[B.M. es un asiático que vive en nuestra era según los métodos de su tierra originaria, y nos sentimos afortunados de obtener algunos informes sobre sus conversaciones con amigos íntimos. El Bhagavad-Gita es la obra que ha dominado a través de largos años de estudio y meditación, pero además sus escritos exhalan una fragancia curiosa, habiendo vivido de acuerdo con sus pautas y de modo más exitoso de lo que es posible normalmente. Los documentos fueron traducidos del idioma vernáculo, y debe entenderse que no son traducciones literales, por cuanto el transcriptor se adhiere más a ideas y principios que palabras. Aunque B.M. conoce el inglés, su inspiración se ve obstaculizada al emplear ese medio, por lo que prefiere no usarlo, e igualmente creemos que nuestros lectores encontrarán verdadero aflato en esta serie.-Editores].
"He aquí, oh hijo de Pritha, mis formas por cientos y miles, de diversos tipos divinos, bajo muchas formas y maneras" (Bhagavad-Gita, XI, 5).
Mediante el estudio y la búsqueda se puede conocer la verdad sobre todas las cosas y su Fuente Original. La ignorancia y confusión generales en torno a la Naturaleza Divina se deben fundamentalmente a la etiqueta prejuiciosa de "incognoscible", lo cual es antagónico a las enseñanzas por sabios, videntes y profetas reales como Krishna, Rama, Gotama, Tsong-Kha-Pa, Jesús, Zarathushtra, Lao Tzu y Pitágoras, quienes indicaron la vía hacia el conocimiento de lo Altísimo. Quizá no logremos tanto éxito sólo en esta vida, pero sí somos capaces de aprender algo, practicar y obtener en algún nivel los frutos de ese ejercicio.
Casi todas las religiones han sido corrompidas, y el gran concepto de un Principio Eterno, Ilimitado, Omnipresente e Inmutable se transformó en creencias ilógicas y absurdas sobre un "Dios personal" y "fuera de Su Universo". Hoy sería casi utópico erradicar dicha blasfemia; es imposible para la intuición aceptar -y asentir mediante nuestra razón- el dogma de la creencia en ese tipo de Dios al margen de su Obra, concebida bajo algún propósito misterioso y que nunca se descubrirá. Todo individuo pensante ha eliminado esa superchería infantil, pues sabe que la religión es un tema de creencia y debería ser motivo de análisis, búsqueda valiente y preguntas intrépidas.
Todas las religiones apuntan a que la Divinidad se halla en todos los lados y objetos. La idea de omnipresencia está relacionada con el espacio, y por lo tanto podemos decir que éste es otro nombre para la Deidad. También los credos señalan que el interior de Su Seno emana cosas, fuerzas y seres, pero éste es atributo de la Vida. Las formas bióticas están hechas de ella, y a buen seguro nombraremos a la Deidad como Vida, el Espacio Vivo conocido y por conocer que emerge a guisa de criterio inicial.
Esto nos lleva a los aspectos duales del Concepto Único: Espacio/Vida, Materia/Espíritu o Cuerpo/Alma, siendo ellos facetas de la Realidad Divina y Única. Su incomprensión genera los cuadros defectuosos de Dios y Satanás, Ormazd y Ahriman, pero la enseñanza correcta es que bien y mal no son más que ideas complementarias del Uno; así, Espíritu y Materia son una pareja como Spento y Angro Mainyu entre los parsis, ambos pertenecientes al único Ahura Mazda (Yasna, XLV-2).
No obstante, hay un tercer factor que consideraron todas las filosofías perennes: la inteligencia de Espíritu y Materia, Spento/Angro, Dios/Satanás. La Vida en el Espacio, Spento operando con Angro, o Satanás en lucha contra Dios, todo ello implica la dinámica de una Mente, y otra vez, esto se manipula en el dogma carnalizado y antropomorfo de la Trinidad o Trimurti, tres "personas" o "dioses individuales" a los que rendir tributos y súplicas.
Vida, Espacio e Inteligencia son tres aspectos de la Deidad omnipresente y siempre activa; ergo, la Naturaleza no engloba nada que no posea semejantes principios. Las cosas "muertas" se encuentran vivas, no existe espacio vacío, y por ende alguna forma de inteligencia trabaja incesantemente en todas partes. Entonces, ¿cómo aplicar esas ideas metafísicas de modo práctico?
Si lo Divino está por doquier, también se manifiesta como Vida, Espacio e Inteligencia en el reino humano. Lo que llamamos Espíritu, Alma y Cuerpo corresponden a Vida, Inteligencia y Espacio/Materia. La mente es el vínculo entre nuestros espíritus individuales y sentidos corpóreos, los órganos y el cerebro. La mentalidad se expande a medida que nos permite progresar en autoconciencia, y el raciocinio conciente de sí mismo es el Alma interior en cada persona. Se está desarrollando todo el tiempo, y la mayoría de humanos ni siquiera sabe que sus almas crecen de manera silenciosa. Es un cambio estupendo percibir claramente que el desenvolvimiento del Alma constituye el verdadero objetivo de la vida, no conseguir riqueza, ganancia o fama inmerecidos, ni el ejercicio del poder o amor sin madurez. La meta es aprender de nuestra naturaleza espiritual, mental y física para encontrar caminos de avance intencional y consolidado en los tres, según dicte la Ley Kármica.
Descubrimos por estudio, meditación y sacrificio [autocontrol] que cada uno de nosotros es una Deidad, el misterioso Señor Krishna. Aquel "Padre Nuestro que estás en los cielos" de la plegaria cristiana es en realidad nuestra Alma, con la cual y a semejanza de Jesús nos daremos cuenta de nuestra Unidad al vivir según ejemplificó el Nazareno. Como Shiva, todo humano ejecutará la Danza de la Vida cuando sus pasiones y lujurias se consuman en el Fuego del Conocimiento, simbolizado por el lugar en llamas donde se sitúa dicho dios.
Lo que nos conducirá a un nuevo Universo es el nexo correcto con el plano sublime, que se encuentra en el santuario del corazón. Busquemos lo Divino en el prójimo, percibiendo Su funcionamiento en los reinos de la Naturaleza, y obtendremos la Visión de Arjuna quien contemplaba a la Deidad cual Universo, el Cuerpo de Vida oculto, consciente y fulguroso en que todo vive, se mueve y tiene su Ser... incluidos nosotros, los mortales torpes.
B.M.
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