"En el Nuevo Testamento bíblico se dice: 'Tanto amó Dios al mundo, que envió a su único Hijo para que todo aquél que crea en Él no se pierda'. Incluso Jesús señala: 'Vengan a mí todos los agobiados y cansados, y yo les haré descansar'.
Entiendo que en libros medulares como el Bhagavad-Gita y del rosacrucismo, lo anterior se refiere al chakra cardíaco, considerado centro espiritual del ser humano, y concentrar la mente allí otorga una gran sensación de paz espontánea. El problema es que en sociedad no se puede vivir al 100% según esa calma espiritual, y en ocasiones específicas hay que aplicar ciertos grados de violencia para defender principios éticos como justicia, dignidad, veracidad, etc. ¿Cómo reconciliar esta dicotomía ineludible?"
Respuesta del Editor: Gracias por su interesante consulta. Usted conecta diversas tradiciones místicas, llegando al núcleo de un problema ético y existencial que ha preocupado a filósofos durante milenios. La aparente "contradicción" no es tal, pese al bombardeo del individualismo/colectivismo tiránicos, vinagres e "incuestionables" en muchos movimientos "finolis"; más bien, tenemos una paradoja que se resuelve a nivel profundo.
01. ¿Qué significa "vivir desde el corazón"?
a) No es pasividad. La paz del chakra cardíaco (el "descanso" que ofrece Jesús) no es un estado de evasión apática ante el mundo. No significa ser un "limpiapiés" sobre el que todos pueden pasar. Por el contrario, es un centro de poder, claridad y estabilidad. Es un ancla que permite actuar sin ser arrastrados por tormentas de odio postizo, miedo, ira injusta o egos buscasensaciones.
b) Una persona que actúa desde el enojo o pánico artificiales comete errores, es reactiva/paranoica y su juicio está nublado. Cuando se centra en la paz interior, puede obrar con fuerza inmensa, justa y precisa. En este sentido estricto, la calma no es "debilidad", pues constituye el prerrequisito para la acción verdaderamente poderosa y efectiva.
02. La lección que muestra el Bhagavad-Gita
a) El príncipe Arjuna se encuentra en un campo de batalla, a punto de luchar una guerra justa por el Dharma (orden y justicia cósmicos) contra sus propios parientes y maestros (1). Su corazón se llena de angustia y se niega a combatir, argumentando que "la violencia es siempre un mal" y prefiere la paz.
[(1) Muchos lectores preferirán creer que el Gita describe únicamente un conflicto interior del ser humano, pero eso implica contemplar sólo una parte del problema, si rememoramos la advertencia por William Judge de que "todos somos agentes kármicos" (N.del T.)].
b) Krishna (manifestación divina) no le dice "oh sí, tienes razón Arjuna, mejor siéntate a meditar y deja que el mal triunfe". Enseña que su deber es pelear, pero la clave está en cómo hacerlo:
-Sin apego al resultado: no combatir movidos por rencores arbitrarios hacia el enemigo, ni tampoco persiguiendo honores o fama, sino por la sola defensa del Dharma (en esto las "logias" de "teósofos" Unida e Independiente fallan por completo, promocionando idearios asesinos y personajes delincuenciales).
-Desde el centro de paz interior: mantener ecuanimidad y conexión con lo Divino, incluso en medio de la batalla más feroz. Lucas Estrella lo resume así en El Oráculo del Guerrero: "Sea lo que sea que estés haciendo, no pierdas nunca de vista el delgadísimo hilo rojo de tu conciencia".
Entonces, Krishna insta a que seamos soldados espirituales, realizando acciones drásticas, necesarias, correctas y proporcionales frente al avance diabólico de la podredumbre humana, mientras nos anclamos a dicho centro de conciencia. Un verdadero teósofo denuncia SIEMPRE cualquier clase de abuso, venga de donde venga y evitando distinciones imbéciles o mediáticas.
03. El ejemplo del Nazareno
Si bien Jesús encarna el arquetipo occidental de amor y perdón, no fue nunca un hombre pasivo. La Biblia no le describe siendo violento contra sus semejantes, pero sí representó una fuerza disruptiva y confrontacional en pos de la verdad y lo digno. El contexto más claro es cuando destruye puestos de mercaderes en el Templo (independiente del desglose esotérico o literal). Este no es el acto de alguien en un estado de calma indiferente, sino una muestra de "ira santa" o pasión por la justicia. Proviene de un profundo amor por la "casa de su Padre", y la defensa del lugar contra la corrupción y sus estructuras inicuas.
Seguramente usted recordará aquéllo de "vengo a traer la espada, no la paz". Esta frase controvertida no promueve agresividad física per se, y refiere a que la verdad espiritual inevitablemente crea divisiones, poniéndola en conflicto con organizaciones vomitivas, y ello necesita entrenar una fuerza y valentía muy ajenas de la mera pasividad.
04. ¿Cómo aunar estos aspectos?
Pensemos en un cirujano que realiza actos violentos, y a veces sin anestesia: corta la carne, quiebra huesos, extrae órganos u otros elementos, etc.; sin embargo, no lo hace por odio antojadizo al paciente, sino desde un lugar de compasión racional y con el único motivo de sanar. Para hacerlo bien, el médico necesita calma, pulso firme y mente clara, además de un quirófano relativamente incómodo con baja temperatura (saludos a los neoeristas y teosofastros de salón que se ven muy arrellanados en sus privilegios inmerecidos). Si el cirujano estuviera temblando de ira o animadversión, mataría al enfermo.
De tal guisa, la solución no es "elegir" entre calma espiritual y acción justa, porque la verdadera maestría consiste en integrar ambas. La luz del corazón no conoce bobadas derechistas, izquierdistas ni anarcas: da claridad para saber cuándo obrar, valentía con tal de hacerlo sin miedo, y compasión sensata al objeto de asegurar que nuestro proceder, por muy duro o agresivo que sea, está siempre orientado a restaurar el Orden Divino y Natural, nunca a destruir por destruir. Esta es la diferencia abismática entre un policía que ampara inocentes y un matón que pelea por su orgullo. La violencia externa puede ser similar, pero su energía y la consecuencia kármica son opuestas.
Aquila in Terris
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