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3 de septiembre de 2026

Tres tipos de lectura

(The Aryan Path, febrero 1930).

[T. Chitnavis es un pedagogo nato, además de observador silencioso y atento de cómo se educa a los jóvenes y se autoenseñan los adultos. También estudia Teosofía de manera entusiasta, y conoce muchas partes del mundo. En ambos campos se autoenergiza y practica consigo mismo, antes de sugerir cursos de acción a otros. Con cierta dificultad se le ha convencido de escribir, y esperamos que repita sus autorías casuales.-Editores].

Los diversos significados que el Webster's Dictionary otorga al verbo "leer" insinúan que la lectura puede comportar varias clases, desde el mero acto de repasar caracteres en voz alta o de forma inaudible, hasta la cualidad de poseer pleno conocimiento y comprensión del tema que se trate. Una persona sabe leer cuando reconoce y convierte a sonidos las letras del alfabeto; otros individuos leen la vida cuando observan y captan sus manifestaciones variopintas -al menos en cierto nivel-, y un sujeto culto exhibe rasgos de erudición. Por lo tanto, es evidente que las múltiples formas de lectura están conectadas con y atañen a diferentes principios de la constitución humana, y deben aportarles alimento o veneno. Como ilustración de lo anterior, en este artículo describiremos tres modos de lectura.

01) La idea casi omnipresente y sobre todo en el "Occidente lujurioso, egoísta, brutal y amante del dinero" -según lo describió William Judge-, es leer con ayuda de la vista y el cerebro, lo más rápidamente posible, para descubrir de qué se trata algún tópico y rememorar el contenido. Nuestra materia gris recopila hechos e imágenes, mas durante el proceso no hay acción-pensamiento reales; en el mejor de los casos, las emociones se conmueven o avientan, y lo que puede semejar "pensamiento" no es más que cerebración mecánica. De hecho, aquí podríamos estar de acuerdo con el materialista respecto a que el pensamiento es "producto del cerebro". Para nosotros, esto nunca constituye reflexión verdadera, pues valoramos otras instancias donde el principio energético es independiente del cerebro y simplemente lo utiliza como instrumento, cual escritor que emplea su lápiz o máquina.

Para aclarar nuestro punto, consideremos las "tareas de lectura" extraescolares, en establecimientos secundarios norteamericanos. Allí, en casi todas las ramas -y principalmente literatura e historia-, los estudiantes reciben listas de libros y componen informes o resúmenes de cada uno. Los profesores vigilan que aquéllos lean todas las obras en cada trimestre, animándolos a "devorar" la mayor cantidad en menor tiempo. No criticamos el motivo principal del método, ya que su objeto es acercar la juventud a los autores clásicos con miras a inculcar gusto y apreciación por la buena literatura. Sin embargo, si esto se cumple entre lectores natos que disfrutan cultivando amistad con los libros, y en menor medida para educandos obedientes y honestos, resulta peor que inútil a propósito de jóvenes mentalmente flojos o pasivos. Los alumnos leen tan rápido como pueden, saltándose en ocasiones párrafos densos que exigen esfuerzo considerable -abordando descripciones, análisis, ideas abstractas, etc.-, y se detienen de vez en cuando para anotar frases y extractos, copiando tantas palabras como sea necesario a efectos de crear la reseña. Los maestros, por su parte, se ven desbordados con trabajos y los revisan superficialmente, sintiéndose "satisfechos" al ver que los chicos entregan sus tareas. Se suele premiar a quienes leen más, pero sin saber cuánto conocimiento retuvieron o asimilaron. ¡Es muy digno de elogio que terminen la cantidad necesaria de libros para cada asignatura!

Un método parecido se suele encontrar en círculos literarios y sociales, al objeto de "mantenernos al día" con publicaciones modernas, cuyo número siempre aumenta. Como nuestras vidas están repletas de actividades y obligaciones, resulta imposible digerir la literatura, y lo único que conseguimos es fortalecer la manía para deambular de un asunto a otro. Lejos de aprender el arte de fijar la mente en un tema hasta dominarlo, pasamos cambiando de libros cuales mariposas en viaje incesante.

Para las personas promedio, "educación" y "cultura" significan recopilar hechos, nombres o cifras, y la familiaridad cerebral con conocimientos objetivos o concretos; ende, se auspicia sólo lectura mecánica, un proceso material que amplía "saberes" muchas veces inútiles o propensos al olvido.

02) La lectura intelectual es muy distinta, pues requiere emplear la mente, superior al instrumento o vehículo cerebral. Es el esfuerzo deliberado para conectar con el tema, es decir, las ideas escondidas en palabras impresas, y almacenar conocimiento abstracto. Mientras el tipo 01 ensancha el saber material sin refinar nuestra mente, lo que ahora describimos propicia la concentración y agudeza psicológica, haciéndonos más atentos al incrementar su actividad directa.

En primer lugar es necesario leer lenta y cuidadosamente, no sólo utilizando la vista física que transmite palabras al encéfalo como impresiones externas, sino mediante brío intelectual para transformar esos signos en pensamientos e ideas, que luego alcanzarán nuestro principio pensante; y después, detenerse con frecuencia estableciendo el significado de lo leído. La lectura mental implica comprender ideas, y esto es posible sólo despejando la mente de todo pensamiento o idea extraños. En el proceso mecánico (n° 01), donde el cerebro absorbe palabras, la mente puede estar ocupada con problemas ajenos, y semejante desconexión produce incapacidad de comprender textos. Si analizamos los pensamientos que alejan nuestro enfoque de las palabras impresas, descubrimos que se adhieren a cosas donde ponemos nuestros deseos; así, es fundamental desapegarnos de sentimientos foráneos con tal de liberar a la razón. ¿Quién no ha experimentado parálisis mental por estar deprimido o exaltado con emociones previas? A no ser que dicha revuelta interior se calme, es imposible que nuestra mente se vincule con las de otros autores y capte sus pensamientos.

También se desarrolla aquí un factor moral: el control sobre nuestros gustos y aversiones. Cuanto más puro y tranquilo sea el nivel emocional, mejor centraremos el intelecto en el proceder de lectura.

03) La modalidad espiritual o dinámica necesita un esfuerzo todavía mayor. No sólo debemos comprender las expresiones de autores, sino además ponderar sus ideas discerniendo lo verdadero/falso, o práctico/infructífero para nuestra naturaleza mística; aquí tenemos la acción del Alma misma, en sincronía con sus instrumentos que son mente y cerebro. La lectura bosquejada en el punto 02 enriquece la mente, pero a menos que se intente absorber lo comprendido, este alimento no puede integrarse en la estructura del Ser Interno, ni agudizar su percepción ética. El Alma "apunta" lo que recopila la mente, especifica su utilidad e incorpora esto a su acervo intemporal. Hay que reflexionar seria y deliberadamente en el contenido, y el lector aprende a tomar pausas indagando sobre el valor de pensamientos e ideas. Después, lo que el Alma acepta debe ser memorizado.

Esto jamás involucra "recordar palabras del autor", sino retener el verdadero quid de sus cogitaciones, plantándolo en nuestro jardín interior con tal de que arraigue y crezca. Toda reflexión verdadera es una simiente que puede adornar con la belleza y fragancia de sus flores los rincones oscuros y estériles que llevamos dentro. No basta con "aceptar" o "rechazar" tras discurrir en un tema, incluso luego de una evaluación espiritual; lo que decidimos integrar debe desarrollarse aún más a través de nuestros empeños. Así, pensamientos e ideas pasan a ser energías dinámicas que dan fuerza y poder al Alma, irradiando luz en el ojo mental y la piedad del centro cardíaco.

Cultivemos entonces la lectura espiritual, y aprendamos a vigorizar las ideas que transmiten los libros, forjándolas en el bastión del Alma para convertirles en frutos provechosos, sean individuales o colectivos. Si hemos de aminorar nuestra constante prisa, recordemos a un Maestro: "El conocimiento para la mente -como los alimentos corporales- está destinado a nutrir y ayudar al crecimiento, pero requiere una buena digestión, y cuanto más completa y consciente, mejor será para el cuerpo e intelecto".

T. Chitnavis
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