4 de septiembre de 2026

El bienvenido declive del vinagrismo "teologal"

(The Aryan Path, marzo 1930).

[J.D. Beresford analiza una convulsión religiosa en Gran Bretaña, que reportan igualmente observadores lúcidos de otros países. No sólo muchos anglicanos dejan de vivir la ética que impartió Jesús; lo mismo ocurre con católicos romanos, metodistas, bautistas y todas las demás sectas. En India, el Bhagavad Gita, las reglas de Manu y los preceptos védicos también son tergiversados para adaptarlos a fines personales. ¿Y dónde está el parsi que anhela ejemplarizar la filosofía de los Gathas o el Vendidad?

Hoy el mundo desecha gradualmente sacerdocios y religiones obsoletos. Si bien un gran número de fieles cristianos abandona el principio fundamental del sacrificio vicario, las masas indias -con ayuda de particulares sensatos- rompen eslabones de intolerancia religiosa, como por ejemplo en el movimiento contra la intocabilidad. Pero cabe preguntarse, ¿a dónde conduciría ese protestantismo, casi iconoclasta? ¿No existe acaso el peligro de la reacción natural que sin duda le seguirá? El materialismo burdo es consecuencia de siglos que impusieron fe ciega, a menos que la pérdida de viejos ideales sea reemplazada por otros inexpugnables, universales y construidos sobre rocas de verdades eternas, en lugar de las arenas movedizas de fantasías humanas. Veamos lo que pasa en Rusia con un número de individuos, que al abandonar la superstición pseudomística adoptan supercherías "científicas", hábitos de vida reprochables, un ateísmo degradante y escepticismo envilecedor. Los Códigos Atemporales enseñan todo lo que necesitamos para nuestra época, volviendo una y otra vez a lo que Beresford llama "la más antigua de todas las religiones".-Editores].

A comienzos del año pasado, el Daily Express publicó tres artículos míos consecutivos sobre religión. Los textos eran inusualmente largos para la editorial de un diario con gran tiraje, y no omitió asertos fundamentales, aunque el tono era completamente heterodoxo desde el parecer de las iglesias cristianas.

El primer dato interesante es que debería haber sido posible abordar con franqueza las creencias religiosas en un periódico como el Express, cuya tirada es levemente inferior al Daily Mail. Ello no demuestra tanto la venia del propietario y los editores en dichos temas, sino más bien su comprensión de que el asunto interesaría a sus lectores y sin ofenderlos. Además el comportamiento estaba justificado, ya que hubo una respuesta extraordinaria en forma de cartas, la mayoría destinadas al director- aunque personalmente recibí más de setenta-, de las cuales pocas contenían protestas indignadas. Una prueba aún más rigurosa fue que la venta constante del Daily Express mejoró en lugar de disminuir durante aquel periodo. La medra en sí pudo deberse a otras causas, pero no vimos caídas significativas en números, a pesar de que el periódico fue prohibido por sacerdotes católicos de la Isla Esmeralda durante esos tres días, y se devolvieron muchos ejemplares procedentes de Irlanda.

La siguiente conclusión importante refiere a la naturaleza de los mensajes que leí en respuesta a mi petición de establecer un "credo universal", que por cierto debería reemplazar a todas las sectas ortodoxas incluidas actualmente en la categoría de "cristianas". Sólo cinco de 75 eran de tono belicoso, y cuatro de estas fueron anónimas, con excepción de una compuesta por un católico romano. De las demás, aproximadamente el 60% planteaba preguntas sinceras o extendía felicitaciones cordiales. Muchas restantes provinieron de espiritistas (yo había condenado las canalizaciones de séances, pues se originan en personalidades efímeras de muertos que no tienen verdadero conocimiento sobre estados espirituales) (1), o de quienes practicaban alguna versión de mi credo. Finalmente, llegaron asimismo ciertas misivas solidarias de clérigos en la Iglesia de Inglaterra y cristianos profesantes.

Incluso si no existiera otro material que respaldase este diorama del sentimiento religioso en Inglaterra, la publicación de los artículos y el tipo de acogida muestran una ciudadanía deseosa de mística e insatisfecha con la doctrina general del cristianismo, tal como la predican y practican varias iglesias; por ello, deseo señalar con urgencia a los lectores del Aryan Path dónde y en qué reprueban esas instituciones (2).

[(1) Bien podríamos aprovechar el comentario entre paréntesis, y añadir que estrictamente hablando, el punto de vista es teosófico (Eds.)]

[(2) Decimos que las iglesias ya fracasan por todas partes, y más rápidamente en EE.UU. Su campanada de muerte sonó hace casi medio siglo, y la profecía teosófica se está cumpliendo (Eds.)].

El defecto más obvio es que todo sectarismo rígido exhibe cada vez mayores desvaríos. Previo a que surgiera la universalidad educativa y el libre comercio entre países, el canon de que la salvación era "recompensa exclusiva" de una sóla secta constituía la gran fuerza que mantenía unidos a sus seguidores. Este principio apeló al deseo de gloria personal, el punto feble por excelencia de la naturaleza humana. Los conversos a la nueva religión se alegraron en la creencia de que estaban "salvados", mientras la gente foránea permanecía "condenada". Como es de esperar, hubo individuos excepcionales con verdadero sentido religioso, y algunos eran tan fervientes, que en medio de arrebatos extáticos quemaban a infieles en hogueras (recordemos, verbigracia, a los protestantes o católicos romanos), pero ese aspecto de la pretensión exclusiva e intolerante del Paraíso se ha visto tan debilitado por la difusión del conocimiento que inevitablemente desaparecerá, aunque sólo sea por su idiotez palmaria.

El segundo problema deriva del anterior, y tiene un atractivo más fuerte para la congregación promedio: pensar que el camino virtuoso debe seguir el código prescrito por dogma de fe. Excluyendo el ritual, que abordaré pronto, estos cánones morales y prácticas como el bautismo han tenido efectos desastrosos al mantener relaciones sumamente hostiles o poco abiertas entre las diversas ramas del cristianismo. Aquí también encontramos una excusa para la "autosuficiencia moral", mas el esquema ético desarrollado a partir de siglos de mandatos sacerdotales se arraigó tanto en el carácter nacional inglés, que a menudo representa la mayor barrera para un acercamiento empático y comprensivo. Sin embargo, hoy la mayoría de hombres y mujeres críticos se percata de que una religión viva exige más que la práctica de observancias formales y virtudes negativas.

Bajo ese contexto, el ritual difícilmente puede tacharse de "punto flaco". La Iglesia de Inglaterra propende a consolidar su dominio apelando a la imaginación de los feligreses, mediante protocolos y ceremonias cada vez más elaborados. Una de sus secuelas ha sido la conversión entre algunos de ellos al catolicismo romano. Los ritualistas más progresivos, autodenominados anglocatólicos, modelan sus prácticas de forma tan similar a las de la Iglesia romana que los más devotos, y aun ciertos párrocos, se inclinan naturalmente a dar los pasos necesarios para aceptar la doctrina que les permitirá integrarse en la comunión católica.

Aunque temporalmente sacudido por modernistas, el catolicismo romano es ahora la más compacta de todas las religiones antiguas. Si aceptamos sus premisas, podemos abandonarnos a un cuerpo de creencias que proporciona una cosmología razonable, normativas morales completas y una escatología lo suficientemente flexible para dar esperanza incluso al más pecador de los fieles. Y mientras esta variante siga siendo estrictamente conservadora, atraerá más creyentes ingleses que se muestran dubitativos en su adhesión a los artículos de fe originales. Para la mente insensata, el catolicismo romano ofrece una vía de escape de todo desconcierto religioso y es la fuerza más potente de la reacción actual.

Pero donde el cristianismo realmente tropieza, y en cualquiera de sus formas dogmáticas, es en su dependencia del "sacrificio vicario". Como símbolo, nada podría ser más admirable (3). Es coherente con todo lo que sabemos de la verdad universal: Cristo hecho hombre es el tipo del espíritu que entra en lo físico, y con todos sus apetitos naturales e inercia característica, es lo que debe ser sacrificado, sometido y vencido, antes que podamos obtener la verdadera conciencia que lleva al conocimiento espiritual.

[(3) Beresford alude a otra enseñanza teosófica. Leemos en La Doctrina Secreta (2: 561-2): "La idea original del 'Hombre Crucificado' en el Espacio pertenece ciertamente a los antiguos hindúes, y Moor la señala con su Hindu Pantheon en el grabado que personifica a Wittoba. Platón la adoptó en su Cruz Decusada en el Espacio, 'el Segundo Dios que se imprimió en el Universo bajo forma de Cruz'. Krishna también aparece crucificado (...). Prometeo es otra víctima en la Cruz del Amor o roca de pasiones humanas, el sacrificio a su devoción por la causa del componente espiritual. Ahora bien, el sistema primigenio, el doble glifo que subyace a la idea de la Cruz, no es 'invento humano' porque en su base hallamos la ideación cósmica y la representación espiritual del Ego-Hombre divino. Posteriormente se expandió con la hermosa idea, adquirida y simbolizada en los Misterios, de la regeneración del candidato mortal, quien renace como sempiterno cuando vomita al hombre de carne y sus pasiones en el lecho de tortura de Procusto. Dejando el cuerpo y hombre-animal atado a la Cruz de Iniciación cual crisálida vacía, el Alma del Ego se liberta a modo de mariposa. Más tarde y con la pérdida dilatoria de espiritualidad, la Cruz devino un mero símbolo fálico en Cosmogonía y Antropología" (Eds.)].

Pero las iglesias anulan por completo este signo, liberando a los individuos de cualquier responsabilidad. A sus congregaciones les enseña a aceptar que Cristo fue "chivo expiatorio divino" y la fe en Él es suficiente con objeto de lograr bonanza eterna, un dogma sumamente perjudicial para el devoto al asegurar "salvación" con un mínimo de observancias religiosas, siempre y cuando se convenza de preservar su fe. Entre los anglocatólicos de Inglaterra, la asistencia a lo que llaman "misa" semeja representar el primer gran elemento esencial de la vida religiosa; como en muchos la creencia basta con el objeto de producir ilusiones de fe, la mayoría de cristianos confía serenamente en ello, y pocos intentan seguir la enseñanza ética de Jesús tal como se expone en el Nuevo Testamento.

Ahora bien, una de las señales más alentadoras del movimiento hacia una "nueva religión" (aunque en verdad sea la más antigua de todas) es que la respuesta a mis artículos del Express demuestra claramente que un gran número de hombres y mujeres, por debajo del nivel de "intelectualismo" clásico, está dispuesta a abandonar el principio del sacrificio vicario. Esto es importante, porque implica asumir responsabilidad personal: si cualquier iglesia cristiana acepta la intervención divina favorable como resultado de una simple declaratoria, se elimina todo estímulo honesto para el propio desarrollo. Por lo tanto, cualquier síntoma de disposición análoga es un indicio optimista sobre el verdadero espíritu religioso.

Desde mi postura, existen dos factores principales que inciden en la mentalidad de los ingleses. El primero es la ciencia, cuyo rápido progreso conjunto de astronomía y física molecular ha impactado a personas en todas las clases sociales. A la luz del conocimiento, nos resulta cada vez más difícil pensar que el Creador de este asombroso Universo no tenga interés en ninguna otra parcela, salvo en ese pequeño planeta de una estrella menor donde habita la humanidad. En efecto, esta es la enseñanza impartida en iglesias, mientras su doctrina se fundamenta en el asenso literal del relato bíblico sobre los motivos de la crucifixión.

El segundo indicador apunta al fracaso de la religión cristiana, tal como se practica, para elevar el nivel ético de sus miembros. Resulta obvio, por plantear un ejemplo, que la caridad definida por San Pablo no es rasgo exclusivo de congregaciones. Ciertamente vemos fanfarronerías de piedad en su sentido más circunscrito y derivado, pero el altruismo de espíritu o amor sencillo a toda la humanidad y sin ningún obstáculo, es prácticamente imposible entre fieles británicos de parroquias rurales o pueblos comunes. En consecuencia, el comentario que suelo oír de personas sencillas es "¿y para qué, si las iglesias no hacen mucho bien a la gente?". Es una afirmación primaria y generalmente frívola, pero expone la incómoda verdad.

Resumiendo, percibo grandes inquietudes místicas en Inglaterra. Algunos caen en un materialismo negligente tras dejar el vasto corpus teológico que casi oscurece por completo las palabras de Cristo; sin embargo, la mayoría busca otros caminos para expresar su religiosidad. La Ciencia Cristiana afirma contar con "números crecientes" de partidarios, y a medida que fomenta responsabilidad personal -aunque sólo sea para trastornos somáticos-, su influencia va en dirección opuesta, porque al verse tan llena de premisas falsas, no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir más de una o dos generaciones. Aparte de ello, tenemos innumerables y pequeñas sectas cuyos ideales se asemejan a los de la Teosofía, e imbuidas quizás de soberbia por autosuficiencia moral, prefieren segregarse en grupos independientes. Dicho panorama, como lo veo, se caracteriza principalmente por una mezcla de expectación e impaciencia, y con la llegada de un Nuevo Maestro capaz de despertar la imaginación de masas inertes, toda esa teología rancia se consumirá en un gran incendio de entusiasmo.

J.D. Beresford
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