22 de septiembre de 2026

Misticismo islámico-persa

(The Aryan Path, marzo 1930).

[Margaret Smith (Máster en Humanidades, doctora en Filosofía y erudita islámica) está siendo reconocida como autoridad mundial. Su obra Rabi'a the Mystic and Her Fellow-Saints in Islam fue publicada por Cambridge University Press, y recientemente apareció su History of Mysticism del Cercano/Medio Oriente y Europa, desde la Antigüedad hasta el periodo moderno. Actualmente trabaja en un tercer libro, y conoce el Islam de primera mano ya que pasó una década en Egipto, Siria y otros países de la región.

Los sufíes fueron y son ocultistas, que emplean metáforas para esconder y revelar hechos de la vida del alma. Quienes estudian Teosofía Original reconocerán la Doctrina explicada en este hábil resumen.-Editores].

El misticismo islámico-persa, al igual que la variante mahometana en otros lugares, tuvo su origen en un ideal de vida que continuó siendo el objetivo de los sufíes, pero junto con ello brotaría en Persia una doctrina teosófica para entibar aquel modelo.

La tendencia mística del Islam nació en un contexto políticamente inestable, que afectó sobre todo a Persia, y de disensiones religiosas entre simpatizantes de múltiples escuelas filosóficas. A comienzos del período abasí, el auge racionalista y la expansión del materialismo -con su herencia de laxitud moral- llevaron a los seguidores más honestos del Profeta a buscar una vida religiosa verdadera, apartándose del escenario mundano. Estas almas devotas encontraron en el Corán y las enseñanzas del Islam ortodoxo un precepto de Unidad Divina y completa obediencia a la Voluntad de Dios, pero uno tan alejado de sus criaturas que imposibilitaba cualquier nexo recíproco.

Contra este ideal y rechazando la letra en favor del espíritu, un número creciente de personas deseaba una experiencia directa de Dios y un medio por el cual sus almas pudieran liberarse de ataduras físicas, ascendiendo hasta la morada del Todopoderoso. El místico persa tuvo ante sí el ejemplo del ermitaño cristiano que vivía en total desapego contemplativo del mundo, lo que le proporcionaría su meta ulterior. En el plano doctrinal, la tendencia innata de la mente persa hacia el monismo le llevó a acoger ideas neoplatónicas y asimilar "al-Haqq", la Verdad Creadora, el Ser Deífico de Plotino. Sin duda, el estrecho contacto entre India y Persia fue responsable de introducir en el misticismo elementos que hallaron su contraparte en prácticas y creencias budistas, como la noción de "fana", la desaparición de nuestra personalidad terrenal y el retorno del alma a Dios (no por aniquilación) en un estado de amalgama permanente. La doctrina persa del imán como representante de Dios también contribuyó al despliegue de la Teosofía sufí hacia un panteísmo integral que incluía la deificación.

El misticismo persa primitivo comportaba una ascesis quietista. Para estos primeros sufíes, lo más importante era el camino de vida purificador que los liberaría del ego con tal de llegar a Dios. Entre esos primeros personajes se encontraban Ibrahim Bin Adham, príncipe de Balkh († 777 d. de C.), quien se convirtió por una "voz celestial" mientras cazaba, y Rabi'aal-'Adawiyya, santa de Basora († 801 d. de C.) que enseñó aforismos de amor desinteresado en medio de visiones egregias. El escrito persa más antiguo acerca del sufismo es Kashf al-Mahjab ("Desvelamiento de lo Velado") por Ali al-Hujwiri, nacido en Ghazna, Jorasán († c. 1079 d. de C.). Nos cuenta que un consultante le pidió mostrar el "Camino" sufí y la naturaleza de sus "paradas" explicando ideas o alusiones místicas, revelase en qué consistía el Amor Divino, expusiera por qué la mente debe "permanecer velada" para comprender su esencia, y finalmente disertara sobre la práctica en relación con todo lo anterior. Parecería que en la época de al-Hujwiri existió gran interés popular hacia el sufismo, y no se trataba sólo de "individuos extraordinarios". A sus lectores dice que alguien puede desconocer lo Verdadero por su índole -en cuyo caso no hay esperanza-, o sólo mediante sus atributos; en esta última circunstancia, el velo se descorre como si limpiáramos un espejo sucio para ver con claridad. Este tratado, por ende, tuvo el objeto de "pulir corazones entristecidos por el manto de los atributos, pero donde vive la Esencia de Luz Real", y su prefacio señala:

"Alabado sea Dios, quien revela a sus santos los arcanos del Reino, confiere misterios de poder a los elegidos, derrama la sangre de amantes [psiquismo inferior] con la espada de gloria, y hace que los corazones de quienes le buscan experimenten la alegría de unirse con Él. Allah es quien resucita corazones muertos mediante la comprensión iluminadora de su eternidad y poder, y les infunde el espíritu revitalizador de la Gnosis al revelar sus Nombres".

Vemos así que el Kashf al-Mahjab tiene ese nombre pues toda la humanidad está impedida de conocer rasgos espirituales ocultos, excepto los santos y amigos elegidos del Altísimo. Hujwiri añade: “En verdad [el místico] es un sufí que deja atrás la impureza. El acendramiento es cualidad de los amantes de Dios, que son como soles sin sombra, pues el profano muere a sus atributos y habita en aquéllos de su Amado”. Toda persona que escapa de lo sensorial vive la Unidad Perfecta, habiéndose aniquilado respecto al mundo fenoménico y el de ultratumba.

Al-Ghazali († 1111 d. de C.) era persa de nacimiento y adquirió grandes acervos del misticismo islámico en Siria y Egipto. Compuso el texto Revivification of Religious Sciences para armonizar el sufismo con la ortodoxia del Islam, destacando el predominio de la experiencia: lo que está escondido al intelecto del sabio, el amigo de Dios lo conoce por intuición, y cuando la Verdad surge ante el Alma, se entrega por completo renunciando al mundo y toma el sendero de Allah.

Para estos autores, el sufismo era un modo práctico de vivir aquí y ahora, pero desde el siglo IX, otros inocularon la doctrina panteísta de que Dios es Uno y Todo, donde adquirió ribetes universales y manifestaciones análogas, resultando en la apoteosis del ego humano. Mar'uf Kharkhi († 815 d. de C.), uno de los primeros místicos persas, desarrolló la concepción de Dios o Realidad Última como Belleza Eterna, reflejada en el espejo del Universo. Con Bayazid de Bistam († 875 d. de C.) hay una completa embriaguez bajo la influencia del amor celestial (“Soy un mar insondable, sin principio ni fin: soy el trono mismo y la Palabra de Dios”), donde el panteísmo avanzó aún más hacia la deificación, que alcanzaría su clímax con Al-Hallaj († 922 d. de C., martirio en Bagdad), quien declaró ser "al-Haqq" o el propio Dios. Aseveró que la esencia del Todopoderoso es Amor; antes que existiera el tiempo, Él se amó en soledad, y deseando externalizar el sentimiento, proyectó una autoimagen en el ser humano. Por ello estamos hechos "a semejanza divina", y el vínculo reaparece a través de la purificación:

"Yo soy Aquél a quien adoro, y Aquél a quien amo soy yo,
siendo dos espíritus que habitan un mismo cuerpo.
Cuando me ves, también le has visto a Él,
y si logras contemplarlo, entonces me habrás contemplado".

Estas doctrinas tuvieron efectos trascendentales en la cultura y riqueza literaria de Persia desde el siglo XI en adelante, y casi no hay poeta que no haya hecho del misticismo su tema genérico. Pero el más grande, a buen seguro, fue Jalal al-Din Rumi († 1273 d. de C.), cuyo "Mathnawi" otorga una explicación completa de la metafísica persa. Al principio habla del buscador distanciado de su Fuente, anhelando regresar y sabiendo a imagen de Quién fue hecho: "Éramos una sustancia parecida al Sol: impecables y puros como el agua de montaña". Allah es dicho Sol de iluminación y en el hombre se ha velado, para que el Ser pueda mostrarse en el No-Ser, ya que nada puede mantenerse sino en su opuesto, Luz vs. Oscuridad, Existencia y no-existencia. ¿Cómo entonces el peregrino dejará el No-ser, engarzando plenamente con lo Sublime? Tiene que renunciar al "yo", muriendo a sí mismo y entregándose al Amor "hasta que contemple la esencia pura". Y advierte: "¡Oh, la vida de los amantes!, ¿qué es sino la muerte?/No hallarás su corazón, salvo perdiendo el tuyo".

Tal es la sabiduría del misticismo islámico-persa: Dios es un Ser Puro, la única Existencia Real, el Bien Absoluto, Belleza Perfecta en el espejo de la existencia, de modo que presenciamos Su Imagen en todo lo hermoso. El más brillante de estos espejos viene dentro del ser humano, quien mediante el camino de la Purificación y guiado por el Amor, reencuentra la Luz y se une otra vez con lo Inefable.

Margaret Smith
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