A diferencia del escepticismo genuino -que analiza con rigor y cultiva una mente crítica pero abierta ante la evidencia, por muy menor o indirecta que sea-, el pseudoescepticismo actúa cual vendaje autoimpuesto. Es la incredulidad llevada a un extremo tal que se convierte en dogmas científicos inversos. Quien lo defiende no busca la verdad, sino proteger su cariz narcisista, rechazando de plano cualquier anomalía, dato o prueba verdaderos por el simple hecho de que desafían el paradigma establecido.
Cuando la disonancia cognitiva se vuelve más importante que la investigación, corremos el riesgo de morir de sed frente al manantial de nuevos descubrimientos, atrapados en la ilusión de que lo inexplicable simplemente "no tiene derecho a existir".
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(Un viento caliente arrastra arena sobre un páramo árido. Un viajero camina fatigado, con los labios secos. Frente a él, a pocos pasos, la sombra de un frondoso palmar bordea una vertiente de agua cristalina).
Viajero (frotándose los ojos, desconfiado): No, esto no es real... Es el reflejo de la luz sobre arena caliente... un simple truco de refracción. Mi mente débil me está jugando una mala pasada...
(El sujeto avanza mecánicamente hasta desplomarse justo al borde del agua. El sonido del arroyo es claro y las sombras del follaje lo cubren).
Viajero (temblando): Impresionante lo que puede fabricar la histeria... La deshidratación extrema estimula los sentidos de forma desmedida. Escucho líquido, huelo vegetación, pero... sé perfectamente que las leyes de la física hacen imposible este hallazgo. Es mi propia fiebre... que intenta darme un consuelo ilusorio antes del fin. Debo mantener la coherencia y no ceder ante fantasías irracionales...
(Horas más tarde, dos comerciantes del desierto detienen sus camellos junto al oasis).
Comerciante 1 (inclinándose sobre el cuerpo inmóvil del viajero): Mira esto... Qué tragedia tan absurda.
Comerciante 2 (examinando el lugar): No lo comprendo en absoluto. Tiene frutas al alcance de la mano, y una vertiente a sus pies. ¿Cómo es posible que alguien fallezca por sed e inanición, precisamente aquí?
Comerciante 1 (mirando el rostro del hombre): Fácil. Su razón era inflexible y prefirió validar sus dudas, antes que asimilar lo que sus ojos le mostraban.
[Adaptación en diálogo inspirada en una alegoría árabe sobre el exceso de duda racional, recogida por el parapsicólogo chileno Andrés Barros Pérez-Cotapos (1928-2010) en Naturaleza de lo Sobrenatural].
Aquila in Terris
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