la renuncia de uno mismo por el bien ajeno.

El Camino que siguen las almas inconscientes se halla muy lejos, y más todavía el de la Iniciación en los misterios del Ser, pero otros permanecen abiertos a nosotros. ¿Cuál elegiremos? ¿Continuaremos a tientas por la existencia, sin importarnos de dónde provenimos ni adónde vamos, o nos adentraremos con valentía en el Camino de la Vida, armados de determinación, humildad y fortaleza? El filósofo chino Kwang-Tze dijo: "Existe el Tao (Camino) del Cielo, y un Tao del Hombre. Ambos están muy separados y deben distinguirse".

La alternativa que muchos parecen escoger es aquélla donde los sentimientos y sensaciones dominan la vida, pero estas no son cualidades que nos diferencian en cuanto humanos, pues las compartimos con el resto de animales. El límite se define por la voluntad, nuestra imaginación creativa, el discernimiento y un anhelo de servicio altruista, potenciales que deben refinarse si queremos purgar el tenor humano y asumir un carácter divino.

"¡Sois dioses!", tronaba la voz del anciano rey salmista; "Yo soy, en verdad, el Brahmán Supremo", enunciaría, con tono más quieto, otro personaje antiguo. Estas poderosas palabras, que resonaron en los aposentos del Tiempo y hacen eco a lo largo de los siglos, fueron asimiladas por todos los individuos cuyos corazones estaban sintonizados con ellas. En la época dorada de Grecia, muchos reiteraron las enseñanzas pretéritas: el Nous de Anaxágoras no era más que una reafirmación del Brahmán hindú y el Nout egipcio, y la filosofía de Pitágoras, una reminiscencia del Aryavarta sempiterno. Meditando en el significado de dichos asertos místicos, Sócrates comprendió la divinidad de su propia naturaleza y mostró el camino del avance interno. También Platón y Plutarco escucharon y aprendieron sobre las características del alma. Igualmente nosotros debemos prestar oídos, si queremos sondear las profundidades espirituales, pues como dice Manu: “De todos los deberes, el principal es adquirir un conocimiento del Alma Suprema; es la primera de todas las ciencias, pues sólo ella confiere inmortalidad al ser humano”.

El Camino que da lugar al encuentro con lo Superior ha recibido muchos nombres, y la forma de alcanzar ese objetivo se explica de múltiples formas. Para cada temperamento, un modo particular parece más deseable, ya sea por devoción, sapiencia o trabajo abnegado, pero el Shu-King sostiene: "Llegamos por un montón de vías ramificadas y tortuosas a la comprensión de sabiduría. Veo que los árboles del bosque son de diversas clases y tamaños, y los que dan fruto no producen todo en una sóla rama".

Este punto de vista amplio y no sectario se encuentra dondequiera que hable un verdadero pensador (1). Sólo las mentes rácanas constriñen al mundo a su visión estrecha. El Sendero confucianista del Deber Filial es una de las tantas vías hacia el conocimiento, mientras el de la Virtud y Pureza era dilecto por Lao-Tzu. Podemos elegir entre las opciones que mencionó Krishna en el Bhagavad-Gita, o ajustar la escala de nuestro trabajo espiritual a la octava budista de rectitud en visión, voluntad, discurso, conducta, medio de vida, esfuerzo, concentración y pensamiento.

[(1) N.del T.: No pocos mercachifles "Nueva Sentimental-era" (incluidos los ufólatras) se sirven de este concepto para inundar el mercado con especulaciones babosas, que en poco o nada contribuyen al eclecticismo y cuestionamiento fidedignos de las religiones y sus sectas; más bien, esto indica el extremo opuesto del vasallaje literalista].

Mediante afinidades temperamentales, podemos recurrir a poetas, filósofos o instructores éticos durante la búsqueda de guía, o contemplar en "la flor del Cielo y las cámaras de Occidente" el curso que más se adapte al contexto propio. Pero al terminar el viaje, regresamos al punto de partida para descubrir que la senda existe en nosotros, y sólo nosotros representamos el Camino, la Verdad y la Vida.

El trayecto de la Vida Pura es aquel donde cada pensamiento, palabra y acto son generados por el Ser Interior. Cuando la flama del Motivo Puro se aplica en toda acción, el ser inferior o instintivo siente el dolor de la quema, y comienza el tiempo de agobio; sin embargo, el Ser no experimenta tristeza ni quebranto, y la visión de la pira donde es arrojado como sacrificio vivo sólo puede traer júbilo al Espíritu Supremo, iniciando entonces el Camino de la Dicha.

G.T. Shastri
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Un resumen histórico del Saiva Siddhanta

(The Aryan Path, enero 1930).

[S. Sankaranarayana, licenciado en derecho y doctor en filosofía, pertenece a una respetada y opulenta familia brahmín Zamindar en el sur de India. Su labor polímata es reconocida, componiendo artículos jurídicos y educativos, pero sus principales admiradores son los estudiantes de filosofía que se benefician de contribuciones originales como "Do Finite Individuals Have A Substantive or an Adjective Mode of Being?", "Panchasti Kayasara", etc. Actualmente investiga sobre el Saiva Siddhanta y promete obsequiar a nuestros lectores el fruto de su labor.-Eds.].

El Saiva Siddhanta es una rama olvidada de la filosofía india. Está escrita en tamil acendrado, resulta difícil de comprender incluso para el mayor experto, y gran parte de la literatura análoga se encuentra en hojas de cadjan (1). La apreciación y publicidad de dicha sabiduría se ven obstaculizadas ante el deseo innato de conservadurismo, casi insuperable, y por preservar esta obra como propiedad del mutt (2) Thiruvaduthurai (3), donde se encuentra depositada, junto con una celosa vigilancia sobre los extraños que buscan conocimiento. Todos quienes desean aprender su contenido deben cumplir formalidades disciplinarias, y someterse a un curso regular de entrenamiento sistemático para obtener upadesa (iniciación), inclusive como estudiantes de sánscrito en un Veda Pathasala brahmín.

(1) Antiguamente los indios utilizaron hojas de palmera, cuando no se fabricaba papel, y en lugar de escribir con péndola y tinta, inscribían letras en ellas mediante plumas de hierro. Luego estos folios eran unidos con sogas, formando volúmenes al igual que los libros modernos. Todas las obras originales de la Antigüedad sólo se encuentran en esos compendios, celosamente conservados durante generaciones, y son menos susceptibles a la acción destructiva de las hormigas blancas que el papel.

(2) Monasterio o centro ascético hindú (N.del T.).
(3) Este es un mutt variopinto a unos cinco kilómetros de la estación ferroviaria Narasingampet (India austral). Su origen dataría del 1200 d. de C., y está presidido por el Sanyasin Pandarasannadhi, líder espiritual de todos los saivitas y bajo cuyo mandato se colocan todas las propiedades del sitio. También podemos encontrar cierta literatura en los mutts Dharmapuram (tres kms. de la estación Mayavaram), Suryanarkoil (Thirumangalakudi, cinco kms. del terminal Aduthurai), Vellaichandanam (Nachiarkoil, diez kms. del apostadero Kumbakonam), Annappanpettai (tres kms. de Mariammankoil, línea Tanjore-Nagore) y el dirigido por Hajapanatesa Pandarasannadhi en Tiruvarur, pero la miscelánea es prácticamente insignificante en comparación con Thiruvaduthurai.

De hecho, el Saiva Siddhanta constituye el Veda para la secta Saiva del sur indio, compuesta principalmente por no-brahmanes. La historia cuenta que Siva impartió los Vedagamas (es decir, que incluyen Agama) con el objeto de rescatar las almas finitas. Según el Saiva Siddhanta, veda significa "arma" o "instrumento sapiente" de Păthi (Dios), Păsu (Alma) y Pāsăm (sentidos). Āgămă designa lo que "proviene o desciende de Dios", y también puede entenderse como Ā (Pāsăm), (Păsu) y (Păthi), el sastra o código que explica esas tres cualidades. Igualmente, "Ā" podría denotar Sivagnana, "gă" moksha y "mă" "destrucción de los sentidos", en cuyo caso Agama indica el sastra que enseña conocimiento divino a las almas cuando nuestra parte sensoria queda anulada.

Los Vedagamas impartidos por Siva se dividen en Karma Kanda y Gnana Kanda. El primero versa sobre ritos ceremoniales y no es de gran importancia para el estudiante de filosofía, mientras el segundo aborda los Upanishads y el Vedanta. Si la parte Upanishad del Gnana plantea la deificación de objetos particulares como el Sol y la Luna -adscritos a Brahman-, el apartado Vedanta o Sivagama presenta a Siva cual único Brahman, y explica los objetos particulares mencionados en los Upanishads como manifestaciones parciales de Aquél. Dejando a un lado la parte tántrica (4), el número de Sivagamas asciende a veintiocho.

(4) Esto es muy sabio. Las prácticas de yoga incluidas en los Sivagamas y toda obra tántrica célebre son peligrosas y deben eludirse. Para el caso del Raja Yoga, no es útil ningún libro existente; pueden albergar indicios del Hatha Yoga que ofrece estrategias conducentes a la mediumnidad lesiva, lo cual incluso provocaría muerte (Eds.).

La tradición cuenta que Nandhi aprendió estos veintiocho Sivagamas de Srikanta. Perplejo ante las contradicciones en esos textos, Nandhi preguntó cuál era verdadero y el maestro apuntó a los sutras Rourava Agama, impartiéndole su conocimiento. Desde este periodo han habido sucesiones regulares de maestros-alumnos, hasta que el lector es llevado rápidamente a la secuencia de Sishyas descrita en los muros inexpugnables del Thiruvaduthurai Mutt: Sanatkumara, Sri Meikanda Deva, Arulnandhi Sivacharya, Maraignanasambanda Sivacharya, Umapathi Sivacharya, Arulnamasivaya Desigar, Namasivayamurthi y los Gurumurtis (5).

(5) Esto recuerda al Bhagavad-Gita (IV, 1-3), el Mundaka Upanishad (I, 4-5) y otros libros sánscritos. Es una idea bien conocida en el mundo antiguo que la Sabiduría era transmitida generacionalmente de maestro a educando, quien a su vez se convertía en enseñante de otros discípulos (Eds.).

La filosofía del Saiva Siddhanta se encuentra de primera instancia en el Sivagnana Botham por Sri Meikanda Deva. Los principios contenidos allí se amplifican e ilustran aún más en los trece Siddhanta Sastras: “Sivagnana Siddhiar" e "Irupa Irupakthu” (Arulnandhi Sivacharya); “Unmaivilakkam” (Manavasagam Kadanthar), "Thiruvundiar" y "Thirukalitrupadiar" (Uyyavanda Devar), y el octeto “Sivaprakasam”, “Unmainerivilakkam”, “Kodikkavi”, “Viva Venba”, “Nenjuviduthuthu”, “Sankarappanirakaranam”, “Potripahrodai” y “Thiruvarutpayan” (Umapathi Sivacharya); asimismo, son invaluables el comentario y Bhashya por Sivagnana Swamigal. Ninguno de dichos capítulos existe en inglés y todos fueron escritos en tamil de gran calidad.

Es muy difícil asegurar si el Sivanana Botham es ario o dravídico en origen. Ciertos escritores saivitas y ortodoxos como T. Sundaram Pillai, Pandit D. Savarirayan, T. Ponnambalam Pillai o Virudhai Sivagnana Yogigal, concuerdan en que la obra tamil dio origen a su versión sánscrita, y afirman que el capítulo "Pāsăvinōchănăpădălăm" (Rourava Agama del Sivagnana Botham sánscrito) es una traducción posterior. Sin embargo, el comentario al segundo sutra (Sivagnana Swamigal) comienza con Advaita abruptamente como una proposición axiomática, y está claro a partir de la evidencia interna que el texto sánscrito es anterior. Si bien el Rourava del volumen tamil se copió de aquella lengua, es extremadamente improbable que sólo el Pāsăvinōchănăpădălăm análogo se haya transcrito del tamil, aunque la fecha del Botham por Meikanda Deva podría fijarse en el 1200 d. de C.

El Saiva Siddhanta posee rasgos sui generis. Otros sistemas catalogan doctrinas foráneas a modo de "irreales", pero el Saiva adopta los principios comunes a sí mismo y las enseñanzas dispares. No se basa en sruthi ni percepción, sino que procede únicamente por inferencia. El Sivagnana Botham refiere al sastra que inculca la verdad de los Agamas al discernir el principio subdural a todos ellos, es decir, orienta a la comprensión justa de las cualidades de Păthi, Păsu y Pāsăm.

En pocas palabras, la enseñanza del Botham es que existen Dios, los sentidos y el alma. La Divinidad sólo puede ser conocida por revelación, al tiempo que el alma es un vínculo entre ella y lo sensorial. Mediante la práctica cuidadosa en vidas remotas de Sariyai, Kriyai y Yoham (de conformidad, tapas con piernas, manos y mente), el alma logra su verdadero estado, proscribe la conexión mundana y regresa a Dios. El conocimiento supremo llega al liberarse de Malam ("suciedad de la ignorancia"), meditando en Panchakshara (las "cinco letras" que componen el vocablo Namasivaya) y fundiéndose con Brahman. Al seguir este camino incesantemente, el devoto termina por adquirir el nivel de Jivan-Mukta.

S. Sankaranarayana
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La Ley de los Ciclos y el Karma

(The Aryan Path, enero 1930).

["Ocultus" es un aprendiz de Teosofía, cuyo artículo es tan sugerente como estimulante.-Editores].

La visión astronómica más reciente declara que el Universo es finito. Tiene límites invisibles a nuestros sentidos, pero previstos por los matemáticos. Pronto se ocuparán de otras mediciones y proclamarán que posee forma ovoide, al igual que muchos antiguos Iniciados, que le llamaron Brahmanda o "huevo de Brahma".

Hoy vemos el intento por algunos dogmáticos religiosos de excluir al "creador del Universo", que la ciencia ahora considera circunscrito, lo cual significa aceptar una verdad a medias y trastocarla en mentira. El espacio universal tiene fronteras en el sentido de que nuestro cuerpo físico también las comporta, aún cuando se organiza desde la Materia Indestructible [Primigenia] o Inmortal. Tímidamente, la ciencia infiere o percibe la existencia de ésta última, si bien los antiguos conocían la naturaleza de Svabhavat o esencia plástica de la materia.

El Universo tiene principio y fin, pero no Svabhavat, su índole vital y formativa. Dice un texto místico: "Alrededor de este Brahmanda (sistema solar) resplandecen millones de otros Brahmandas. Cada uno tiene su envoltura ('cascarón'/esferas que albergan destellos del Ser Superior); hay porciones de Narayana con cuatro caras, cinco y sucesivamente hasta mil, en quienes predomina Rajoguna, y todas despliegan sistemas mundiales, cada uno con su deidad regente. También están ahí Vishnu y Maheshvara, aspectos de Narayana, en quienes predominan Sattva y Tamogunas, realizando trabajos de preservación y exterminio, sostenimiento y regeneración. Estos Brahmandas (universos) nadan como peces en el Océano de la Existencia; explotan cuales burbujas en la Faz de la Profundidad eterna".

Prabhava y Pralaya, o etapas de surgimiento y desintegración de cualquier universo, eran reconocidos en la ciencia antigua y ahora comienzan a estudiarse. En el laboratorio de estos globos espaciales, surgen a la vida múltiples sistemas y Cosmos que evolucionan y terminan a modo de un cuerpo humano. Así afloran periodos de nacimiento y muerte, y el canon que los rige era y es llamado en Teosofía como Ley de los Ciclos, cuyas reminiscencias vemos en el kuklos griego y las yugas hindúes. Los ciclos se figuraban mediante círculos y "ruedas de vida"; los ocultistas del pasado ejercían un área de las matemáticas superiores que abordaba dichas series, y hoy ocurre también entre sus pocos herederos.

Los símbolos fueron medios predilectos de enseñanza, utilizados por quienes auscultan los misterios del Universo relativos a la Naturaleza, es decir, el funcionamiento de Svabhavat. Nuestra especie aprendió de memoria, a menudo sin comprensión intelectual, y quedó impresionada por tales contenidos; incluso siente y responde instintivamente a las experiencias del "viejo mundo" en medio de la barbarie actual de Kali Yuga o Edad de Hierro. En India, la "danza de las Gopis" alrededor del dios solar Krishna representa la circunvolución del Zodíaco. Tal y como el Astro Rey viaja por este círculo -un movimiento mayávico-, cada gopi veía junto a ella la figura móvil de Aquél. Similar era el trasfondo del baile ejecutado por las amazonas en torno a una imagen priápica, signo de la energía creadora y proveniente del Alma Inmortal.

Toda evolución es cíclica y emerge desde un punto. La vida suele ir en espiral hacia adelante y arriba, creando ruedas pequeñas o grandes, llamadas chakras; por ejemplo, Vishnu denota una serie evolutiva particular. Todo lo que nace de su progenitor hereda la facultad de moverse en círculos, y a su vez cada uno genera otros menores. Los recién nacidos toman el poder análogo de sus padres, pero crean ciclos propios. Por esta razón, en el mundo antiguo los cumpleaños tenían significancia religiosa y eran celebrados mediante prácticas espirituales.

Toda vida particular se compone de ciclos, como los estados de ánimo buenos o malos, que vienen y van de forma alternada. La concentración necesita regularidad en su práctica para lograr éxito, demostrando que la mente se comporta de modo cíclico. Los galenos recomiendan horarios fijos de comida al objeto de preservar la salud, y sus píldoras deben ingerirse en intervalos medidos para curar enfermedades. El "retorno de impresiones" es otro hecho, y cualquier persona inteligente puede observar el fenómeno en su vida.

La reacción (o efecto) es una respuesta cíclica de cierta causa; por lo tanto, acción y reacción son iguales y opuestas, originando el Círculo de Karma. En consecuencia, libre albedrío y determinismo forman ciclos. Somos libres de hablar, mas no para sentir la réplica de nuestro discurso; asimismo, escuchamos el eco montañés según la fuerza que haya en nuestro grito. A menudo, el Karma se confunde con un "destino inamovible", que constituye sólo un aspecto. Esta Ley es origen y resultado; el libre albedrío humano fortifica los actos y determina la calidad de sus frutos. Debido a que actuamos sin conocimiento, o al respirar y digerir involuntariamente, describimos el efecto cíclico de nuestros pensamientos, emociones, asertos y obras como "determinados sólo desde fuera" y no por nosotros, mientras la Sabiduría dice "toda respuesta nace de una acción"; cada pareja de causa-efecto es circular, aunque tiene continuidad en movimientos espirales. Las causas llevan a desenlaces, y éstos ocasionan más motivantes. De esa manera, la filosofía Vaiseshika considera el Karma como "desplazamiento", o una de las siete categorías de eventos y cosas visibles.

La forma segura de dominar el tema de los ciclos es observar su funcionamiento en nosotros. En la fase prenatal, el cuerpo humano se desarrolla de acuerdo a tramos por semanas, conectados con movimientos lunares, y las patologías entre niños o adultos también señalan influencias de la Luna, como reconocerán los médicos perspicaces. Hay además ciclos mentales todavía menos deducidos, relacionados con movimientos solares, y otros de clase psicofisiológica que apuntan a nuestro satélite natural. Varios maestros de esoterismo realizan técnicas guiándose por periodos solares y afectando la vida de sus discípulos. Todo este conocimiento sublime se perdió en el mundo contemporáneo, dando lugar a falsificaciones supersticiosas y muy extendidas, como por ejemplo la mal denominada "astrología".

Igualmente existen ciclos nacionales, y su estudio es clave en historia oculta. Quienes conocen los eventos subyacentes a la marcha de distintos países pueden avizorar cuándo uno de ellos sufrirá tal o cual cataclismo, pasará de la esclavitud al poder, o caerá en vasallaje. Hemos oído hablar del inminente surgimiento de India al "servicio del mundo"; sin embargo, no es mediante independencia política que se producirá este ascenso a la eminencia, pues millones de sus habitantes pueden seguir sometidos a la ignorancia, superstición e incluso artimañas "gubernativas", aunque los británicos hayan abandonado sus costas. Se dice que el renacimiento espiritual está "próximo", y los mayores enemigos de India no son extranjeros, sino muchos de sus vernáculos, quienes en nombre de la "religión" avientan supercherías, mezclan libertad con libertinaje, recurren a la soberbia para justificar el "patriotismo", y utilizando el concepto de "progreso" fomentan la anarquía social y de otras clases. Cuando algunos indios revaloren el estudio de la Sabiduría Sagrada de sus Rishis vivientes, purificando el carácter y ennobleciendo su conducta, aprenderán que el camino de este país hacia la gloria no pasa por meras acciones "políticas", sino por la conquista del yo inferior e interno mediante el Ser Superior y Divino.

Ocultus
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El poder de la pasión

(The Aryan Path, febrero 1930).

[B.M. es un asiático que vive en nuestra era según los métodos de su tierra originaria, y nos sentimos afortunados de obtener algunos informes sobre sus conversaciones con amigos íntimos. El Bhagavad-Gita es la obra que ha dominado a través de largos años de estudio y meditación, pero además sus escritos exhalan una fragancia curiosa, habiendo vivido de acuerdo con sus pautas y de modo más exitoso de lo que es posible normalmente. Los documentos fueron traducidos del idioma vernáculo, y debe entenderse que no son traducciones literales, por cuanto el transcriptor se adhiere más a ideas y principios que palabras. Aunque B.M. conoce el inglés, su inspiración se ve obstaculizada al emplear ese medio de expresión, por lo que prefiere no usarlo, e igualmente creemos que nuestros lectores encontrarán verdadero aflato en esta serie.-Editores].

"Así como la llama se envuelve de humareda, un espejo por óxido, y el útero alberga al feto, el Universo también está rodeado de pasión" (Bhagavad-Gita, III, 38).

El activo sortilegio de prakriti o la naturaleza se exhibe en y por la ley del contraste. Luz y Oscuridad son las formas eternas del mundo, y asimismo esta dualidad funciona en nosotros; como resultado, tenemos dos naturalezas: la más elevada o similar a un dios, y la más baja de índole demoníaca (1).

[(1) Hoy muchísimos neoeristas y "filósofos" gustan equiparar las ideas metafóricas de "luz/oscuridad" con "bien/mal" al pie de la letra, e incluso existen psicologuchos dogmatistas del axioma mendaz "toda luz proyecta sombra". En el primer caso, la Naturaleza es NEUTRA, y como bien dijo un Mahatma de Teosofía, lo malo tiene su raíz única y exclusivamente en desarmonías producidas por la mente humana; para el segundo problema, la sombra se genera sólo cuando hay obstáculos perceptibles y definidos a la luz, con o sin malas intenciones (N.del T.)].

Quienes son lo suficientemente valerosos para enfrentar la propia psique, están conscientes sobre la existencia de una voluntad asúrica o perversa; cuanto más atrevido es el escrutinio, más hórrida es la visión de nosotros como demonios encarnados, y esto engendra abatimiento.

Reunimos coraje y luchamos a brazo partido, tomando la solemne promesa de "no equivocarnos" en la esfera de la pasión, o "no caer en actos iracundos y ávidos". Entonces comienzan los verdaderos problemas, y decimos con San Pablo: "Lo que quisiera, eso no lo hago, pero lo que odio, eso lo hago" (Romanos, VII, 15).

Esta es la zozobra de Arjuna, el fuerte luchador armado que persigue la perfección cuando pregunta a su Gurú Krishna: "¿Por qué, oh Varshnaya, el hombre se ve impulsado a cometer ofensas, aparentemente en contra de su voluntad, y obligado por alguna fuerza secreta?" Esta incidencia, responde el Maestro, es Kama o pasión, enemiga del ser humano en la Tierra y la primera de las tres avenidas hacia el Infierno.

La mayor parte del tiempo nuestro conocimiento y discriminación están viciados por Kama; a su vez, ella energiza nuestros sentidos y órganos de acción corporal. Su influencia sutil es abismática y llega lejos, nubla al Señor interno y nos separa de Él. Todas estas consideraciones hacen que los individuos se sientan desesperados, y abandonen la pelea justa. ¿Quién puede culparlos por querer retirarse de este Kurukshetra, el campo de Guerra Santa? Es más fácil matar a un tigre en la jungla o derrocar al tirano del Estado, que subyugar a este adversario del Dios interno.

Krishna señala que dicho rival puede dominarse, conociendo la naturaleza del Señor Ishvara en el corazón de cada persona, invocando Su ayuda y fortaleciendo el ser inferior mediante Aquél. Este es el compendio de Su discurso sobre Karma Yoga, o la vía correcta de suscitar acciones. En un sólo verso se da la respuesta profunda, y su entendimiento necesita reflexión, mientras que la práctica demanda trabajo continuo por varios años.

Según nuestros Shastras, Kamadeva es hijo de Dharma (Deber) y Shraddha (Fe), ¡y sin embargo, se encarga de torturar al principio de Atman en nosotros! Tal es su poder mayávico. Se afirma que la Voluntad nació de Kama-Deva; los antiguos hermetistas sostuvieron "detrás de la voluntad se encuentra el deseo", y el Rig-Veda apunta al surgimiento primario del Deseo en la Primera Causa Desconocida. Si extrapolamos estas ideas metafísicas al ámbito humano, podemos decir que todos nuestros pensamientos, sentimientos, resoluciones y actos proceden de Kama: algunos pertenecen a formas concupiscentes/bajas, y otros implican amor y compasión, mas todos ellos nacen de la misma Fuente.

En medio del engaño buscamos distintos "veneros", asignando unos a lo Divino y otros a demonios -ambos "fuera del humano"-, pero su origen está en el corazón. Una corriente va hacia lo alto y se manifiesta en altruismo, conocimiento y obras reflexivas; la otra desciende para producir lujuria, gula y avaricia. Nuestros pensamientos y emociones pasados, junto con la voluntad resolutiva, producen la génesis de Ahura-Mazda y Ahriman, Suras y Asuras. ¿Quién no está familiarizado con deseos innobles? Y también no hay muchos que conozcan la naturaleza y el trabajo de sus opuestos.

El Ser Superior humano, con sus facultades discriminantes [Buddhi] y pensativas [Manas], se llama tríada espiritual; y el hombre marchitable (cuerpo físico, energía/vitalidad o Prana) compone el segundo terceto. Kama funciona a guisa de mediador entre estos "bloques", habiendo deseo en y desde lo superior, como además en y procedente del aspecto inferior. Los órganos y sentidos materiales son instrumentos de anhelos espernibles, mientras la intuición fina y una mente aguda suelen reflejar ansias supremas.

Decimos que alguien es malvado cuando lo repletan móviles indignos y les da pábulo; si hay aspiraciones egregias, tenemos a una persona buena y noble. En la mayoría de ciudadanos vemos una mezcla de bien y mal, y es tan persistente que se considera "normal" e "inalterable". Esto se debe a su falta de autoconocimiento, ignorancia relativa al origen en ambos tipos de deseos y cómo éstos aparecen continuamente, hasta que en alguna forma se entiendan sus dinámicas y nuestra índole benigna.

Se dice que las pasiones superiores son tres: (1) adquirir Sabiduría respecto al Ser Divino en toda criatura; (2) buscar compañía de santos, es decir, quienes poseen dicho tesoro perpetuo, y (3) aplicar las Enseñanzas cotidianamente. El punto de inicio para reformarnos es despertar una o más de esas tónicas, y no necesitamos esperar que afloren solas, pues debe haber ánimo constante por desarrollarlas.

Sin conocimiento, ninguna guerra puede llevarse a cabo con éxito, y ésta es la mayor de todas las conflagraciones, en que determinamos vencer nuestra tiniebla moral y mental con perspicacia certera. Así, el Gita ofrece un camino práctico, por lo que su estudio es muy necesario.

B.M.
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Budismo, prudencia y sentido común

(The Aryan Path, enero 1930).

[Masatoshi Gensen Mori es japonés, cuyo reciente trabajo Buddhism and Faith ha concitado gran atención. Simpatizamos con el tema de su artículo, y coincidimos en general con los criterios vertidos.

Las normas éticas que enseñó Gautama Buda no son propiedad exclusiva de sus seguidores declarados, ya que representan el alma de todas las religiones, y como tales, pertenecen a todo país. Estos principios de conducta siguen vigentes en el budismo, aunque en otras creencias fueron sustituidos por rituales y dogmas. Es por dicho motivo, aparte de varios más, que recomendamos estudiar el legado del Despierto, practicable incluso en nuestra era de egoísmo y competencia diabólica, como bien señala el autor. La "civilización" moderna tiene mucho que aprender al respecto, extasiada por el pergenio físico del ser humano y la búsqueda de placeres o comodidades mortales. Gran parte de la lucha por subsistir y la fiebre modernista podrían aliviarse si adquiriéramos, al menos en cierta medida, el desapego budista por lo fugaz y evanescente, buscando refugio en conceptos magnánimos. Es interesante leer lo que sigue a la luz de esta cita por Madame Blavatsky:

"La suya [de Gautama] es la única religión absolutamente incruenta entre todas las existentes; tolerante y liberal, enseña la compasión y caridad universales, el amor y autosacrificio, la modestia y satisfacción con la propia suerte, sea cual sea. Nunca le han deshonrado actos persecutorios ni el yugo de la fe a sangre y fuego. Ningún dios que vomita truenos y relámpagos ha interferido con sus castos mandamientos; e indudablemente llegaría un periodo de paz y felicidad en todo el mundo si se adoptara el código sencillo, humano y filosófico de la vida cotidiana, que nos transmitió el Reformador más grande conocido" (Glosario Teosófico).-Editores].

Un célebre filósofo budista de Tokio advirtió recientemente a sus coterráneos contra la moda in crescendo de buscar fuera de uno mismo las vías para satisfacer anhelos propios, o minimizar las penas existenciales. El fenómeno es regular en Japón y otros países, pero viene acentuándose con el arribo de la civilización occidental. Mientras que antaño el pueblo aprendía a resignarse ante los efectos de su karma, hoy millones consideran un "derecho" y "deber" combatir esos males de la mejor forma posible, sin reflexionar seriamente sobre las causas. Un maestro de Dhyana sostuvo: "Apaga las llamas de tu mente, y te sentirás fresco y renovado en medio de un gran incendio"; sin embargo, esto no atrae a los japoneses modernos e imbuidos de ideas occidentales. Ignoran a quienes en apariencia "se someten al destino", agregando que las disciplinas científicas muestran el rumbo hacia "el dominio de la naturaleza". No se acobardan ante nada en su afán pueril por cambiar el entorno, pero aún permanecen insatisfechos con su suerte. Y no es de extrañar, porque en la locura para doblegar el mundo físico, han olvidado cómo controlarse.

Ahora podemos, hasta cierto nivel, reducir las molestias físicas originadas por condiciones climáticas y de otro tipo. La medicina y el saneamiento barren con múltiples patologías y prolongan la vida. Se aumenta la productividad y equilibra la distribución a través de métodos científicos eficientes. Son bienvenidos estos avances o mejoras en la civilización material, siempre que estén calculados para liberar energías humanas en pos de actividades más duraderas.

Sería un craso error acusar al budismo de "indiferencia" ante tales progresos. Uno de los principios cardinales de esta religión constituye el servicio social en los términos más elevados, y la historia japonesa relata muchos casos inspiradores en todos los estratos. Sin embargo, brindar bienestar material a los semejantes no es el verdadero fin de un budista. Tiene, por así decirlo, un doble propósito: no debe ser útil sólo con miras a obtener méritos para su alma, sino también lograr que otros aparten sus pensamientos de los problemas cotidianos más apremiantes, dirigiéndolos hacia ideas espirituales permanentes y allanando así el camino a la salvación íntegra. Por lo tanto, un budista no debe molestarse ni experimentar decepciones intensas frente a la ingratitud humana, porque la caridad contempla al unísono su propio beneficio espiritual y el alivio de otros.

Con frecuencia, el budismo ha sido interpretado negativamente, y achacándole "inadecuación" para el progreso. Se le atribuye "pesimismo", "fatalismo", "pasividad" y todo lo contrario a una era de competencia internacional. Nadie se atrevería a negar que el estado contemporáneo de las relaciones sociales y entre países dista mucho de ser aceptable, y sin duda lograríamos bastante para aliviar la fiebre de rivalidad y celos si se pusieran en práctica algunas enseñanzas "negativas" del budismo. Es totalmente arbitrario insinuar que esta religión "se opone a cualquier desarrollo o a la ciencia", o "tiene una intrínseca actitud negativa hacia la vida". Ya conocimos un ejemplo más positivo tras la práctica de la compasión, y agréguese ahora la forma negativa de los mandamientos budistas. El primero de ellos dice "no destruirás la vida", y siguiendo esto al pie de la letra, se llegaría a la estupidez de rehusar el empleo de vermicidas. Los productos antisépticos tendrían que prohibirse por implicar destrucción de innumerables bacterias, las formas más elementales de vida. Además, habría que dejar la patria a merced de invasiones foráneas, ya que combatirlas significaría "hacer la guerra". Dado que incluso una dieta vegetal requiere comer plantas, el resultado lógico del servilismo a la letra textual sería un suicidio lento e ignominioso. Pero la autodestrucción, ya sea por mano propia, hambre impuesta, enfermedades o plagas, sería en sí misma una clara transgresión de dicho mandamiento.

Este primer canon budista es realmente constructivo en espíritu. Los mejores maestros de Dhyana en Japón la explican así: "Debes valorar la vida, en ti mismo y los demás". Al desaprobar la biodestrucción innecesaria, implica en sí todas las demás prohibiciones, como son aquéllas respecto a maneras casquivanas, falsedades/calumnias y el consumo y la venta de bebidas alcohólicas, todos ofensivos contra la vida misma; así, el mandato de preservarla en todos los seres sensibles equivale a obedecer las leyes supremas del Universo.

El Dharma -conjunto de normas budistas- engloba las ordenanzas naturales, principal objeto de la ciencia moderna, e incluye las de tipo espiritual que están por sobre ellas y prevalecen en todas las relaciones humanas. Los imperativos e inhibiciones del budismo derivan su autoridad en última instancia del Dharma, con lo cual la budeidad abstracta se identifica como Dharma-Kaya. Tras siglos de luchas intestinas, los pueblos cristianos ortodoxos aún intentan concluir "tratados de paz permanente". El budismo se anticipó a esta declaración antibélica hace más de dos mil años con la primera de sus directrices, e interpretada positivamente, se transforma en el cimiento real de conductas piadosas, leales, fraternas, caritativas, eutrapélicas e incluso de autoacrificio, ya que pueden manifestarse cuando surge la ocasión si sabemos valorar la vida en obediencia a leyes espirituales excelsas.

Además, conocer el precio de la vida no implica necesariamente un miedo cobarde a la muerte física, pues ésta es necesaria para mantener incólume el brío espiritual. Por otro lado, la praxis mística puede terminar ignominiosamente en plena vida mundana, o seguir fuerte y pura varios años después del óbito. Sólo recordemos los parangones de Buda, Cristo y Confucio, quienes hoy están más vivos que muchos "sacerdotes", "filósofos", "influenciadores" o "moralistas" descarados.

Volviendo a la enseñanza búdica de autoconquista -contraria al modo occidental hacia la "autoafirmación" (causa aparente del predominio actual del hombre blanco)-, ese aspecto también es positivo en espíritu. La Primera Guerra Mundial evidenció que únicamente hay estragos mutuos cada vez que un régimen aspire a subyugar otros en armamentos y comercio, mientras los pensadores occidentales asimilaban la importancia primordial de la cooperación en vínculos sociales y entre naciones. La asistencia eficiente sólo puede asegurarse cuando individuos y colectivos estén dispuestos a subordinarse al Todo para el bienestar de todas Sus criaturas.

En consecuencia, la autoconquista en el budismo no significa "autoabandono" ni "humillarse". La clave es controlar el yo inferior/animal para expresar el alma interna y reunirnos completamente con el Espíritu del Universo. Incluso sin este profundo contexto -la Esencia Inescrutable de todas las cosas-, los insignes principios conductuales búdicos serían frecuentes en comparación con el esoterismo de muchos sistemas relativos a filosofía o ética. Sin el reconocimiento explícito o implícito de dicha Causa Infinita, todos los Budas y Bodhisattvas como Amitabha (Amida), Maha Vairocana (Dainchi), Avalokitesvara (Kwannon) y otros tan profundamente adorados por budistas japoneses estarían en peligro de caer al nivel de dioses mitológicos o fetiches. Sólo obtendrán el aprecio sincero de la mente moderna cuando se les reconozca a fuer de epítomes simbólicos o manifestaciones visibles del Infinito. Puede que en un futuro artículo abordemos ese gran tema, que implica las relaciones entre concreto/abstracto, emblema/sentido, y Budas individuales/Budeidad abstracta.

M.G. Mori
Donar

Filología y filosofía

(The Aryan Path, enero 1930).

[Wilhelm Stede, docente y doctor en Filosofía (Leipzig), es además experto en pali, lingüista excepcional y pensador lúcido. En una ocasión escribió: "Creo en no dejar pasar ningún pensamiento sin luchar contra él, como Jacob peleaba con Dios, hasta que Él lo bendijo, y se convirtió en parte de su ser interno". Nuestro autor es muy apreciado en la Escuela de Estudios Orientales de Londres, y de su actividad sostiene: "Me gusta enseñar, mas no soy profesor de la clase 'reguladora'". Stede es reconocido por su erudición, pero sus amigos lo describen a fuer de un hombre con opiniones e idearios espirituales intrépidos. Los lectores descubrirán que todas sus contribuciones poseen una cualidad dinámica, como la que antaño demostró Martín Lutero, antepasado suyo por línea materna.

En este sugerente escrito hallaremos ideas básicas y necesarias para deducciones claras, cruciales para una vida noble, y si así lo consideramos, sus párrafos postreros invitan a un viaje fascinante al mundo de la simbología. Los antiguos fueron instruidos por sabios mediante imágenes, figuras, jeroglíficos, ideogramas y logogramas, que representan el código primigenio en que se expresan infaliblemente las verdades universales. El lenguaje del Espíritu-Alma pierde su eficacia cuando intentamos articular incluso su alfabeto, y sólo la mente humana pura, como insinúa el autor, puede percibir el significado y la trascendencia de dichos emblemas que muestran la verdad del ser humano y el Universo.-Editores].

Cuando me informaron acerca de la nueva revista The Aryan Path, me sentí complacido y le deseé mucho éxito. Se me pidió que expresara una opinión sobre el tema del encabezado, y acepté en virtud de mi interés en ello. Presento mis observaciones meramente programáticas, desglosando el problema, sus limitantes e incidencias en nuestro esfuerzo por reconciliar (¡qué triste palabra!) Oriente y Occidente.

Sólo hay dos formas de lograr entendimiento recíproco: mediante comprensión de nuestras debilidades, o la común impotencia ante las enormes tragedias de la naturaleza. A éstas últimas pertenece el lenguaje, que si bien suele etiquetarse como "bendición", representa una de las mayores desgracias humanas.

El idioma es un gran obstáculo para el progreso armónico. A menudo es una herramienta engañosa que oculta los verdaderos sentimientos, pero la carga total sólo puede cuantificarse a través de una consideración más profunda de los nexos entre idiomas, orgullos nacionales y el "patriotismo". Es la diferencia en el idioma lo que da lugar al distanciamiento entre países, y al criterio estúpido de que algunos "son mejores que otros", basado en la ignorancia respecto al lenguaje foráneo. Los idiomas son el genio maligno del patriotismo, y lo peor de todo es que no podemos eliminar sus distinciones naturales. El esperanto es un fantasma en cuanto proyecto de código mundial; puede ser útil para los negocios, pero nunca reemplazará a otro natural, porque la vida y el desarrollo del idioma (una frase errónea pues aquél no tiene alma propia (1), y debería decir "ideas que encuentran expresión en sonidos humanos") proceden de manera subconsciente, sin que seamos capaces de regular estos manantiales vivos, ya que no podemos autogenerarnos. El mito de la Torre de Babel es verídico en sustancia, y así el lenguaje es un recurso de Mara, la creadora astuta del “no” y el “pero” (2).

(1) No comprendemos del todo el propósito de Stede. Nuestra Filosofía Esotérica Arhat enseña que "las lenguas tienen evolución cíclica, infancia, pureza, crecimiento, caída en la materia, mezcla con otras lenguas, madurez, decadencia y muerte" (La Doctrina Secreta, vol. 2, p. 199).

(2) Sin embargo, el sánscrito es llamado "lengua divina", ¿y no se vinculan acaso las 49 letras del alfabeto devanagari a igual cifra de "moradas dévicas"?

Es ridículo hablar y manejar un idioma sin anexos a la vida espiritual de quienes lo utilizan. Ello significaría tratar con quimeras o simples huesos, y no con la sangre de un cuerpo vivo. El lenguaje nunca está separado del corazón de un pueblo, del cual surge espontáneamente. Se puede adquirir uno aprendiéndolo, pero nunca entenderlo si no se vive; dicho de otra manera, no comprendemos un bagaje comunicacional, sino a las personas cuya alma se expresa en él.

El poliglotismo es un deporte riesgoso, que a menudo engendra pedanterías y la ilusión de "dominar sobre otros". Un conocimiento lingüístico superficial no es tan sólo una pérdida de tiempo, sino realmente dañino. Puesto que el habla refleja la mente humana, verbaliza errores pues constantemente nos malinterpretamos por expresión imperfecta de pensamientos, ya que tratamos con semejanzas, que suelen ser imaginarias. El idioma es un espejo de nuestro desarrollo indebido, y de ninguna forma es "regulatorio" al indicar el modo en que debieran hacerse las cosas. También es reflejo adventicio de estados anímicos y temores, sin constituir una "creación de la mente consciente"; en caso contrario, los malentendidos no serían posibles. Por estas razones, el habla es uno de los medios de comunicación más defectivos.

La lengua es objeto de estudio en muchas ramas del saber humano, y su importancia es innegable. Sin embargo, aquí nos ocupamos de la filología, considerada suprema por su carácter científico. Para circunscribirla en modo comprensible y prudente, se trata del análisis y la comparación de sonidos que, como lenguaje, se han vuelto racionales (es decir, adquirieron significado) con sus estructuras y combinaciones. No considera la psicología de expresiones antropomórficas subyacentes a la palabra, ni su valor filosófico cual semblante de la vida del Alma.

Expliquemos ahora tres conceptos atañentes a las visiones del mundo y el Universo, en orden ascendente de valor, según su influencia en la cultura del Alma y la relación de nuestra especie con fundamentos cósmico-creativos.

a) El prospecto científico, alejado de la Vida y la Verdad, pero muy consentido en nuestros días, que para "esclarecer" fenómenos debe "ultimar" y circunferir a su objeto con abstracciones de pesos y medidas. El ser humano, desde este ángulo, es un dato estadístico. Es la mirada microscópica donde la sucesión en el tiempo lo domina todo. Trata a los seres como máquinas, valorando las cosas en el sentido de "nada", "vacíos" o meros "signos de interrogación". Esta óptica es la principal causa de efectos desnaturalizantes y desintegradores, a menos que sea contenida por su opuesto (letra c).

b) La moda antropomórfica o primitivo-humana, que rodea todo con una malla de fantasías. Sus indicadores son miedo y disfrute, actuando siempre y en cualquier sentido desde su balcón personalista. El tiempo se convierte en poder, y el humano, creyendo que gobierna usando el tiempo y los valores artificiales del dinero, en realidad es esclavizado por ambos. Este enfoque produce ignorancia y tropiezos si no es ennoblecido por la siguiente noción.

c) La filosofía, de carácter macrocósmico y extrapersonal, que considera toda la existencia como manifestación de una sóla Vida, piensa en los humanos a guisa de entes animados entre miles de millones de otros, cree en valores eternos, busca sentido y propósito en la vida, y restaura la unidad de acción personal y colectiva. Sus radar es la esperanza, y su combustible el regocijo de la Vida Universal. No cuentan el tiempo, ni el dinero ni el poder, siendo reemplazados por ideales. El sentido prevalente se fundamenta en escudriñar debilidades e imperfecciones. Vida y muerte simbolizan cualidades cósmicas, jamás "asuntos insignificantes"; no causan desvelo, miedo ni orgullo, sino asombro y admiración porque la maravilla del hombre comienza donde deja de ser tal, es decir, cuando está consciente de sus características marchitables. Trata los fenómenos de la vida como esenciales, e intrínsecamente análogos en todas las formas.

Según estas consideraciones, ¿qué entendemos por un abordaje filosófico de la filología?

Filosofar implica unir todos los fenómenos a la base de nuestros entendimiento y emociones, llegar a ser lo más nítido posible acerca de nuestra postura y relación con el mundo en que nacemos y morimos. Sin embargo, debe quedar claro que esta referencia humana no es un asunto de "cerebro" o lógica, sino de potencial creativo. Se trata de revitalizar un hecho con su interminable variedad en la imaginación humana, o capacidad intuitiva en toda la especie (3), y no atañe sólo fantasías personales. Los procesos que ocurren en un ser son idénticos en todos, originados desde un cuerpo y mente universales, reflejados en millones de chispas llamadas "seres humanos" y otras categorías. Todos ellos comportan la misma calidad de Vida Universal. Mientras el lenguaje y su estudio científico son desconcertantes y engañosos, la filosofía restaura la sencillez y agudeza visionarias. Cuando nos ocupamos demasiado de lo abstracto y leemos constantemente, la vida se torna insípida y perdemos todo sentido de realidad, olvidando que cada palabra representa algo genuino e insondable, o un ente vivo que no comprendemos. Sin embargo, en el lenguaje pretendemos "abarcar todo" y "razonarlo", como si fuéramos "dueños absolutos" de dicho esplendor. El dúo lenguaje-razonamiento priva a la naturaleza de su vida original, voluntad, historia y derecho ínsitos. Sólo con buenas dosis de intuición (vipassana) y prácticas meditativas recuperaremos el sentimiento de nuestra relación primaria con la naturaleza y el mundo exterior.

(3) Los lectores obtendrán luz si chequean esto con La Doctrina Secreta, vol. 1, p. 272-73.

La filosofía no es nada "estéril" ni "muerto"; es la vida misma realizándose y recreándose en plena conciencia. No es una disciplina abstracta, sino un arte sumamente concreto y perfecto; tampoco es pensamiento, sino sentimiento. No se limita a ninguna ciencia mental o tónica de inspiración definida, ni se rige por otras coerciones, siendo así intensamente humana y omniabarcante. Toda visión del mundo es una filosofía (4), y comprende todos los rasgos esenciales de nuestros lazos con el Universo. El valor de un corpus filosófico reside en su cariz profundo y cosmopolita, y esto puede expresarse mediante unas pocas sentencias o en muchos libros; a decir verdad, menos valioso será un sistema filosófico o religioso cuanto más literatura proponga como justificación de su ideario. El parámetro fundamental es la concordia o nuestro sentido humano, en cuanto reflejo de la armonía del Universo ("cosmos"), un axioma intachable del corazón. Y esto queda mejor vertido en un capítulo del Satapatha que con 84.000 secciones de los Pitakas Pali. Es ridícula toda "filosofía" que repleta la mente y no el corazón, pues no tiene sello humano, y desde el punto de vista armónico, los Vedas y Upanishads son más meritorios (lo que equivale a "correctos" en nuestra interpretación) que Hume, Kant o Spencer.

(4) Por eso existen tantas filosofías, y algunas malévolas son muy populares en la actualidad-Editores.

La filosofía (o más bien todo pensador que tiene el coraje de aplicarla, y en esto se asemeja a reformadores místicos y profetas) asigna valor relativo a otras áreas de la actividad mental, las pone en sitios apropiados e imparte un elemento genérico de sentido común que la especialización descuida, y ésta a su vez simboliza el mayor peligro que la filosofía debe contrarrestar por todos los medios posibles. Especializar significa aislamiento, y si continuamos por su camino, estaremos infligiendo daños incalculables a las generaciones venideras. Debemos pensar en el futuro y hacer que la vida de nuestros nietos sea mejor que la de hoy, sopesando el destino de cuanta impudicia nos salga al encuentro. Debemos pensar más en la esencia y la sustancia, nunca en apariencias.

Es curioso y triste ver que mucha gente tiene pánico de "desperdiciar" cosas en virtud de que "cuestan dinero", sin percibir que lo monetario es únicamente ficción, y no se preocupa de si malgasta contenidos genuinos o primordiales. Con la acumulación de libros sobre temas específicos, agotamos la esencia de la mente y no el papel. La especialización involucra mecanizar y desviar tareas comunes; enemista a las personas porque crea competencia innecesaria y errónea, sobrenfatizando un pequeño punto del Todo que no tiene valor en sí mismo. Occidente perdió la actitud macrocósmica y el atributo mental, pues con su manía parcializadora no reverencia más la Unidad intrínseca. La medicina, los dogmas, las sectas religiosas o escalas en grados y exámenes, son señales de divisionismos horrendos y perjudican seriamente la Integridad de la Vida.

¿Cuál es, entonces, la base humana con respecto al lenguaje y la filología? Primero, no anhelamos conocer sólamente lo que denota una palabra (pues ello significa reemplazar un sinónimo por otro), sino qué es, el estado de conciencia que representa en el hablante nativo, o su efecto, y lo cual desplaza las fronteras analíticas. Así ocurre también con el arte y otras expresiones de la mente humana. No basta con perquirirlos desde el plano científico y antropomórfico (o crítica y estéticamente), sino debemos preguntarnos: ¿Qué llevó a las personas a hacer determinados actos? ¿Qué sentían? ¿Cuál era su propósito? ¿Y cómo representan una parte del Anima Mundi? Una pieza artística tiene que provocar la misma impresión que tenía su autor, y acercarnos a comprender el Espíritu del Mundo. En otras palabras, se evitará un desglose histórico para situarnos en igual espacio-tiempo y considerarlo bajo un modo perpetuo, sub specie aeternitatis. Nada puede explicarse por completo sin referirlo en última instancia a su Fuente Universal.

Segundo, al enfatizar el carácter subconsciente del lenguaje, lo maravilloso es apreciar cómo el sentido nace inconscientemente de la emoción. El humano siente, desea y se manifiesta en sonidos que crean palabras, y cuando les escudriña mediante la razón, descubre que hay un trasfondo súbito e impremeditado en ellas, de origen arcano, que constituye una revelación ipso facto del Universo racional. El problema no es dilucidar la forma en que el lenguaje se adapta al sentido, sino justo lo contrario. En consecuencia, debemos suponer que existe un sentido igual en la expresión de toda criatura, y podemos comparar su implicancia relativa o el significado de su lenguaje, y con una intuición egregia, llegar a conocer el idioma de todos los seres vivos.

Hay un factor llamativo en la interpretación lingüística más profunda: es imposible desde el raciocinio, pues la mezcla de creatividad y "cerebro" se fundamenta en lo que llamamos "azar". Siempre queremos saber demasiado, y este sector de la filosofía o psicología del lenguaje escapa por entero de la filología. El intelecto y sentido idiomáticos no residen en las palabras, sino en su disposición.

Así, un lenguaje de 400 palabras y otro que comporte 4000 pueden tener razón y explicar el Universo a su manera; el segundo de ellos, por intelecto y artificialidad hiperbólicos, arrasa con la sencillez y fuerza del vínculo natural entre imagen y sentido. Cuantas más palabras hay, más queda en lo incógnito; cuantas menos, más se complementa o evidencia con la imaginación, cual melodía de pocas notas e inevitablemente más expresiva o "pegadiza" que una sonata. Es un hecho que lo más efectivo no resulta obvio (ni parcial ni totalmente) y queda en el ámbito del ensueño. La Naturaleza silenciosa y espléndida descansa en este principio.

Otro gran peligro de cualquier estudio es tratar su objeto como "independiente" al ser humano. Hablamos del significado de palabras, el cambio de formas y casos gramaticales, etc., pero el vocablo no transporta la acepción real, ni es su forma lo que cambia; son fenómenos originados por dinámicas subconscientes en nuestros hábitos mentales. Tenemos que analizarlos si queremos esclarecer hechos filológicos; al igual que en mística, filosofía o las expresiones externas de la vida mental, debemos considerar la tesitura psíquica subyacente a dichas manifestaciones. Es absurdo decir que "Varuna" se "desarrolla", Mitra "se fusiona" con aquél, etc. Y si observamos esto psicológicamente, descubrimos que no hay desarrollo ni cambio, sino metamorfosis aparentes de la expresión.

Existe una rama de la filología que pretende resolver los crípticos orígenes de nuestras lenguas, y en última instancia los secretos mentales humanos, expresados en aspectos de mitología y sistemas religiosos. Fue en la época de Max Müller cuando esto se reforzó con la etimología, que iba a proporcionarnos el "verdadero significado de una palabra". Ahora somos más cautelosos, especialmente tras confirmar que no existe tal certidumbre, y todo significado (palabra por sí sola) es figurativo. Puedo repetirme un poco en las próximas observaciones, pero lo creo necesario ante la relevancia del tema.

Una palabra es la expresión de un sentimiento no basado en la lógica, sino en todo tipo de nexos mentales. La comprensión de un vocablo nunca nos facilita corolario alguno, e incluso a partir de palabras tampoco es factible extraer las ideas correctas; por ejemplo, Nirvana es una voz negativa, pero su ánimo es positivo, y la negación es sólo una variante psicológica de cierta postura, en efecto de igual valor.

La insania etimológica se equipara con el ocultamiento de cosas por su nombre, tan frecuente en nuestro tiempo, y la idea zopenca de que ha "desentrañado" todas las facetas del objeto al conocer su denominación. En vez de ignorar ésta última, no descansa hasta concebirla (5) y se queda en ángulos superficiales, cuando en realidad no progresa nada en su conocimiento.

(5) ¿No es acaso un impulso natural respecto a los verdaderos nombres de las cosas, y fracasamos al intentar conocerlos con métodos e intenciones erróneos? (Eds.).

Repito: el término no enuncia nada sobre el sentido o significado, es decir, el valor y propósito de algo, ya que el concepto "entender" no muestra en lo más mínimo lo que quiere decir por su etimología, ni la voz "pericarditis" señala qué es la cosa. Aquí entran todas las dicciones médicas engañosas, pues a través de ellas obtenemos una vista superficial del hecho/fenómeno y somos llevados a tomarlos como parámetros absolutos. Namaripa, sinkhya, anatta o "insustancialidad" no pueden asimilarse a partir de la etimología, pues ¿qué tiene que ver racionalmente la "sustancia" con "subyacer"? Es puramente casual que signifique esto, y según sabemos, podría referirse a "comprensión". El significado primario siempre reside en la casualidad, como todo incidente rudimentario que forma la base de la experiencia. Las palabras son "ladrillos" con que construimos el sentido, pero no tienen significado, y pierden su valía etimológica al devenir términos o títulos. Para comprender el trasfondo real (originalmente pretendido) de sankhya, no debemos tomar su procedencia como "categórica", ya que esto es mendaz. Sucede lo mismo con títulos de personas, que confunden respecto a la índole genuina de quienes los ostentan. Es fundamental aprender que las cosas se nombran por lo que parecen ser, y no lo que tienen. Se nombra algún objeto antes de su examen, y toda palabra es símbolo de apariencia.

En conclusión, filología y filosofía son disciplinas perentorias de la mente humana. El resultado de cada búsqueda, emoción y pensamiento se transmite en el lenguaje como depositario de la psique; y en esta época, se ha convertido en un medio defectuoso a medida que la especialización "científica" reduce el poder creativo del arte al análisis, la lógica intolerante y un sinnúmero de definiciones. La filología mata los ademanes espontáneos del corazón al preservar y estudiar la cáscara externa, a guisa del botánico que trastoca flores vivas en especímenes lánguidos; pero un filósofo tan dedicado como ambos devuelve la vida a su sitial con imaginación creativa, cual jardinero que cuida sus plantas o el artista que conserva apariencias efímeras en un lienzo realista de su mente.

Si queremos proteger no sólo un rastro de vida, sino recrear aquélla desbordante, genuina y plena del pasado como parte de nosotros (pues está contenida en la Fuente Universal y emana de ella), debemos insistir en el desarrollo de la filología mediante el quehacer filosófico. En última instancia podemos decir que éste se halla condicionado a la primera como elemento representativo, pero dicho esquema es una imagen más profunda que la simple palabra. Es un símbolo compuesto de múltiples términos (porque sólamente uno de ellos nunca engloba filosofía), plasmado en himnos, poemas o mitos. Toda explicación del mundo procede en imágenes, a través de vislumbres con que el Alma humana intenta expresar el Espíritu del Mundo, y la filosofía llena cada palabra con alientos de vida y la experiencia de sabernos unidos al símbolo, en forma invisible pero efectiva, tal como Aquél impregna las formas vivientes y perdura incluso luego de desaparecer.

W. Stede
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La Religión de las Obras: entrevista con Muriel Lester

(The Aryan Path, enero 1930).

[Un estudiante de la Doctrina, que prefiere permanecer anónimo, viajó hasta Kingsley Hall y entrevistó a su fundadora. Allí se evidencia un espíritu teosófico, y en palabras de H.P. Blavatsky (Clave de la Teosofía, p. 186): "Todo teósofo está obligado a hacer lo posible para contribuir, con todos los medios a su alcance, a cualquier esfuerzo social prudente y bien meditado, que tenga como objeto aliviar la condición de los pobres. Dichos empeños tienen que realizarse con miras a su independencia social definitiva, o desarrollar el sentido del deber en quienes ahora tan a menudo lo descuidan en casi todos los aspectos de la vida".-Editores].

"Podemos hacer que nuestras mentes se parezcan al agua tranquila, con tal que otros se reúnan a nuestro alrededor para ver quizás sus propias imágenes, y por un momento vivir de modo más transparente o intenso, gracias a nuestra quietud" (W.B. Yeats).

El camino atraviesa algunas de las calles más miserables del Kast End londinense, y la penúltima representa el peor lugar. Es estrecha y rebosa de puestos informales, donde se encuentran vestimentas usadas en embrollo aplastante, y también comidas, carne, pescado, frutas y verduras, expuestos al polvo, las moscas y una miríada de otras influencias brutales. En las aceras cubiertas de tierra y escombros, van a empellones clientes demacrados y con hombros caídos, o rudos y ariscos. Un giro rápido a la derecha, después otro, y encontramos una torre empinada desprovista de adornos. Luego de dos o tres escalones hay un pórtico de piedra que conduce al "espacio de culto" que buscamos.

Resulta atípica la simpleza en el suelo de parqué con roble pulido, y las murallas cubiertas con igual madera, cuyos ángulos dirigen nuestra atención hacia la ventana oriente de cobre lustroso, y flores dispuestas para dar forma imaginaria al Santo Grial. La adorable modestia sería extrañamente hermosa en cualquier otro sitio menos aquí, con esas calles tan cerca... Pero es sublime, como las ideas que lo concibieron, pues la Religión de las Obras se convirtió en un emblema de 26 años de servicio en el altar de la humanidad.

A principios del siglo XX, Muriel Lester solía viajar con su familia en automóvil desde una bella casa de campo hasta la ciudad, para asistir a teatros y espectáculos misceláneos. El trayecto pasaba por Bow, un paraje imposible de soslayar porque desde ahí provenían los olores más repugnantes. Señala que entonces no tenía conciencia social, pero algunas amigas estaban interesadas en formar un centro que integraría más tarde, y supo de las nefastas condiciones laborales de jóvenes en fábricas. Junto a sus hermanos Kingsley y Doris se pusieron manos a la obra, primero en un chalet y después escuelas de párvulos, solicitando a los vecinos que les permitieran usar jardines.

"Uno empezó, haciéndolo por diversión", dijo Muriel en el amplio tejado de calcina del Kingsley Hall, parecido a una galería, con habitaciones traseras vacantes y comparables a celdas, y Poplar al frente. "Luego se convirtió en un deber, aunque detesto esa palabra. Muy pronto fue sólo por cariño. No podría haber soportado quedarme sin hacer nada". Miró las techumbres del East End con las manos fuertemente unidas, como hace dos mil años lo hizo otro Sirviente de la humanidad desde un balcón sobre Jerusalén.

En 1915 se fundó Kingsley Hall en memoria de su hermano. Antes solían reunirse allí bautistas sectarios, negadores de la "salvación gratuita" y del Cristo que "se sacrificó por todos los humanos", pasando a convertirse en el club fraternal de toda la comuna. Para 1923 y alentados por los progresos, se construyó la Casa de los Niños, lo cual es otra historia. El salón moderno surgió como resultado de una escuela de verano para ocho o diez personas cesantes, donde Muriel puso a prueba una de sus teorías.

"¿Te das cuenta de lo que realmente hace daño?", inquirió. "No es el desempleo, sino la falta de objetivos, el no tener nada que hacer". También pensó que a lo mejor responderían a guisa de los ciudadanos de clase media. Durante una semana vivieron juntos como familia: había ducha diaria, comida sencilla y visitas a bibliotecas, al zoológico y la Cámara de los Comunes, luego los cafés teatrales... "Todas las actividades incomprendidas por la gente trabajadora, que son comodidades burguesas habituales". Estudiaban juntos poesía inglesa y sus principios rítmicos, leyendo tanto o tan poco según quisieran. Y por la noche ponía la mejor música, preguntándose si estarían tranquilos. Así fue, y hubo silencios reflexivos durante varios momentos posteriores. "Siempre había algo que hacer. Sus rostros no llevaban expresiones lúgubres, y al concluir la semana parecían estudiantes felices".

Como secuela, el Kingsley Hall moderno se inauguró hace un año, siendo el arquitecto C. Cowles Voysey quien dio forma a las ideas de Muriel. Sobre el lugar de culto -siempre desprovisto de muebles salvo cuando es necesario, pues las butacas entran y salen por una trampilla oculta en el piso de parqué- hallamos el salón vasto y aireado, donde se reúnen los habitantes de Poplar con música, juegos y un espacio para comer de sencillez deleitable. Inmediatamente se encuentra la biblioteca, el lugar preferido entre los amantes de la lectura, y detrás el despacho en cuya puerta hay un cartel con las palabras de Yeats citadas al principio de este artículo, con la cocina y otras habitaciones propincuas. Un costado del refugio tiene piezas tipo celda para mujeres y otro donde permanecen los hombres. En las esquinas se yerguen salas de estar, y vemos un jardín en la azotea con una de las fuentes de Gilbert Bayes.

Sosteniendo que "nadie debería poseer lujos hasta que todos tengan cubiertas sus necesidades" (1), Muriel destinó ingresos propios a un Fondo Fiduciario que brinda ayuda a los pobres de Poplar en momentos de extrema necesidad. De nuevo, esa es otra historia. Al igual que sus compañeros de trabajo, tanto ricos como muy desvalidos, sólo cuenta con una asignación de 4 chelines y 6 peniques semanales para ropa, y 2 chelines 6 peniques que cubren gastos fortuitos, provenientes de colectas en el salón y otras instancias. Ocho o diez de estas personas -la cantidad varía- conviven como una familia, alojadas con austeridad y nutridas de modo sencillo, sirviendo a quienes llegan a esta casa espiritual, donde todos comparten labores domésticas y faenas similares.

[(1) N.del T.: En el siglo XXI observaríamos: "Nadie debería poseer lujos hasta que todos renuncien a tener abundancia, fama, prestigio o poder inmerecidos y sin actuar limpiamente"].

“El lugar de culto” no es una iglesia en el sentido típico. “Soy la ministra; caso parejas y entierro fallecidos”, dijo Muriel, y con ella el nombre de ese cargo recupera su hermoso significado de antaño, generalmente desconocido en estos días de sacerdotes con estipendios. El servicio incluye lecturas de obras y autores clásicos como la Biblia, Tagore, Carpenter, Wordsworth y Shaw; música, liturgias compuestas por los mejores elementos de diversos credos, y períodos de silencio meditativo. El hijo de Rabindranath Tagore declaró que, fuera de India, se sentía mejor en uno de estos lugares que cualquier otro, añadiendo: “Cuando escuchamos algo hermoso, nos gusta reflexionar sobre ello, y eso es lo que encontré aquí”.

Kingsley Hall tiene celebridad internacional, y se evidencia mediante emblemas puestos a la izquierda de la entrada principal del lugar de culto. Son ladrillos de papel colocados por líderes de Oriente y Occidente: Lady Chatterjee por India, Cricklow Chen en nombre de China (los vínculos más fuertes se dan con estos países, gracias a los amigos que hay en cada uno), John Galsworthy representando a la literatura, Sybil Thorondike que simbolizó al teatro, J. Douglas Watson en memoria de "Su Excelencia Lester por la expansión del Reino de los Cielos", Lady Clare Annesley como signo del servicio, y Maxwell Garnett por la Hermandad Mundial.

La influencia de esta Religión de Obras se extiende mucho más allá de Poplar. Durante la guerra, varias mujeres vestidas de negro caminaron en fila por las calles de Londres hasta el Parlamento, con una carta dirigida al entonces Primer Ministro Bonar Law, protestando contra la idea de permitir que murieran de hambre niños de países enemigos. Más recientemente, en la exhibición aérea de Hendon, cuestionaron si la gente se percataba de que dicho desfile connota muerte y nunca "vida". Muriel contrastó las discapacidades de personas tan cercanas a ella con otras de clases ricas y medias.

-¿Entiendes las doctrinas orientales de Reencarnación y Karma?

Ella asintió. Estuvo casi un año en India, compartiendo con hindúes de manera muy cercana, y conoció a Rabindranath Tagore y Gandhi, de quien afirma es "el hombre más grande en esta Tierra".

-¿No crees que estas enseñanzas explican el origen de discapacidades?
-Me temo que no puedo comprenderlo.
-¿Por qué?
-No estoy en contra de eso. No creo que se pueda explicar todo lo que pasa en el mundo, o si realmente aquéllo importa. Me horroriza la gente que esgrime interpretaciones para todo. Prefiero que algo sea desconocido, a que se explique de una manera que no me satisface. Todo tiene su misterio, y me gusta así.

-¿No sientes que el ser humano posee el conocimiento y la verdad en sí mismo, y por lo tanto, puede lograr certezas respecto de cualquier tema? ¿Piensas que puedes encontrar la verdad mediante la Religión de las Obras? ¿Cuál es, por ejemplo, el propósito final de lo que haces aquí?

-Construir el Reino de los Cielos, aquí en Poplar. Sustituir las leyes del Estado por las de Cristo. Soy mística, pero los religiosos deben ser muy, muy prácticos.

En respuesta a otra pregunta, aseveró: "Pienso que Cristo comprendía la naturaleza. Se trata de no despreciar jamás a nadie, de ser siempre humildes y estar listos para recibir la nueva luz cuando llegue y de quien sea".

-Tal vez la nueva luz para ti sea el conocimiento de la Reencarnación y el Karma.
-Quizás el nuevo resplandor para mí sea la humildad. Nuestros trabajadores sociales y líderes políticos corren el riesgo diario de perder sus almas. Se consideran muy "superiores" al resto de nosotros. Nadie está realmente por encima de sus semejantes. Si nos distanciamos de otros, perdemos nuestra humildad. Los demás nos enseñan tanto como nosotros a ellos.
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El gran apetito

(The Aryan Path, enero 1930).

[B.M. es un asiático que vive en nuestra era según los métodos de su tierra originaria, y nos sentimos afortunados de obtener algunos informes sobre sus conversaciones con amigos íntimos. El Bhagavad-Gita es la obra que ha dominado a través de largos años de estudio y meditación, pero además sus escritos exhalan una fragancia curiosa, habiendo vivido de acuerdo con sus pautas y de modo más exitoso de lo que es posible normalmente. Los documentos fueron traducidos del idioma vernáculo, y debe entenderse que no son traducciones literales, por cuanto el transcriptor se adhiere más a ideas y principios que palabras. Aunque B.M. conoce el inglés, su inspiración se ve obstaculizada al emplear ese medio de expresión, por lo que prefiere no usarlo, e igualmente creemos que nuestros lectores encontrarán verdadero aflato en esta serie.-Editores].

"El individuo hambriento pierde de vista cualquier otro objeto que no sea la satisfacción de su apetito, y cuando se familiariza con lo Supremo, pierde todo gusto por los objetos de cualquier clase" (Bhagavad-Gita, II, 59).

El hambre y la sed de justicia -que nuestros prójimos cristianos deberían tener siguiendo el consejo de sus maestros- fueron defendidos muchos siglos antes por el Gita. Ya sea para el cuerpo, la mente o el alma, la comida es base necesaria o upadhi para la experiencia, y el placer del alimento depende del hambre y la sed. Hoy comer en exceso está a la orden del día, y la belleza y utilidad del hambre [eutrapelia] son desconocidas entre los acomodados. Parece como si en Yugas anteriores, cuando los Pródigos bendijeron esta tierra, nuestros propios antepasados olvidaron practicar reglas de ayuno, y así el Karma sobrepasó a la gente y hoy la pobreza acecha esta comarca. Nuestro futuro sería más glorioso que el pasado si a nuestros millones de habitantes se les enseñara la influencia benéfica de la adversidad, ¿y quién puede hacer eso, excepto nuestros líderes pudientes e instruidos? Pero la mayoría de ellos tiene educación occidental, olvidó la sabiduría de sus padres y su riqueza física aumenta su pobreza moral y espiritual. India es pisoteada no tanto por extranjeros como por sus propios hijos, y en nuestra vida personal y cotidiana la degradamos casi a toda hora. El país nunca será realmente libre, hasta que no adoptemos un pensamiento elevado que nos purifique de nuestra pequeña mezquindad, ínfimos egoísmos y constantes inmoralidades. Nuestros líderes naturales -hombres y mujeres educados- se equivocarán en administración y asesoría, al igual que los gobernantes británicos yerran y otorgan falsos consejos, porque están plagados de imperfecciones que resultan de visiones incorrectas sobre la vida, el Estado y el progreso.

Es el individuo autoreformado quien podrá cambiar a los demás; únicamente quien logra dominarse está en condiciones de comandar los destinos de las masas. En la mayoría de países, los ciegos guían a otros ciegos, y es falso medir la riqueza física y prosperidad económica por la cual son considerados "grandes" o "tardíos". A menos que India se aleje de esta base de pensamiento, sufrirá como padecen los Estados occidentales ricos e influyentes.

Igual que la comida permite subsistir en el plano económico, el conocimiento resulta imprescindible a nivel del alma. Hay venenos que matan el alma, ponzoñas que lo trastornan y alimentos que le nutren. También tenemos molduras ideológicas que producen asesinatos de almas, y los humanos vivos se convierten en unidades muertas; por ende, hay millones en esta Tierra que se hallan desalmados. La lujuria provoca perversiones sexuales (el control de natalidad es una de ellas), la ira conduce al odio (verbigracia, el comunismo/capitalismo repletos de magia negra), y la avaricia crea egolatría (ej., peleas familiares). Todos estas monstruosidades y más reducen lentamente el poder del alma en el cuerpo.

Es necesario buscar la nutrición del alma, y debemos tener hambre y sed por ello. El conocimiento espiritual es deseable cuando no hay obstáculos de lujuria, ira o codicia. La mayoría de personas no está consciente de la dulzura y beatitud sobre el conocimiento del alma, pues el que come perros y nunca probó frutas no conoce su exquisitez. El apetito comienza una vez que ingerimos el fruto y su néctar se mezcla con nuestra sangre. Intuitivamente, todos los individuos persiguen la satisfacción y el desarrollo del alma, porque en épocas doradas del pasado los Compasivos les implantaron la impresión de sabiduría. Ahora nos envuelven tinieblas, porque esta es la era represiva o Kali Yuga, y el conocimiento del alma cambia década tras década. Si hemos de recurrir a una metáfora, tenemos luz de velas o aceites, gas y electricidad porque no hay Sol.

Este deseo innato de vida espiritual lleva a las personas por caminos equivocados, pues confunden la parte con el todo y apariencias con realidades. Pero en este verso, el Maestro Krishna apunta al "Supremo", que es lo que necesita el alma hambrienta. La característica más inaceptable de las religiones ortodoxas es su visión falsa y antiespiritual de la Deidad; el espíritu se materializa, Dios es carnalizado y el egoísmo ensancha la sombra del cruel maestro de tareas al que teme. ¡Y tal es la ilusión de Maya!

El Supremo, Param, se describe con detalle en este capítulo: el único Ser Omnipresente e Impartito que es Origen y Alma de cada criatura. El Gobernador interno en el corazón de cada uno es el Rey de reyes, por cuanto debemos tener hambre y sed por el conocimiento acerca de Esto, la Ciencia de Sus emanaciones y la Filosofía de Su permeación.

En un lugar afectado por hambrunas, el pueblo come lo que llega, y así acontece ahora. La carroña, esparcida por todas partes, está cerca y el gentío la devora, ¡pero más bien debiéramos morir en vez de contaminar el Santuario del Alma! Honra impulsivamente las formas falsas que parecen "atajos", y las prácticas peligrosas "fáciles" se adoptan con ignorancia. El conocimiento espurio es aceptado porque suena "plausible", como la vesania por el culto nigromántico llamada "espiritismo".

Como enseñaron los Conocedores del Ser, el primer paso es afanarse por entender qué es el alma. Hay apetitos y apetitos, pero debemos tener hambre del Ser interno, y éste nos guiará a la comida que realmente le sirve. El Gita responde a "¿qué es el alma?" y "¿de qué modo alimentarla?", cuyos aspectos veremos más adelante.

B.M.
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Pseudomisticismo y ciencia moderna

(The Aryan Path, enero 1930).

[John Middleton Murry es uno de los literatos más distinguidos de Inglaterra. Como editor, trabajó para The Atheneum (1919-1921) y The New Adelphi, con una gran reputación en esos círculos de lectores eclécticos, conocedores de lo mejor y más fino de la crítica moderna. Durante cuatro años fue revisor del Times Literary Supplement, y también perteneció al Departamento de Inteligencia Política del Ministerio de Guerra entre 1916-1919, para luego asumir el puesto de censor jefe. Es autor de obras como Fyodor Dostoevsky, Keats and Shakespeare, Life of Jesus y Times to Come, éste último aparecido en 1928, y recientemente God: Being an Introduction to the Science of Metabiology.

A lo largo de muchos siglos, el antropomorfismo brutal de las religiones viene constituyendo un impedimento para cultivar la vida interior del Alma; ahora, un nuevo peligro amenaza al Movimiento Teosófico que ha sido campeón de ese concepto práctico en todas partes, a saber, el comportamiento presumido de la ciencia moderna, frente al colapso de su estructura materialista y el avance en conexión con las ideas de Alma, Espíritu o Deidad. Si bien nos complace ver autoridades científicas reconocidas adoptando un interés paulatino por el mundo oculto, decimos con Murry: "El verdadero misticismo no necesita que le den cabida en la ciencia o cualquier otra forma de conocimiento humano". Si sustituyéramos la palabra "Teosofía" por "misticismo", este espléndido artículo representaría nuestras opiniones tanto en la letra como en su espíritu.-Editores].

Previo a fundamentar una acusación de falso misticismo, necesitamos elaborar una idea clara del verdadero sentido.

En esencia, el misticismo es una convicción acerca de la Unidad Omnipresente y abarcadora. El Universo es un todo, y resulta obvio para todos los modos de cognición intelectual que dicha certeza puede ser sólo una hipótesis. El acto de conocer implica antagonismo y separación entre el conocedor y lo conocido; por lo tanto, desde una Unidad omnipresente e inclusiva no puede existir conocimiento intelectual, y viceversa.

El misticismo propugna y subraya que la Unidad no se conoce, sino se manifiesta en experiencias inmediatas, que a su vez han sido tales cuando llegan a su fin. Se contiende que la autoexperiencia del Uno Omnipresente es única e inefable, dispar in toto de cualquier tipo de cognición intelectual, y dada en tesituras que excluyen toda clase de dicho conocimiento. Esta vivencia se halla completamente a salvo de críticas lógicas, que bien pueden aplicarse a interpretaciones "cerebrales", pero nunca establecen nexos con la experiencia misma.

Es evidente que la convicción de un Todo Ubicuo, ofrecida en la experiencia mística, se opone radicalmente a las "bogas" de dualismo religioso o filosófico. La Unidad Real no puede serlo a medias. Mente y materia, bien y mal, parecen muy disímiles en nuestra vida práctica, pero las distinciones no pueden ser absolutas. Son diferencias necesariamente establecidas en la Unidad por las existencias individuales, con la prerrogativa del conocimiento intelectual. Quienes creen en la Unidad última del misticismo no suponen que la existencia particular sea un "defecto", aunque un matiz de esa opinión es perceptible tanto en corrientes platonistas como en el budismo. También es consecuente con las premisas del misticismo afirmar que la existencia individual es un medio forzoso para la autoexplicación y autoconciencia del Uno. Con vistas a que la Unidad esté consciente de sí misma, necesita la mente individual y desarrollarla hasta el punto de reconocer que sus perspectivas intelectuales e ineludibles son sólo eso. Cuando una existencia circunscrita percibe las propias condiciones, y una mente finita asume los contextos de su funcionamiento, toda vez que dichas circunstancias no se ven como "pesadas" ni "opresivas" -sino simplemente necesarias-, entonces el camino del Uno hacia esta existencia particular se despeja de obstáculos, y el intelecto deja de reclamar una soberanía a la que no tiene ningún derecho.

Dado que el misticismo es irreconciliable con posturas dualistas, tenemos una forma breve de plantear las afirmaciones hechas por científicos modernos de que su visión del mundo "deja espacio para lo místico". Antes de agradecer el beneplácito, debemos preguntarnos a qué clase de religiosidad apuntan. Si es dualista, no es misticismo, sino un intento subrepticio de reimponer bajo ese nombre los credos dualistas de que la mente occidental lucha dolorosamente por liberarse.

En este breve espacio, el autor no puede citar extensamente a defensores científicos modernos del misticismo, como los profesores Eddington y Haldane, pero de ambos es cierto que sus ideas señalan encuadres morales. Dice Haldane que el mundo empírico es "el ámbito espiritual de los valores", y sin discutir si la afirmación es verdadera o tiene algún significado, podemos aseverar que dicho misticismo no es tal en absoluto. En su acepción genuina, éste último no conoce un "reino espiritual" distinto a otro "material" o "de hechos". La Unidad del misticismo auténtico no es el Bien, ni la Verdad, ni la Belleza, sino sólamente el Uno. Y en Ello, lo Malo, Falso y Feo existen tanto como aquel trío. Todos ellos por igual, para lo verdaderamente místico, son apariencias en cierto nivel. La bondad de lo bueno es su elemento aparente, pues le llamamos así sólo en la medida en que, de manera obvia o recóndita, promueve la energía propulsora fundamental de algunas existencias humanas individuales. Lo mismo aplica a la ruindad de lo malo, porque sólo su mera existencia física es real.

El misticismo puro está más allá del bien y el mal; ergo, es falsa toda doctrina que se autoconvenza o imponga a los demás de que "la Unidad es buena". Lo genuinamente místico ni por mientes desea proyectar sus condiciones personales a lo Único, porque no es lo que "nos gusta", sino Aquéllo a lo que pertenecemos nosotros y los gobernantes mortales. No podemos negociar con Ello ni proponerle nada, y el místico sublime no quiere hacerlo. Esto es lo que al falso misticismo le resulta imposible comprender, pues se reformaría si asimilara que el religioso competente no codicia que el Uno sea lo que "le acomoda".

El misticismo, sea cual sea la manera en que lo transitemos, exige despojarnos de nuestras personalidades. Cierto es que renunciamos a ellas sólo para recibirlas de nuevo [Karma/Reencarnación], mas la personalidad remozada no es la que entregamos. Ya no somos "entidades que aman, piensan u obran", sino Aquéllo que ejecuta esos actos o emociones en nuestro fuero interno. Y tras el nuevo nacimiento, dicha índole rejuvenecida no se parece en nada a la pretérita.

Ese rasgo impersonal no puede exigir ni desear que califiquen sólamente las características que "gustan" a la Unidad. El mero concepto de tal exclusivismo es insólito, remoto y fantástico, pues a lo Impersonal no le agradan las cosas del mismo modo que al humano finito o animalesco. Está desprendido de ellas, sabe que su Ser no depende del influjo que tengan, y sus afectos hacia las mismas son desinteresados. Por ende, el misticismo real no escucha el clamor maniático de que "lo amado sea eterno", ni los angustiosos recursos con que se pretenden lograr "respuestas" a esa llantina.

En otras palabras, la refrenda de ideales humanos no es asunto del misticismo genuino, con la gran y trascendente excepción del ideal de Unidad. Lo realmente místico afirma que este anhelo es cierto, y tiene experiencia directa de su realidad; y precisamente por ello, ningún otro propósito puede ser auténtico.

Ahora bien, el "misticismo" al que la ciencia moderna busca dar importancia -a través de algunos expositores principales- es simplemente un "bastanteo" de ambiciones o sueños humanos, y por ello, falibles. Dado que éstos nunca son completos (o de lo contrario no valdría la pena perseguirlos), su validación implica perpetuar el dualismo. En ese contexto, las ideas de Bien, Espíritu y "deber ser" son reales, pero no el mal, la materia o el "ser" (1). Son muy infantiles los argumentos que esgrimen para exaltar esas preferencias: verbigracia, dado que las ciencias exactas no nos dan una imagen de la realidad, algo más debe hacerlo. No es seguro; pero incluso si lo fuera, no hay fundamento alguno para suponer que las elecciones morales de un científico europeo y civilizado proporcionen el cuadro que necesitamos.

[(1) N.del T.: recuérdese el aforismo budista: "Lo único permanente en la vida material es el cambio"].

No estamos diciendo que esas predilecciones sean "fútiles". La alternativa no es entre "nulidad" y "omnipotencia", y esta clase de dilema que mortifica tanto a "credos" como "ciencias" es simplemente ignorada por el misticismo. La preferencia humana por el Bien, como todo lo demás, es para el místico una forma tomada por el Uno. Eso existe, y el tema central es que la persona en quien Ello rebosa verdadera y fuertemente no busca que se valide. Para un individuo así, y en él, existe por derecho propio. El Bien no sería más deseable si se demostrara que es la única realidad. Spinoza escribió: "Quien verdaderamente ama a Dios, no puede esforzarse para que Él lo ame a cambio". La urgencia de que los ideales finitos tengan validez fuera del ser humano, en quien son tan fehacientes como sus propias manos, es un conato pueril de que el "Padre Celestial lo quiera en recompensa".

El verdadero misticismo no necesita lugar en la ciencia ni otras formas de conocimiento humano. Jamás ocupará el espacio que ellos podrían abarcar, pues no existe en la misma dimensión o plano. Tampoco es una alternativa ni chance, sino la simple verdad que está al fondo de toda existencia. Es una certeza adquirida mediante el esfuerzo del autoconocimiento; se trata de descubrir de que cuando el Ser se conoce verdaderamente, no hay otro al que salir a su encuentro, y sólo entonces adviene la Unidad.

John Middleton Murry
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Lo que tienen las religiones orientales para ofrecer a Occidente

(The Aryan Path, enero 1930).

[El nombre de C.E.M. Joad aparece quizás con mayor frecuencia en los principales periódicos y revistas londinenses, ya que goza de gran estima como autor y conferenciante. Fue becario John Locke de Filosofía Moral en la Universidad de Oxford (1914) y hoy está vinculado a la Universidad de Londres. Las contribuciones periodísticas incluyen sus libros-ensayo Common Sense Philosophy, Mind and Matter, The Mind and Its Workings, The Future of Life y The Great Philosopher, ampliamente leídos y debatidos por la intelectualidad británica.

Nos complace publicar el siguiente artículo, y coincidimos con el sugestivo mensaje central: Occidente, harto de sus propias ideas y esfuerzos vitales, debería volverse hacia Oriente. El fiasco de su civilización en el plano moral, referido por Joad, fue descrito por los Maestros teosóficos hace cincuenta años. Uno de ellos declaró en 1881: "El mundo entero, y en especial la cristiandad, demostraron ser un desastre, abandonados durante 2000 años al régimen de un Dios personal, así como a sus sistemas políticos y sociales fundamentados en esa idea (...). Enseñemos al pueblo que la vida en esta Tierra, incluso la más feliz, no es más que una carga e ilusión; que nuestro juez y la salvación en vidas futuras sólo se encuentran en el Karma, las causas que producen efectos, y la gran lucha por sobrevivir pronto perderá su intensidad".

Para la juventud asiática y especialmente de India, el artículo también insinúa que en vez de copiar los métodos cuestionables y fallidos de Occidente, desde Moscú hasta Hollywood, dejémosle mirar la sabiduría tradicional de Oriente, "despojada de los dogmas" acumulados a su alrededor. Damos la bienvenida a un escritor popular entre los jóvenes intelectuales de Gran Bretaña, y esperamos que el Aryan Path lo tenga entre sus colaboradores habituales.-Editores].

Es visible el malogro de creencias en el mundo occidental, y propongo darlo por sentado. Actualmente, está madurando una generación de hombres y mujeres para quienes la religión organizada carece de lógica, en el aspecto típico de la palabra. No suscriben sus dogmas respecto al gobierno supranormal del Universo, ni se esfuerzan seriamente por vivir la existencia que ordena. Su escepticismo es instintivo, pues no se trata sólo de que la mente occidental moderna rechace esta o aquella descripción del mundo esotérico, o atañente al propósito de la vida: niega la existencia de cualquier ámbito contrario al sensorial, y tampoco reconoce ningún objetivo más allá de los fines inmediatos de la vida cotidiana.

Resulta dolorosamente palmario que este mundo no es capaz de satisfacer nuestras aspiraciones, ni esta vida dotar de significado a la permanencia mundana. De ello se desprende que el occidental moderno tiende a ser cínico e indiferente, y al considerar la vida como una "aventura sin caminos" en medio del "Universo aleatorio", encuentra la razón de ser en procurarse gustos y apetitos. Donde todo es incierto, se abraza con lujuria la doctrina de "comamos y bebamos, pues mañana moriremos", a la vez concreta y definitiva. Siendo desconocido el futuro, es sensato aprovechar al máximo el presente que conocemos, y a un tiempo, nuestras consideraciones morales pierden su fuerza acostumbrada al verse desprovistas del respaldo sobrenatural. Creíamos que Dios se deleitaba con una buena persona, pero toda vez que la práctica virtuosa se identifica con "agradar al Altísimo", es difícil ignorar las respectivas consecuencias de su placer y disgusto. La mayoría de religiones se ocupa en magnificar estos corolarios con los tintes más vivos, haciendo muy complejo determinar en qué medida ese "comportamiento correcto" está guiado por el deseo de alcanzar la beatitud celestial y evitando el infierno perpetuo.

Es notorio que los premios divinos ya no atraen y los castigos infernales no disuaden con su fuerza prístina; los jóvenes se burlan francamente de ambos, y optan más o menos de forma unánime por las drogas y la libido, al no ver ninguna perspectiva de compensación espiritual en el otro mundo, por la moral que les ordena evitar esos caminos en éste.

El modo de vida, como secuela, resulta menos satisfactorio de lo esperado. La objeción a "vivir para el placer" es su carácter efímero; si lo repites, deja de ser placentero. El reparo a "poder hacer lo que deseas" es que pronto descubres que no hay nada que quieras concretar, por saturación de estímulos. De ahí el carácter "sin propósito ni sentido" en gran parte de la vida occidental moderna. Nos hemos rebelado con éxito contra todo tipo de gobierno y autoridad, pero sentimos desilusión con los frutos de esas revueltas. Hemos establecido que los dioses son ficciones, pero aún tenemos que aceptar las necesidades que crearon dichas quimeras.

En este callejón sin salida, ¿qué ayuda podemos obtener de la sabiduría tradicional de Oriente? Mucha, siempre que se deshaga de todos los dogmas pseudomísticos que pululan a su alrededor. Todas las religiones comparten la creencia de que el Universo es valioso, en un sentido fundamental y a pesar de todas las apariencias cambiantes, incluidos el mundo y la vida cotidianos. Inferimos entonces que éstos últimos no constituyen la única realidad; pueden, de hecho, ser simplemente máscaras o velos que ocultan un mundo subyacente. Además y practicando cierto tipo de vida, es factible quitarlos aunque sea oscuramente; en consecuencia, puede que valga la pena intentar vivir de ese modo ideal.

Y aquí, según entiendo, nos encontramos ante la verdad básica de todas las religiones orientales: para quienes viven en estado de agitación, son imposibles ciertos tipos de felicidad serena y durable, o los procesos intelectuales y creativos. Por esto, dichos credos insisten en el cultivo sistemático de la tranquilidad mental y la búsqueda consciente de estilos de vida específicos; en pocas palabras, establecen reglas para conseguir salud espiritual.

Al adoptarlas, obtenemos criterios de valor y normas con tal de ponderar nuestras actividades, un aspecto ausente del pensamiento occidental contemporáneo. Esa guía arroja luces en nuestras vidas al sugerir que sí importa cómo las vivimos, y no sólo para nosotros. Podemos equivocarnos dada la creencia de que algunos trabajos son "más valiosos que otros", pero sabremos que está mal y podríamos haber visto el problema desde otro ángulo. El plácito acerca del precio intrínseco en ciertas actividades surge directamente de la convicción sobre la valía fundamental del Universo, y a falta de ella, el mundo occidental carece del primero; de hecho, ya perdió el sentido de lo trascendente y se enorgullece por su capacidad para "obrar", sin discurrir si vale la pena. Su alardeada eficiencia puede describirse como "hacer mal las cosas de la manera correcta".

Ningún rasgo de la civilización occidental es más notable que el desajuste entre nuestra habilidad mecánica y sabiduría social, entre los poderes que adquirimos sobre la naturaleza y el uso que les otorgamos. La ciencia nos confirió potencias dignas del empíreo, y traemos a sus fines la mentalidad de los escolares. Pensemos en un mecánico al costado de un camino, reparando el carburador de su automóvil; se comporta cual superhombre debido al conocimiento complejo y su destreza práctica. Tiempo después, el mismo sujeto conduce a 200 kms./hora en un pequeño infierno de ruido, polvo y hedor, incapaz de recordar las normas de su país e impidiendo la apreciación de todos quienes se acercan a él, asumiendo ahora el rol de un idiota.

Docenas o cientos de genios talentosos se esforzaron para que existiera la radio. Lo lograron, y los chismes provenientes de divorcios mediáticos o zipizapes deportivos llegan al otro lado del mundo, mientras el éter vibra al son de músicas festivas. En tiempos bélicos, la medicina revela grandes pericias con tal de enmendar extremidades mutiladas, a la par con el agílibus de aquellos "estadistas" imbéciles que ordenan a la ciencia química hacer añicos a personas en el frente de batalla. En el conocimiento científico muchos son dioses, y monstruos pendencieros a nivel político o ético que juegan a parecer imbatibles.

¿Qué relación tiene la sabiduría de Oriente con todo eso? Consiste simplemente en recordar a Occidente que el conocimiento científico y su poder sobre la naturaleza carecen de valor ínsito, pues dependen por completo del uso que tengan. Sólo constituyen un beneficio si se destinan para promover una vida correcta; por lo tanto, primero es necesario definir qué implica una existencia ejemplar. Un filósofo oriental me decía: "Nos habéis enseñado a volar como pájaros y nadar en el océano a guisa de delfines, pero aún no sabéis cómo vivir en tierra".

Tomemos el caso de los medios de transporte. La aptitud de moverse rápidamente es una joya diamantina en la corona civilizatoria occidental; sin embargo, una de las razones para transitar de un paraje a otro es nuestra inconformidad de permanecer en algún sitio. Nos impulsa el rechazo hacia el lugar en que nos ubicamos, más que la atracción por lares desconocidos. Esto es particularmente cierto en el caso de estadounidenses acaudalados, quienes en constantes trajines parecen huir de "algo" que los acecha dondequiera que se encuentren. Esto proviene de un aburrimiento surgido de la incapacidad para distinguir qué cosas realmente valen la pena y esforzarse en conservarlas.

Consciente del peligro, Oriente predica la necesidad de forjar una mente tranquila, como demuestra el siguiente párrafo de un estudio taoísta: "Si alguien anhela demasiado, o trabaja al exceso y no descansa en buena hora, el producto será la enfermedad del tiempo (...). El primer paso en un candidato a la inmortalidad es mantener una vida pacífica y su organismo saludable, ya que mente y cuerpo no tienen defectos ni problemas inherentes".

En términos genéricos, diría que el occidental tiende a seguir insatisfecho a menos que tenga una razón positiva para ser feliz; un oriental, en la medida que sigue las enseñanzas de su religión, propende a la dicha excepto si advierte motivos que le hagan sentir desconsuelo. Entonces, la satisfacción es el principal regalo que Oriente puede ofrecernos, y sólo podrá justipreciarse por quienes han recuperado la convicción del valor fundamental de las cosas.

C.E.M. Joad
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