4 de septiembre de 2026

Renaciendo en primavera

(The Aryan Path, marzo 1930).

El presente equinoccio eleva a los reflexivos hasta el plano de los anhelos y esperanzas. Contemplarán posibilidades de una nueva vida: hábiles obras de manos expertas o brazos fuertes, creaciones mentales, y sobre todo, generosas y alegres muestras de bondad.

Desde tiempos inmemoriales, el alma humana lleva intrínseca la convicción de que la Madre Tierra está tan vinculada al cuerpo humano que se corresponde con su nacimiento, desarrollo y muerte. Los antiguos bardos y sabios instruían a las masas mediante festivales astronómicos; las celebraciones carnavalescas en Occidente, los Holi hindúes e incluso el Día de los Inocentes, no son sino distorsiones del solemne Rito de Primavera, dramatizado en Misterios de Grecia, Egipto e India. Pero varios poetas y otros autores han sido más fieles a los hechos que estos transmitían, y así, la gente contempla hoy el nacimiento primaveral con ternura y alegría. El antiguo recuerdo permanece cual imagen grabada en arcilla remota, y nos preguntamos al contemplar la Naturaleza en su esplendor, "¿qué Titán me ayudará a renovar mi vida creativa y manifestar la exuberancia del Espíritu?"

La primavera es emblema del segundo nacimiento. Una resolución tomada en silencio e intimidad durante el invierno marca la génesis de la vida del alma; se torna viva en el seno del esfuerzo, y el humano vuelve a nacer cuando su día activo de buen sacrificio dura tanto como su noche de contemplación.

Todos anhelamos ser dvyas o "nacidos dos veces". Las personas sinceras se proponen dejar atrás el pasado, sin temer al futuro; pero ¿de qué forma convertir este deseo en un logro real? Puede que incluso tengamos la voluntad, mas no sabemos qué dirección tomar, o tampoco nos sentimos seguros del comienzo, evocando la pregunta por Nicodemo "¿cómo puede alguien renacer?"

Hay numerosos datos dispersos sobre el nacimiento del alma en la tradición religiosa y cultural bajo forma de parábolas, mientras la poesía los transmite mediante insinuaciones místicas y metáforas. Sin embargo, existe la Filosofía Esotérica de los Antiguos, que enseña con detalle la verdad sobre aquella temática y el progreso espiritual hasta la madurez. Esta doctrina no es muy conocida, y tan pronto se enseña, es desvirtuada por creencias "religiosas" inservibles y la "educación" intelectual moderna.

Para nacer del Espíritu, debemos reconocernos pertenecientes a Ello: "En Cristo no hay hombres, mujeres, judíos, griegos, esclavos ni libres". El alma no proviene de los sentidos, la sangre ni el cerebro, sino del corazón. Algunos sostienen que debe restringirse lo sensorial; otros van más allá y coinciden en la necesidad de transformar nuestras pasiones; no obstante, en esta era intelectual, los pensamientos, ideas y opiniones favoritos se convierten en obstáculos. ¿Cuántos querrían despojar a la mente de su poder cuasi-creativo y entregarlo al corazón? Estamos tan absortos en el funcionamiento del cerebro que el núcleo cardíaco queda abandonado, y de esta guisa, la gélida mente usurpa el lugar del alma.

Para emerger del Espíritu, hay que liberar la mente de todos los conceptos adquiridos por herencia, influjos del entorno o dispensados por ciertos "maestros". Dicho de otra forma: desprendernos completamente de las propias actividades para escuchar la voz interna, o como exhorta aquel adagio: "Renuncia a tu vida si quieres vivir".

Al escuchar la verdad del segundo nacimiento, los individuos serios principian transitando el Camino. Con frecuencia se extravían al no reconocer que el progreso de toda alma se produce a través de etapas idénticas -pues no difieren las experiencias sublimes de los Grandes Instructores- y caminan en fila india, siguiendo los pasos del Predecesor. Una dicotomía llamativa es que los enfermos mentales repiten sus caprichos tercos e inconexos hasta el día que mueren, y los verdaderamente cuerdos (Cristos, Acharyas o Budas de la raza) proclaman iguales verdades en múltiples idiomas o formatos. Todos describen la lenta procesión del alma desde la Tierra al Cielo mediante fases precisas, ya sea en lenguaje de números, sonidos o colores, incluidas otras vías de expresión. Todo ser humano aprende a discernir cuestionando su voz interior, no aceptándola sin más, sino sometiéndola a un examen intrépido de lo que le llega desde dentro, a la luz del Eco Espiritual unificado de los Grandes Maestros.

La Naturaleza detesta el vacío, y nuestra mente se llena de energía en el momento que la purgamos de material inútil. Según sus tendencias pasadas, ella atraerá semejantes en lugares y momentos condignos. El alma debe intervenir y obrar como su guardián, azuzándole para buscar ideas referidas a todas las otras almas y que les afectan, sempiternas por doquier. Se descubrirá que tales criterios no son compartidos en aquellos círculos intelectuales negadores de lo místico a conveniencia, sino sólo existen entre los espiritualmente regenerados que bucean con afán en las Aguas de la Vida.

Los nacidos dos veces siguen trabajando como personas vivas, y gracias a ellas, no se ha perdido del todo el noble arte de la regeneración. Quienes controlan su mente y la fecundan con semillas de compasión juiciosa, mantienen viva la llama de ese Conocimiento a través de los siglos. Y todo quien aspire a dicha meta, tiene que desear la compañía que ofrece esta Ciencia Oculta.

"Es inútil buscar afuera. Ninguna sabiduría os alcanzará, salvo desde el pequeño loto del corazón. Ahora mismo lo estáis atando con ilusiones mentales, sin que pueda abrirse. Debéis romper ese nudo. Liberaos del error escolástico, haciendo de vuestras mentes una superficie plácida sobre la que el Señor Interno refleje panorámicas de la Verdad; sed como niños sin prejuicios, y alcanzaréis las alturas del saber. El único hecho que tengo para ofreceros es vosotros mismos" (Path, marzo 1888).
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